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Inicio / Cuenteros Locales / AKERONTE / Triptico de una de-generacion -- La carne y el vino

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Con sólo sentir su aroma, el instinto animal de depredación despertó en él, haciéndolo cavilar en si era mejor estrangularla con un cordón de zapato charolado o ahogarla en el fango que se formaba los días de lluvia en el patio interior de su casa. Soñaba con deshacerse de ella. La novia de toda su vida.

Jamás se imaginó que un ser humano pudiese llegar a odiar con tanto rencor a otro ser humano. No comprende qué sucedió, si ella ha estado siempre ahí, a su lado, como una sanguijuela que le succiona la vida a su huésped. Ella que siempre ha estado tan atenta de él y su familia, tanto así que le envía anónimamente flores todos los días a su madre con una cintilla color fucsia con las románticas iniciales del descanso eterno y apacible. Ella, que se parte la espalda fregándose los pies con piedra pómez porque los juanetes no la dejan caminar erguida y que quema las pocas neuronas que tiene escogiendo los colores para combinar sus interiores con el esmalte de las uñas de los pies. Ella, que día tras día le repite al oído con su encantadora voz que cambie de desodorante porque suda mucho, o que se lave los dientes cuatro veces al día porque el hedor se siente a tres cuadras. Ella, que con su innato instinto maternal le recrimina que, los cuatro meses de embarazo que tiene, le están costando estrías en las pantorrillas y que la celulitis de la barriga le alcanza para la fritanga de los domingos en el estadio. Ella, ella, ellas...

Sí, él afirma que todas son iguales. Las mujeres disfrutan aberrantemente al ver un hombre arrastrarse como una chiza recién desenterrada. Y aunque particularmente a su mujer la desea ver en el fondo del océano, no como sirena, sino como sedimento marino, nunca la ha maltratado y jamás la metió de cabeza en el inodoro como ella le reclamaba a veces enfrente de sus amigos, como él tuvo intenciones de hacer.

En ningún momento de su imprescindible compañía le reclamó por sus comportamientos o sus ademanes. Nunca le criticó su manera de comer con la boca abierta o de hacer burbujas en la gaseosa con los pitillos. Jamás musitó opinión alguna en cuanto a eructar en los cinemas después de comer palomitas de maíz. Y para ahorrarse un par de cachetadas más que seguras, no le comentó la “mala cama” que siempre tenía con ella cada vez que se iban de residencia. Lo único que atinó a decirle la última vez que se vieron fue que no soportaba que ella llegara todos los domingos en la noche con el vaho a sexo de otro hombre.

Texto agregado el 27-07-2004, y leído por 130 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-02-03 23:47:02 El amor es una tormenta que nos tiene unos segundos en calma y el resto de la vida nos tiene alerta por que no sabemos ?¿cuando donde o como?¿ nos atacara... arcangel_ solar88
2007-04-16 16:01:38 me fascina lo séptico que se torna el amor en sus palabras, pues esa podredumbre es la verdadera cara, es el verdadero amor. anonimoases ino
2006-07-31 00:28:55 Muy bien narrado, sinuoso, aberrante y sacrificante, no su lectura el bodrio de marido, mis ***** cafayate
2006-06-02 15:45:25 Sabes lo malo del asunto? Que el de los domingos quizás piensa lo mismo que el marido... Un abrazo Ikalinen
2005-06-06 22:08:07 jajajja!! Describes muy bien la vida y el marido que nunca deseo tener!! Muy bien! sigo, muero de curiosidad!! xwoman
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