La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / AKERONTE / Aquelarre

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo  Añadir en Facebook [C:49231]

Aquel día estaba deprimido en exceso. La vida me acababa de apalear con su implacable látigo llamado realidad. Una vez más se me salía de las manos la gran oportunidad de alcanzar la felicidad.

En la universidad se celebraba una de las fechas más esperadas por estudiantes y “extranjeros”. La fiesta del Aquelarre, que se realiza cada año, en los primeros días de noviembre, reúne diversas personalidades que bailan y cantan, danzan al ritmo de una música envolvente, se funden en una única comunidad donde todos se comprenden aunque nadie se conoce. En el centro de la plaza hacen una gran fogata con maderos muy grandes, para que pueda llegar hasta el nuevo día. Mientras que todos se extasían alrededor del fuego, yo deambulaba por los salones de las facultades en búsqueda de una buena película.

La noche cayó sin darme cuenta y el frío hizo su gran acto de aparición. Con paso cadenciado me acerqué a donde todos estaban congregados. Había mucha gente mas no conocía a nadie. Daba vueltas y vueltas sin saber qué andaba buscando. Una mano se apoyó en mi hombro.

-¿Usted dónde andaba?
-Dando una vuelta, medio aburrido
-Camine hermano. Todos estamos reunidos allí no mas.

Con no muchas energías me dejé guiar por mi compañero de carrera. No es de la ciudad, pero se desenvuelve en ella mejor que muchos de los que viven aquí de toda la vida. Formando un círculo estaban mis demás compañeros, hablando, de todo y de nada, animadamente al calor de unos aguardientes.

La noche trascurría lentamente, entre trago y trago, sin ofrecerme nada nuevo con respecto a las anteriores tomatas con el grupo. Hasta que apareció ella.

Los ánimos crecieron gracias a la borrachera de un amigo. Comenzó a alentarnos para deleitar el espectáculo de unos cirqueros con una carretilla en forma de toro. La corrida daba inicio y todos los asistentes entre las nubes del alcohol y el humo de la alucinación corrían y gritaban, cuales payasos de faena pobre. Todos reíamos, y ella, ella se desplazaba entre nosotros, cruzando comentarios y miradas furtivas.

En un instante de sosiego, que fueron pocos en la noche, se acercó a mí.

-¿Qué nos vamos a tomar?
-Tengo pocas lucas...
-No le pregunté si tenía plata o no, sino si quiere que nos tomemos algo...

Su voz era muy segura; eso me intimidó de ella desde el día en que la conocí. Su voz fuerte siempre resaltaba por encima de hombres y mujeres. Compramos, o mejor, compró una caja de esos licores varios que saben rico y embriagan rápido. Nos retiramos un poco del lugar de concentración, con un buen amigo mío. Los tres destrozamos verbalmente el mundo que nos rodeaba en aquellos instantes. Nuestras carcajadas enmarcaban los comentarios satíricos que lanzábamos como dardos a los corazones de todos los asistentes. Él, George, todo un misántropo consumado, era el más incisivo con sus apuntes.

- Todos los que vienen a estas fiestas lo único que hacen es tomar, torcerse y esperar la oportunidad de lanzar el zarpazo para atrapar a alguna de sus indefensas presas, por lo general del género femenino, a las cuales las han acechado durante largo rato. ¿Ellas, que es lo que hacen? Nada. Dejarse. Porque ese es su papel. ¿No es patético?

Ella y yo reíamos como si nos fuéramos a desmembrar. Y entre risa y risa yo aprovechaba para acercarme cada vez más a su cuerpo. Su cabellera castaña me atrajo, acariciándola muy despacio, muy tiernamente, como absorto del jolgorio y de las palabras. Aceptaba mi tacto como si fuera un cumplido. George intempestivamente se levantó arguyendo:

-Necesito un baño... ¡Pero si todo esto es un baño!

La pared más cercana salvó el delirio de mi amigo. Quedamos solos. Un silencio momentáneo nos absorbió y ella, con su implacable seguridad, rompió aquel frío que marcaba el comienzo de la madrugada.

- Lo único que le quiero decir es que me gusta mucho, que mi anterior relación está enterrada y que no estoy borracha.

Hoy en la mañana yo hacía lo que fuera por conseguir un revólver y volarme la tapa de los sesos. No pagaba un centavo por mi futuro. El momento en que sus palabras inundaron aquel espacio sin tiempo, daba lo que fuera porque nunca terminaran de resonar contra las paredes que nos rodeaban.

Comprendí que hay que mantenerse vivo hasta el último minuto porque, por lo general, en esos momentos en que la angustia y la agonía se hacen más intensas, donde el pecho es una mole de concreto que no deja respirar, donde el corazón late con mucha fuerza porque la sangre parece aceite, donde uno siente que hay de dejar escapar el alma, ahí es donde aparecen Luz y Esperanza para insuflarnos Vida y Energía.

Texto agregado el 26-07-2004, y leído por 211 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2008-01-17 05:01:30 Hay que dejar escapar el alam ya que el espiritu es tan libre que hasta se llega a dudar que haga parte de nosotros... 5* arcangel_ solar88
2006-07-31 00:33:28 Te las traes, condensas tan bien cada palabra, que es como una columpiada por las sutilezas de la vida, mis ***** cafayate
2006-05-19 00:23:54 Gran relato, barquero. Y grandes y verdaderos motivos. Un fuerte abrazo Ikalinen
2005-02-13 03:33:53 los ratos amargos sirven aveces para sentir dulces algunos momentos...que cotidianos y silencosos terminan confundiéndose con el concreto bacca
2005-02-12 15:48:01 tu cuento este me gustó, mostraste un poco mas de garra que al criticar a Said, sabes? a veces algunos hombres no ven la esperanza y algunas mujeres tampoco. Pensamos que el sexo puede darse sin ningun sentimiento, y cuando se da sin sentimientos de ninguna clase es cuando hemos dejado de ser humanos. Buen Texto, :} Andiu fermina_daza< /a>
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]