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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / El mar de los 7 colores

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Es de noche y un hombre va perdido en un bosque de arboles muy gruesos y altos, parece desconcertado, toca los arboles para sentir si son reales y la niebla arriba, pisadas extrañas se sienten al quebrarse las pequeñas ramas que yacen en el suelo. El hombre comienza a desesperarse porque por más que intente moverse no lo logra, confundido mira hacia los lados, la niebla limita mucho la vista, la silueta de una persona se ve entre la niebla iluminado por la esplendorosa luz de luna, lo que parece una sombra comienza a cercarse lentamente hasta cierta parte, el rostro sigue oculto tras la niebla, tiene un vestido que parece ser de color azul con corazones, extraño porque se ve perfecto, se nota que es una niña.
El hombre se pregunta qué hace una niña a estas alturas de la noche sin dejar de mirarla detenidamente, la niña levanta su mano invitando aquel hombre a que la siga, el hombre comienza a caminar sin ningún problema y ganando confianza camina más rápido hacia donde la niña que estando su cuerpo inmóvil se mueve muy rápido, de repente el alba comienza a nacer, el hombre busca la niña dirigiendo su mirada hacia todos los lados pero no la haya por ninguna parte, mira el sol y se da cuenta de que ya no está extraviado y sugestionado despierta. Su almohada esta mojada a causa del constante sudor, se siente extraño en su propia casa y siente que no hubiera dormido ni un segundo en toda la noche, ya es normal tratar de conciliar el sueño y no encontrarlo, así toda la noche se la pasa volteando en su cama de un lado para otro como un naufrago sin poder halar una isla donde arribar con la tranquilidad.
El hombre se llama suntencio, tiene treinta y un años, mide uno setenta y nueve metros, piel trigueña y ojos zarcos, vive con sus padres y una hermana, el tipo es un escritor de cuentos, un maniaco para la escritura la cual lo hacen sentir y palpitar su corazón de roca, el deporte es otra cosa que no puede dejar, su cuerpo lo pide, no puede quedarse quieto, tiene que gastar la energía excesiva que siente en su cuerpo, el desvelo no lo abruma y él cree que el destino se ha propuesto hacerlo fracasar con cada paso que quiere dar hacia adelante, siempre cae pero no duda en ponerse en pie en medio de nubarrones que al momento desfogan eternas gotas de lluvia donde quedaron atrapadas las risas del cuentero.
Suntencio sufre de un trastorno que el ignora hasta esos momentos, el es el del problema, no entiende su vida porque quiere y al día siguiente ya no le interesa nadie a su alrededor, sus cambios en su estado de ánimo lo devastan esperando que lo entiendan y que lo auxilien, un gran error en su búsqueda de interminables estudios en bibliotecas cibernéticas y de calle buscando respuestas que necesita hallar, tal vez para saber que no se debe esperar nada de nadie y aceptarse tal y cual es su forma de ser por mas difícil que sea, de pronto hallara un nuevo aire teniéndose a si mismo e intentando de entender a las demás personas que lo rondan.
Un día suntencio escribía uno de sus cuentos a los que acostumbra viendo televisión y escuchando música a la vez, así se enfoca más en su ferviente escritura, de pronto comenzaron las noticias del medio día y la hermosa y elocuente periodista dice en noticia de último minuto: a ocurrido un accidente de un avión en una ciudad costera, al parecer nadie pereció y ha dejado el saldo de varias personas heridas ¡fue un milagro, dice la gente! al ver el avión en la forma en que se observo.

Entre los heridos hubo una niña que fue remetida de urgencias a un hospital en estado crítico, sus padres sufren y no la desamparan. Suntencio piensa en ese hecho por un momento y continúa escribiendo sin parar.
La media luna se ve entre las nubes hermosa en esa noche fresca, se acuesta en su cama a mirar la luna por su ventana esperando encontrar el sueño después de haber subido una montaña y después haberla bajado para poder llegar cansado y dormir su cuerpo un poco, de pronto se ve de nuevo en el mismo bosque, pero los árboles están rodeando a suntencio, este en el centro busca una salida pero no lo logra, el hombre nota algo muy raro, son unas pequeñas manos que salen desde la tierra haciendo un hoyo, es la misma niña del sueño anterior, por más que intenta enfocar su rostro no puede pero la reconoce por su vestido, la niña vuelve y lo guía para que escape de allí, un frio envuelve a suntencio haciendo que este se despierte sobresaltado con su cobija en el suelo, duerme un par de horas después se la pasa en vela de nuevo mirando para el techo pensando en que escribir para el día siguiente, por suerte siempre tiene algo para escribir en medio de su rotunda quiebra y un espacio, tiempo nocivo para la paz interior que irradian a su alrededor, no deja de enfocar su mente a lo que quiere y no se deja de soñar aunque no se pueda dormir bien.
Suntencio ve las noticias un sábado y se entera quela niña del accidente del avión falleció, lo que estaba escribiendo lo dejo para después, se levanta de su silla furibundo preguntándose porque una niña que la esperaba un gran futuro ha muerto. ¿Cuál milagro? Se preguntaba el hombre mientras salía a caminar para disiparse pero la niña continua en sus pensamientos, ya que de nuevo la noche arribo quiere disponerse adormir hasta el otro día.
La noche es fría y las gotas de la lluvia golpean el techo de su casa y atento escucha el sonido uniéndose mil ideas a su cabeza, más de la mitad se pierden si no hay un papel, un lapicero cerca para anotar sobre lo que desea crear. El sueño lo alcanzo y sin más ni menos despertó muy sugestionado, con sus manos temblorosas que incontrolables con su respiración agitada mejor se sienta en su cama y se soba la cabeza con sus manos varias veces. De su cabeza no sale la noticia de la niña, le dan muchas ansias encontrar el mar de los siete colores donde la niña quería ir, no entiende porque razón tiene que hacerlo pero no hay ni un pero por parte del escritor, solo una espera de terminar unos escritos atrasados y estará listo para buscar el mar de los siete colores, ¿pero dónde buscar? ¿Cómo buscar? ¿Cómo viajar si sus bolsillos carecen de dinero? pensaba suntencio.
Comenzó a buscar por internet, wikipedía fue una de las mejores guías para comenzar a buscar el mar de los siete colores. El calor es insoportable y como siempre sin previo aviso el aguacero se desata, este tiene una moneda de cincuenta centavos colombianos, por un lado la cara del libertador simón bolívar y por la otra cara de la moneda el escudo de Colombia la cual pone a girar con sus dedos hasta que esta queda parada, se asombra el cuentero y siente que tocan a la puerta, ha llegada un tiquete de avión para viajar a una ciudad costera.
Suntencio continua con la estrategia de no tratar de entender nada, solo actuar con los pálpitos de piedra que dentro de su pecho siente, solo tomo un cuaderno tres lapiceros y una muda de ropa y viajo al destino del tiquete, cuando bajo de el avión una persona de cabello blanco al igual que su barba lo abordo, como no es conocido le hizo caso omiso y continuo su camino pero este lo toma por el hombro y dice: mi nombre es pabril y soy un guía ¡escúchame! Después puedes decidir lo que tu queras, es que no tengo mucho tiempo etanobran me asecha, escape del solo para decirte que lo parece brillar puede que te lleve más lejos delo que buscas.
Pabril en un abrir y cerrar de ojos desaparee de la vista el cuentero que solo sintió un intenso frio por varios segundos, piensa que el mundo está lleno de locos aunque le caiga a él también, de todas maneras no le importa. Suntencio mira el mar como se mueve imponente con una brisa que sofoca y desespera, abordo una lancha y sin más no le cobraron el pasaje y este cayado sigue el rumbo de la noche.
El maniobrista de la lancha se nota temeroso, el clima cambio en un instante volviéndose el mar muy agresivo, el maniobrista quiere devolverse pero suntencio intenta persuadirlo para que continúe navegando hasta que una ola casi voltea la lancha, el tipo cree que allí hallara el mar de los siete colores, pero en vez de comenzar a ver los colores todo continua empeorando, desea arrojarse al mar, introduce su cuaderno dentro de una bolsa plástica y se arroja al agua desesperado, siente ahogarse hasta que es halado por el maniobrista de la lancha el cual lo lleva de vuelta a la playa que titilando de frio suntencio sintió casi ahogarse, ese momento le inspiro a escribir y deseando agradecerle al maniobrista de la lancha que no se encuentra a la vista por ningún lado.
Las personas allí lo miran asombrados, este también los mira y de pronto unas hullas comienzan a parecer en la playa y no duda en seguirlas, llegan hasta una palmera y caen tres cocos antes de poder tocarlo, toma uno de los cocos y lo golpea contras una piedra pero este es demasiado pesado y parece de hierro macizo, se le viene una idea a la cabeza, toma su lapicero y dibuja el coco en el cuaderno y este en un instante comienza a resquebrajarse, el liquido comienza a brillar muy tenue y con sed no vacila en tomarlo, de inmediato comienza a sentirse somnoliento y los parpados se ponen pesados hasta que queda dormido, de repente es despertado por unas manos tan frías que despierta en el mismo sueño. Suenan mil acordes de guitarra, se levanta de donde está y mira por una ventana que hay allí, lo que ve es un horizonte árido, los buitres vuelan al rededor, es caluroso y funesto por su apariencia pensaba suntencio, de pronto es sorprendido cuando un buitre se arroja bruscamente con tras los cristales de la ventana provocando que el hombre despierte en la playa rodeado de cangrejos, la sed agobia, vuelve y dibuja otro coco para poder tomar su agua dulce, mira a su alrededor y sin rumbo se sienta y recuerda, borra todas las circunstancias adversas escribiendo hasta que un niño se acerca riendo, lleva un morral morado, camisa roja y unas bermudas hawaiana, cabello corto y piel blanca, el cuentero vive un dejavu en ese preciso momento y dice: ¿niño tus padres donde están?

— ¡güey no tengo padres!
Dijo muy tranquilo el niño.

— ¿eres mexicano? Estoy hablando en serio, aléjate de mi escuincle y busca a tus padres irresponsables.
Sin dejar de escribir suntencio dijo muy inconforme y déspota.

—pos claro que soy mexicano y la neta es que vengo para donde usted.
Saltando alrededor terminaba cantando una canción infantil.

— ¿Qué? No me gustan las bromas de este tipo y de ninguna.
Intrigado suntencio desea que el niño se aleje del.

Suntencio trata de ignorarlo y se aleja caminando pero, el niño arremeda sus pasos. El tipo se acerca a unos agentes de policía a informar lo del niño.

— ¡no digas nada a los polis! Que naco eres.
Dijo el niño haciendo pucheros.

Los policías desfogan risas desmedidas, lo creen un completo loco, no ven a nadie más que a él con un cuaderno en su asila. Los policías sin dejar de reír lo llevan a la inspección de policía para encerarlo en un calabozo para que calme su locura.
No paran de reír del cuentero y sin bastarle con eso lo mojan casi toda la noche con un abuso de autoridad insolente. A las tres y treinta y tres la guardia se quedo dormida y su celda se abrió como por arte de magia y así mismo salió. Después de unas horas se sorprendieron los agentes de policía al ver la celda vacía.
Suntencio se encontró de nuevo con el niño quien lo esperaba afuera sentado en una cera del frente en medio de una suave brisa con su mochila al lado, el hombre no lo puede creer que el niño continúe allí, no irá más contra la corriente del destino verídico, se va caminando con el niño al lado, este de pues de unos metros toma de la mano a suntencio quien solo lo aferra con la suya, pensaba que pronto un auto lo podía atropellar y extrañado comienza a charlar con el niño y se da cuenta que es del mundo de los desconocidos. Dicen que ese sitio queda después de la montaña embrujada que parece un cuerno.
De repente rogodigan un malvado que irrumpe en letanías de embrujos tenebrosos para apoderarse de la paz y la alegría de las personas. El viejo aliano que se convirtió en una estela de luz, desde la época de antaño forjo aquel mundo maravilloso y fantástico, el mar de los siete colores, antes de que se apoderara de ese mundo rogodigan con su rostro que es una nube negra, hace brillar sus ojos diabólicos, es bastante alto y poderoso. las premoniciones le dan la certeza de la ayuda que debería prestar al desconocido hombre.
El dogma de aliano es creer en su gente y las premoniciones le dan la certeza de la ayuda que debería prestar al desconocido hombre, por esa razón el niño fue enviado para ayudarlo a llegar a su destino, pero ahora el niño no tiene como regresar a su querido mundo, el niño sabia que solo podría ir y jamás regresar por sí solo, aun así accedió.

¡Eso no puede ser posible! Pensaba suntencio, contra la espada y la pared decidió llevarlo consigo en la búsqueda del mar de los siete colores, después lo llevara a su mundo.
De pronto el niño para de caminar y saca de su mochila un tiquete aéreo pero este no lo llevara en un avión, suntencio se mete el cuaderno por su cintura dentro de los pantalones, sus células se desvanecerán y aparecerán de nuevo como si nada le hubiera ocurrido a su cuerpo. Este aparece en el baño del aeropuerto de la ciudad extranjera destinada, en ese preciso momento entraron unos guardias de seguridad urgidos de una necesidad fisiológica y se topan con el cuentero, cuando escucharon su hablado lo trataron de narco traficante, sin más ni menos los polis primermundistas impostores de gratos rocíos de luz, pero no le importaba, solo mira hacia todos los lados muy imperativo buscando al niño y después fue esposado, tomaron su cuaderno y comenzaron a rasgar la hojas buscando cocaína dentro de ellas ante la mirada fija de suntencio.
La situación estando tensa, los guardias terminan de destruir su cuaderno ya por gusto, es maltratado verbal y sicológicamente, se han enterado que no tiene pasaporte y no está registrado en ningún vuelo de aerolínea comercial. El hombre es letal pólvora para estallar en mil pedazos con sus hermosas placas que serán carcomidos por eloxido.los guardias mientras se burlaban del les comenzó a dar comezón donde tiene sus placas, llevan a un cuarto a suntencio y lo dejan solo, allí desaparece y aparece en una larga autopista aferrando su lapicero con su mano izquierda, mira hacia los cielos y todo lleno de nubarrones pronostica cinco minutos para arribar el gua lluvia a donde se encuentra con el niño, continuaron caminando sin soltar de su mano suntencio al niño bajo la inclemente lluvia.

— ¡no maches güey! Ya estoy muy cansado.
Dijo el niño mientras se sentaba en plena carretera con sus ojeras visibles.


Cada vez mas aprende suntecio de las personas, no sabía que las de ese mundo también se cansaban, así que se sientan en una roca, el niño se recuesta en el hombro del tipo mientras las gotas de lluvia no cesan deslizándose por sus rostros hasta que se queda dormido el niño.
Suntencio desfoga lágrimas, se encuentra cansado a causa de toda esa odisea, su estomago ruge de hambre y ya en carretera no transita ningún automóvil para pedir un aventón por lo menos, la desolación entre las curvas y rectas es total, el niño continua durmiendo pero suntencio lo lleva en brazos, este exhala quejidos profundos, el hambre del niño también lo siente el tipo en su corazón.
Arribo la noche y le dio la mano a la madrugada, el alba casi no se deja ver y la lluvia no ha cesado, el niño despierta, ya ninguno de los dos siente hambre, el hombre irradia un aura mental que controla el hambre y constantemente le da energía a su cuerpo para continuar el camino que parece que no tuviera fin.
Suntencio se acuerda de que todo no es lo que parece y el final de la carretera se sintió, un bosque tupido de maleza espesa con puntiagudas espinas que cortan la piel e inyectan una mortal dosis de veneno para el cuerpo humano está a sus vistas.
El niño notándosele ojeras que dejan ver su cansancio abre de nuevo su morral y saca una pequeña nube que cabe en su mano y la arroja contra la maleza, un fuerte tornado se desata abriendo un cómodo camino pero enfangado, así el caminar se torna más pesado pero como siempre se enfoca hacia el frente.
De pronto el niño dice: ¿¡oye güey!? Estoy muy cansado y no soy capaz de continuar con el camino.
Una paradoja para suntencio, ayudar al niño y seguir mirando al frente y dejarlo atrás. De su bolsillo el cuentero saca un trozos de cuaderno que le destruyeron y guardo en su bolsillo, se los arroja al niño, este comienza convertirse en letras que se plasman en los trozos de hoja que vuelven y se unen como si nada, su cuaderno vuelve a estar intacto. Suntencio ya puede caminar más constante entre serpientes que imponentes quieren atacar pero temen y huyen despavoridas cuando sin más este se encuentra con pastora, una señora de cinco décadas cuidadora de un árbol de guayacán real que forma un arco.
A pastora la sociedad la margino, parece ser un alma de Dios, pero no dejara pasar al cuentero si no se le da un dulce, este no lo puede creer, coge su cuaderno de nuevo y deja con su pulgar deje correr las hojas muy rápido para que un olor a chocolate salga de allí, pastora sonríe porque ya se ha enterado que anda con el niño, la esperanza de su mundo. Pastora levanta su mano y chasquea sus dedos y un tapete rojo aparece delante del para que camine por allí, pastora se despide y las letras del cuaderno salen levitando haciendo un espiral hasta llegar al suelo apareciendo el niño de nuevo.
Después de pasar por el arco de guayacán real y de recorrer el tapete se encuentra con dos caminos al frente suntencio. El de la derecha lleva a un luciente mar que brilla, perece ser lo que es, el de la izquierda no se ve nada a la vista y resulta escogiendo este último con un feroz sol que lo debilita en unos minutos, el niño tiene que ser halado y no deja de llorar, le duelen sus pequeños pies, con su chaqueta y en medio de dos rocas, dos serpientes que cazo les sirven como amarras, se quita su camisa para que le sombra proteja al niño del inclemente sol, este continua su camino sin parar buscando el mar de los siete colores, su corazón le dice que esta hay, pero solo hay un inmenso suelo completamente árido, sin saber que hacer arroja con mucha fuerza su cuaderno a una pequeño montículo de rocas, las hojas cuadriculadas del cuaderno se desprenden y aquel montículo comienza abrirse como un portan; un gran chorro de agua amarilla sale de allí, a sus espaldas del otro extremo del desierto sale agua azul, a su izquierda sale agua de mar color rojo, a su derecha el agua es color naranja, en el cielo aparece una nube que deja caer agua verde y morada, y sin previo aviso desde las mismas profundidades germina agua blanca.
Sutencio vuelve al sitio donde se encuentra el niño pero ya no está allí, solo esta su morral mágico. Es monumental el mar de los siete colores, en medio del sol sofocante ve de nuevo el vestido de la niña y continua sin poder ver su rostro.
El montículo de piedra volvió hacer arena, rogodigan fue expulsado por el mar de los siete colores para que el mundo que había allí vuelva hacer como era antes.
Sutencio no quiere partir de aquel hermoso lugar preocupado por el niño, nunca supo su nombre, el tipo nunca lo quiso preguntar, a lo lejos se observa cogido de la mano con pastora, volea su otra mano despidiéndose. El morral es un obsequio para suntencio, lo repara un instante por dentro, este está lleno de cuadernos y lapiceros, una sonrisa se expresa pero hay algo más dentro del moral, es una esfera, pero no se ve nada en ella, la arroja al mar por que si y esta se quiebra, un destello arriba a los ojos del cuentero, las gotas de lluvia cayeron desde el cielo invadiéndolo de alegría de nuevo.
Suntencio volvió a su morada, abrazo a su padres y hermana, come algo liviano y cansado se cuelga el morral a las espaldas, se encaminara con rumbo donde habita una princesita para compartir mil secretos que contiene ese morral.
Por fin suntencio volvió a dormir bien, pero solo duro tres noches, es hora de volver a escribir, de sentir un elixir que nunca acaba, bendiciendo la gloriosa escritura que le da vida cada día.


j.c.n-8-abril-2011

Texto agregado el 07-07-2011, y leído por 160 visitantes. (0 votos)


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