Guerreros de Fuego.
Cita:
"Esperanzado avancé, ciego, casi mudo y sin oír... salté y nunca más pude volver."
Con parsimonioso caminar marché hacia el trono del desafío, y asentado frente al Guerrero de los Ríos de Fuego, quedé pasmado ante la sublimidad de su habilidad ; nervioso, traté vanamente de atinar en esa arena improvisada alguna mirada de piedad, pero todos los ojos desdeñaban una cruel e insaciable sed de espectáculo.
Me ofreció preludiar la contienda, sin embargo mis piernas trepidaban y el gaznate procuraba infructuosamente de negar tal cordialidad, pues el miedo embadurnaba mi alma con su negra brea de temor . Como un Cristo camino al Gólgota, la multitud se empecinaba en cargar leña al fuego y con total indiscreción, demostraban su apatía ante mi sentir. El beligerante insistió con altanera mueca y mis pupilas, enrojecidas a esta altura, buscaron el arma de combate para principiar la búsqueda de una épica hazaña.
Al asirla entre mis manos, cavilé, pero los gritos ingresando por el pabellón de mis oídos, fluyendo directo a mi cerebro, me lanzaron a hacerlo, cerré los ojos, tragué saliva, respire hondo y comencé...
Los ojos nublaron y espasmódica tos arreció mi garganta, que quemaba como si por ella corrieran mil caballos y sus herraduras rasparan mi esófago, costaba respirar y el estomago daba rienda suelta a sus fluidos, trate de enderezarme y observé al frente, el Guerrero de Fuego inició su contraataque, lo vi avanzar, decidido y valiente, sin piedad y empacado en vencer, fustigó con violencia y... sucedió lo imprevisto hasta por los dioses ; el Guerrero de Fuego, antaño campeón gladiador de las cuevas nocturnas, caminante de luchas infernales, que duraban hasta bien entrado el amanecer, cayó inmóvil ante mí.
El gentío no daba crédito a lo que veían, el guerrero había fracasado en este combate, ante un gladiador sin arenas pisadas, un soldado solitario, sin mando y patria ; sin esperarlo, los salvajes que me rodeaban comenzaron su bramido frenético y alborotado, que pedían que concluya el trabajo que había iniciado el caído frente a mí, tomé entre mis manos la botella que contenía el litro de ardoroso tequila , y la horda al chillido de ¡fondo blanco, fondo blanco... ! me aventó hacia el camino de los Guerreros de Fuego.
NOTA : Esta cosa que escribí se lo dedico a los Guerreros de Fuego por excelencia, Take, Emma, Fabau, Señores de las Botellas Abandonadas, Pancito, Gran Maestre de los Tragos Prohibidos, Conito ,Caminante del Alcohol, Chikito, Mandu, y Coco, Lugartenientes de la Orden del Vino Tinto, y por supuesto, al trío de asoladores de kioscos y cantinas, mis hermanos Manuel, Pancho y Andy, Duques De las Damas Juanas. |