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Inicio / Cuenteros Locales / zorin / LAS GOLONDRINAS

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Era una de esas mañanas que con sus resplandores dorados anuncian el otoño, aquí en la casa de campo ubicado en mi querido pueblo Matucana, el sol daba de lleno en los cristales y por la ventana medio abierta penetraba el aire matutino cargado de perfumes campestres, la luz al cernerse a través de las cortinas lanzaba blancos y preciosos reflejos.

Me asome a la ventana y a lo lejos flotaba una ligera bruma, que el viento desplazaba acá y aculla con sus soplidos, quede asombrado de la pureza del cielo y contemple una golondrina, que iba y venía velozmente por el aire muy animada, luego apareció otra y parecían charlar sobre sus viajes, la más linda y nuevecita describía curvas con gritos de alegría, ascendiendo y descendiendo alternativamente, volvió a pasar cerca de la otra y parece que le decía buenos días hermanita golondrina, la avecilla dio una vuelta y regreso a pasar cerca de ella piando suavemente, como si quisiese oír de nuevo las caricias de aquella voz, en las oscilaciones de su vuelo se poso en la rama de un árbol de eucalipto que se encuentra cerca de la casa, y como en un sueño volví a escuchar la voz de mi abuela que me decía, que estas aves habitan en regiones templadas desde la primavera hasta el otoño, que es un animal útil que destruye muchos insectos, luego apareció otra mayor que llevaba en el pico un poco de barro y empezó a agregar vivamente a otro ya amasado, se marcho otra vez pero sin duda su obra no avanzaba con tanta rapidez, las dos primeras avecillas volvieron con una bandada de amigas, que enseguida se pusieron ayudarles, entonces se efectuó un rápido trabajo de mampostería, en medio de una gran agitación de los obreros alados, Iván y venían ayudándose valiéndose de sus picos, me quede contemplando con ternura y admiración aquel hermoso ejemplo de fraternidad, en la cual las avecillas todas trabajaban a favor de una ¿Por qué no acuden del mismo modo los hombres a favor del desdichado? Sera porque las ideas más sencillas, más humanas, no se presentan en nuestro espíritu solo hasta sufrir uno mismo, para comprender que el bien general es también el mejor bien particular.

Texto agregado el 15-07-2011, y leído por 124 visitantes. (0 votos)


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