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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / La romera maldita

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En una reserva natural, muy lejos entre montañas de sabaneta en el sur de Medellín, existe una finca con muchas hectáreas de naturaleza.
Un grupo de amigos acuerdan ir de parche acampar a ese lugar. Cato, porras, Juanjo, champú, mariano y pantalán, compran provisiones y lo que nunca puede faltar, la garrafa de ron.
Todo está listo, maletines y la cámara de video encendida y comienzan su recorrido.
Es muy temprano y la fría niebla los acompaña en su parlamento de recocha, inundando con risas la paz por ese largo camino.
En un punto del recorrido bajan unas cascadas montaña abajo. Los parceros deciden ir cascada arriba en medio del agua que esta demasiada fría, contrarrestando el apabullante frio con múltiples tragos de ron.
El sol comienza a salir, pero los grandes árboles no le dan cabida a los rayos del sol. Los chicos toman un atajo entre la maleza hasta encontrarse con un sendero que los llevaría a la romera maldita.
Los chicos se encuentran agitados de la caminada tan extensa y empinada. El descanso es inevitable, y sentados mirando su valle las rondas de ron, y el brindis por la gran vista es un lujo.
El humo explota en risas extravagantes, de repente se ve una mujer de espaldas con un bikini ceda dental, y parece que en la parte de arriba no lleva puesto nada.
Cato: ¡muchachos miren esa mujer tan buena! Y que con vestido de baño en esta selva, pero que nalgas tan elegantes ¡alcancémosla que debe estar perdida!
Los chicos apuran el paso para alcanzarla y verle los senos, pero después de una curva del sendero hay una recta muy larga, y estando allí no ven la mujer por ningún lado.
Cato: ¡he! ¿Qué se haría esa degenerada, donde estará haciendo de las suyas?
Los chicos continúan por el sendero y llegan a una casa, los recibe un señor muy formal de nombre albeiro Restrepo y su señora salome de Restrepo, muy atentos y formales les indican donde pueden campar, y les ofrecen comida gratis.
Los chicos arman su campin y vuelven a la casa a dar las gracias, pero no encuentran a nadie en la casa, solo cuadros de albeiro Restrepo y salome de Restrepo y la fecha de la muerte; los chicos quedan asombrados y asustados, corren fuera de la casa hacia el campin, y se comentan entre ellos que los viejos que los recibieron están muertos.
Juanjo: ¡yo no creo eso! Debe ser una broma de algún desocupado.
Esa situación la toman como una broma, y todo es relajo en medio de los tragos y el humo espeso e intenso con buena música.
Champu sale a orinar y ve aquella mujer de espaldas caminando, champu la sigue. No dice nada porqué la quiere para él solo.
Champu se encuentra lejos del campin y la mujer metida en aquel lago de espaldas lo calienta, y motivado se arroja al lago, pero ya no está.
Champu: ¡que mierda es esto! ¿Dónde está?
El chico ya se encuentra asustado y quiere volver al campin, pero una mano esquelética emerge, y tomándolo del cuello lo lleva al fondo, luchando por su vida es ahogado lentamente.
Los chicos se preguntan ¿Dónde está champu?
Mariano: ¡está tramando! Quiere asustarnos
Al amanecer salen de su carpa, y están rodeados de animales desollados colgados en los arboles. No lo piensan dos veces, recogen lo que pueden con sus manos y se marchan apurados.
Ya la caminata es realmente agitada, y se encuentran de nuevo con la mujer de trasero monumental. No les importa, solo quieren irse; y mientras se marchan siguen mirando esa mujer que en el momento menos esperado voltea su rostro hacia ellos.
Es una calavera, y cuando voltea del todo es mitad esqueleto y se dirige hacia los chicos. Los jóvenes corren despavoridos, sin ningún rumbo donde puedan alejarse del terror.
Mariano tropieza con una roca y pierde la cámara de video, después cae a un precipicio.
Arriban a un cementerio, y hay una doble tumba con la cruz invertida y tiene escrito los nombres de albeiro Restrepo y salome de Restrepo. Los chicos se detienen a mirar detenidamente y no lo pueden creer, están muy asustados para pensar acertadamente.
Desde debajo de la montaña se acerca una niebla negra, y el viento sopla en contra de ella, los chicos no se explican como sigue avanzando la niebla nagra hacia ellos, pero no se quedan averiguar porque.
Se van por otro lado y en un momento extraño aparecen de nuevo detrás de la casa, la niebla negra ya los rodea. Se meten dentro de la casa para protegerse del frio.
La casa es más tenebrosa, las puertas se cierran y se abren solas, las ventanas se quiebran y entra la niebla negra. Los chicos se encierran en un cuarto y miran alrededor y están en la cocina.
La mujer agarra a pantalán del cuello, pero logra escapar arrojándose por una ventana, y corriendo entre la maleza se pierde de vista de sus amigos.
De repente unos gritos de dolor escalofriantes sin cesar inundan los oídos de los jóvenes que en medio de su miedo, saben que son los gritos de pantalán.
La noche los alcanzo dentro de la casa, ruidos, gemidos, y cosas moviéndose solas durante toda la noche, olores nauseabundos los persigue sin medida.
Esa noche fue demasiada larga para los muchachos, sabiendo que esos espantos no respetan si es de noche o de día. La angustia los seguirá consumiendo hasta volverlo locos.
Los muchachos salen de la finca a paso rápido, y encuentran colgando de un árbol muy alto al joven pantalán. Esta colgando de sus manos con el estomago abierto y sin ninguno de sus órganos internos.
Juanjo: ¿Quién haría esto? Como lograrían subirlo hasta ese punto, deberíamos irnos de aquí ya, y cuando estemos abajo le informamos a la policía.
Cato: ¡muchachos miren lo que hay en los otros árboles!
Porras: ¡hay guevon! son los órganos de pantalán, ¡vámonos, vámonos!
Los órganos estaban colgando en muchos árboles en forma de cruz invertida. Los chicos corren y las risas malignas de las brujas encima de los arboles los acobardan sin misericordia, arrojándoles orina y excremento de humanos, provocando que se extravíen en el camino.
Los chicos caminan en círculos y de nuevo están cerca de la casa. La mujer maldita reaparece llevándose a Juanjo arrastrado, cato y porras se echan a correr alejan docén el uno del otro sin darse cuenta.
Juanjo es degolladlo, y mientras agoniza la mujer se come sus riñones.
Cuando la mente sugestionada de miedo da oportunidad de pensar, porras y cato miran a su alrededor, y sedan cuenta de que están solos. Las brujas esperan ese momento para llevárselos, sacrificarlos y ofrecerlos a la maldad.
Cada uno corre con voluntad propia de sobrevivir, es inútil. Las brujas los condenan al sacrificio.
Los chicos llevan varios días desaparecidos, y a sus familias esa situación los indigna y buscan ayuda en la policía.
Son enviados dos agentes investigadores B.R.D. búsqueda y recate de desaparecidos.
Solo uno de los agentes vuelve con una cámara de video que encontró en medio de unas rocas. El investigador fue internado en un hospital siquiátrico, y días después se suicido.
“Cuento vasado en lo que se observa en la cámara de video”
j.c.n-junio-3-2009

Texto agregado el 24-04-2010, y leído por 132 visitantes. (0 votos)


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