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Inicio / Cuenteros Locales / qomeryann / Paca

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CORI PACA – ¡Yaw! Mi amor, que bueno que llegaste. ¿Me puedes ayudar a guardar los borregos?

GUACARA – Claro que sí. ¿Cómo te fue el pastoreo?

CORI PACA – Fue una tarde encantadora. Encontré el camino que me enseñó la ancianita. ¿Te acuerdas?

GUACARA – Si, me gusta mucho cuando me lo recuerdas. ¿Me lo puedes contar otra vez por favor?

(Cori Paca lleva una túnica larga ceñida a la cintura con un chumpi rojo. Su anaco negro está bordado con un huayco de flores y pájaros. Guacara usa un uncu de color café con repetición de olas beige. La pareja se sienta en un banco de madera cerca de una arboleda)

CORI PACA – Bueno, cuando huí del pueblo no sabía como alcanzarte. Me perdí en los pastizales y me crucé con la ancianita. Nunca la había visto antes, pero me pareció muy buena persona. Me miró un rato en los ojos. Luego me preguntó porque una princesa como yo iba a abandonar su palacio.

GUACARA – ¿Cómo supo que tu padre iba a mandarte al palacio de las ñustas?

CORI PACA – Me querían casar con este sinchi Cápac Yupanqui. Creo que todo el valle del wankamayu estaba enterado.

(El valle del wankamayu se encuentra en Perú, en los andes centrales. Cerca del año 1450, el rey inca Pachacutec había encargado su hermano Cápac Yupanqui de la conquista de esta región de wanka y de otros territorios)

GUACARA – ¿Y que hacía la ancianita en los pastizales?

CORI PACA – No sé. Me sentía tan agotada que se me olvidó preguntarle. Le conté que buscaba al pastor a quien amaba. Ella veía que no me sabía el camino. Entonces, me dio una quena y me pidió que la tocara. Le dije que no sabía usarla, pero me salió una melodía muy bonita. Luego, me explicó que la música servía de guía. Y que con ella íbamos a encontrar tu lugar.

GUACARA – ¿Cómo era la música?

(Una melodía emotiva surge de la arboleda. Los ojos de Cori Paca se inclinan hacia arriba)

CORI PACA – Nunca había oído algo tan bonito. Parecía cómo si embrujaba las aves que venían a acompañarnos. Le daba fuerzas nuevas a la ancianita. Así encontró el camino, apoyándose en su bastón.

GUACARA – ¿De qué hablaron en el camino?

CORI PACA – Me dijo que estaba triste. El relajo moral de la gente la preocupaba mucho.

GUACARA – Sabes, la situación se está volviendo peor en todo el valle. Varios caciques sin escrúpulos enloquecen a la gente con fiestas.

CORI PACA – ¡Qué vergüenza! Parece que el vicio llegó con los Incas. Cómo se le ocurrió a mi padre prometerme a este...

GUACARA – Pues, hablando de tu padre... Si supieras todo lo que está haciendo ahora. Él también se puso a organizar banquetes.

CORI PACA – ¡Ayayaw!

GUACARA – Lo lamento mucho, mi amor.

CORI PACA – Bueno, no te preocupes. ¿No estamos a gusto aquí en los eriales?

(Un ancianito aparece. Lleva puesto un uncu de lana muy usado, medio sucio y de color oscuro. Se acerca de la pareja)

EL ANCIANO – ¡Yaw! ¿No tendrán comida para mí? Tengo mucho que caminar y se me están acabando las fuerzas.

CORI PACA – Pásele señor, está bienvenido en nuestra casa. Tenemos carne de oveja y un poco de leche.

EL ANCIANO – Muchas gracias, hija mía. Eres muy buena.

(El ancianito toma leche y empieza a comer)

CORI PACA – ¡Achalaw! ¡Que bonito bastón tiene! Sus piedras preciosas brillan como la luna llena.

EL ANCIANO – Hija mía, tu corazón sabe apreciar las cosas lindas. Te voy a revelar un secreto. Este es un bastón mágico.

GUACARA – ¿Qué tiene de especial?

EL ANCIANO – Miren, yo voy caminando hacia el cerro Ch’uru que está por allá. Fíjense bien. ¿No ven en las alturas una enorme tinya?

GUACARA – Sí, la veo. ¿Que está haciendo allá?

EL ANCIANO – Escuchen bien lo que les voy a decir. Cuando llegue en el cerro Ch’uru, tocaré la tinya con mi bastón mágico. Tienen que huir hacia donde nace el sol. No den vuelta cuando oigan la tinya. Porque si lo hacen serán castigados.

(El ancianito termina de comer. Se va caminando. Cori Paca y Guacara lo miran en silencio)

CORI PACA – ¡Qué casualidad!

GUACARA – ¿De qué hablas?

CORI PACA – Te dije que la ancianita tenía un bastón. Creo que estaba igual que el de este hombre.

GUACARA – Este anciano me pareció muy raro.

CORI PACA – ¿Será el espíritu de la montaña? ¿El Apu?

GUACARA – Quién sabe...

(El bastón está bailando encima de la tinya. Una música caótica resuena entre las paredes. El agua empieza a salir de la tinya)

CORI PACA – ¿Qué está pasando?

GUACARA – Creo que es la tinya.

CORI PACA – ¡Mira! Hay chorros de agua bajando del cerro.

GUACARA – Creo que estamos perdidos. ¡Ayayaw !

(El agua sale de la tinya sin parar. Está empezando a inundar el aula)

CAROLINA – Señoras y señores, el dios Viracocha reprimió la decadencia de los wankas inundando todo el pueblo. También convirtió en piedra a los dos amantes, para que nada los separe. Así nació la leyenda de la laguna de...

CORI PACA / CAMILA – ¡Tía, tengo los pies mojados!

CAROLINA – Voy, Camila. Luisito, cierra la llave por favor.

EL ANCIANO / LUISITO – Voy, señora.

(Carolina se levanta. Hoy anda súper bien a la tela. Su minifalda zigzaguea entre las mesas, mientras se dirige hacia el pizarrón)

CAROLINA – ¡Ay, Camila!. Déjame quitarte los zapatos. Ojala se sequen rápido en el pasillo.

(Carolina se arrodilla. Lleva puesto un calzoncito muy apretado. El lunar resplandece en su nalga izquierda. Catorce días ¡Atchis! Catorce días sin funar el lunar)

EL ANCIANO / LUISITO – Señora, el agua sale por aquí. Está rota la montaña.

(La montaña mide casi dos metros de altura. La hicieron en papier mâché y pusieron una tina escondida abajo para recolectar las aguas. La manguera desemboca adentro de la tinya. ¡Ay, chibolos! Rompieron el papier para fijarla. Bueno, se arreglará fácilmente)

CAROLINA – Bueno, tenemos pocos días para componer todo antes de la kermés. Camila, no andes descalza en el agua. Siéntate en esta silla, por favor. Tu tío ya está revisando la montaña.

(Catorce días sin Carolina. ¡Atchis! Catorce días sin funar el lunar.
Jironear al azar, lorear sin parar, chinear plaza Bolívar, entrar al pianobar, probar el calamar, gozar el paladar, disfrutar del lugar, regresar al hogar y funar el lunar.
Ofrecer una flor, placer el olor, agradecer el favor, beber un licor, reconocer el sabor, tener mucho humor, querer con ardor, sustraer con temblor - suéter, prenda interior - verter el sudor, relamer su cor y ¡Atchis!
Carolina se acerca y habla en voz muy baja)


CAROLINA – ¡Ay, amor!...

(En sus ojos, el cuidado de dos angelitos.
En sus ojos, un corazón que no convertirá en piedra ningún dios)


CAROLINA – ¿No puedes dejar un rato de estornudar y de mirarme así? Yo también te extrañé. Acércate, dame un besito.

(En sus ojos, renazco)

Texto agregado el 09-07-2004, y leído por 567 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2004-07-26 21:05:55 Me recordó algunos mitos peruanos, pero tu los renuevas de buena forma, buen texto. musquy
 
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