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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Esperanzas de un corazón 2012 El día después de la última noche

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Los guerreros del infierno han vuelto al cielo después de haber sido desterrados delo que algún día protegieron y dieron todo casi hasta perder sus almas.
Fueron traicionados porque algún día sus corazones fervientes evocaron. De espaldas al sol todo les fue robado y ahora en sus vidas vacías desenvainan sus espadas ansiosos de lucha para prender fuego en las estrellas que casi extinguen su brillo, porque el cielo en la última noche sin el brillo de las estrellas designa, la esperanza desvanecida y al nuevo día traerán tristezas en un funesto viento huracanado que arrasa las tierras fértiles y todo acabara en promesas que se vivieron y no se concluyeron.
La mediocridad de los dioses son aclamados por las almas perdidas, sus cerebros fueron destruidos y muertos en vida expresen sin sentir, temen porque no pueden decidir y las soledad les aterra, acongojados con convicción se aferran a la esperanza de un corazón.

Son veintisiete guerreros son los que se observan cercarse cabalgando en sus caballos que dejan ver parte de su caparazón de huesos, uno de ellos lleva una armadura de color púrpura, en la empuñadura de su espada lleva forjado un corazón, se distingue de los demás guerreros porque lleva su rostro cubierto por un trapo de color rojo, hace mucho tiempo era de color blanco, ese guerrero lo lleva consigo y tras cada batalla después de salir triunfante, sus seres queridos les defraudaban su firme y honesto corazón y temblando en sus manos el odio les fue cobijado y tras cada día sus lágrimas de sangre esperan incontenibles, este las limpiaba con su trapo blanco. Fueron tantas lágrimas de sangre derramadas que hicieron desvanecer su rostro y el trapo quedo plasmado con su piel.
Solo en sus vidas de batallas evocaron el infierno, cadenas salieron de la nada y los encadeno y muy lejano en el tiempo del limbo los enclaustro, llamas eternas fueron sus celdas. Los guerreros allí no paran de tener pesadillas, sus almas adoloridas en sus maltrechos cuerpos se revelaron y desde las mismas llamas infernales forjaron sus espadas. Se creyó que sus corazones fueron arrasados por los inescrupulosos amados.
Los corazones de los guerreros nunca fueron destruidos, solo fueron cobijados por el frio de la soledad que casi lo lleva a la nada; sus corazones latieron, suspiros sintieron, la esperanza des cualidad surgió, ahora la certeza empuñando sus espadas el infierno extinguieron, ahora han vuelto y las garras de la muerte filudas exasperadas, esta ha concedido el poder para envolver la noche entre sombras la cual se perderá con la lunas y las estrellas, todo será día sin luz cálida que cobija el existir de felicidad. Hechizada la humanidad entraran en los sueños de fantasías que aniquiladas están.las gentes deambulan consientes y sin convicción no tendrán el poder de su mismos, los pártalos de las Flórez al ser tomadas por sus manos se desvanecerán entre el día sin fin en vientos designados que se sumieron en corazones que marchitaron.
Muergandon es un hechicero oscuro muy poderoso y espera los veintisiete guerreros que harán concluir la malvada fechoría pero lo que ni sabe el malvado es que los veintisiete guerreros del infierno se fueron, viajaron al cielo y a la tierra volvieron,
Es el infierno en sus épocas doradas, sus sueños fueron destruidos, aclamaron venganza pero desistieron de ello, el palpitar volvió constante ya que lo hacían muriendo. Guerreros lucientes cabalgan solitarios al filo de su espada escapando de tenebrosos laberintos a cada momento.
Son guiados por una linany proveniente de las estrellas, diminuto cuerpo de mujer de diez centímetros que vuela dejando una estela rosa. Ella vive en una caja de roca que no pesa y lleva a mil mundos donde la magia despierta la mente y duerme lo desconsolado para nunca despertar porque no se sabe como soñar.
Veintisiete guerreros se encaminaron por interminables desiertos que quisieron consumirlos, sumirlos en una es cualidad sangre combativa que a cada día fenece. Por caseríos pasaron desolados, las gentes aterrorizadas abrían campo y se escondían y cuando lejos ya se veían les señalaban en sus espaldas, intrigados quedaron al ver brillar el corazón en el mango de la espada del guerrero, allí parece que el amor volvió y despertó, los abrazos se manifestaron, el lecho cálido lo sintieron, vivir suspiros entre el viento se sintieron fenomenales, rieron, su pecho sintió el vacio y entre el viento se sintieron las flores germinar, de nuevo allí no olvidan el día en que señalaron los guerreros al pasar, con burlas y arrojándoles tomates podridos.

Muergandon desde las montañas ardientes aclama a la muerte el poder para volver a la vida a un ejército de soldados que puedan ser bien manipulados y trunque el camino de las veintisiete guerreros que se estuvieron de seguir la senda malvada de silencio, pone rocas al alrededor y están se encienden en llamas dejando ver tres sombras de muergandon rugir y exhibir sus macabros dientes filudos, el viento soplo moviendo el espiral que al subir en llamas arriba en los cielos se entrelazaron y se mueven a la inversa de las agujas del reloj que marca a cada momento el sol.
Cabalgado entre guerreros el silencio es el mejor amigo, sin descanso, sin sed, y aferrando sus riendas, sus caballos sudando y babeando, no se detienen ni ante el inclemente clima que el malvado manipula con su poderosa hechicería.
La gloria la sentían aquellos guerreros al verse entre los hermosos y cálidos rayos del sol que de un momento a otro la bruma a los cielos invadió; rayos se desprendieron entre las nubes que chocaban y sus estruendos agobiaban a la gente. Los guerreros se asombraban y por el espectáculo improvisto a su cabalgar a lado y lado caen explotando en mil chispas, los caballo se encabritaban, varios aferraban sus riendas tan fuertes para que sus caballo no retrocedieran sin dejar de relinchar, sus ojos de espanto casi les hace desbocarse, un nuevo rayo muy poderoso se desfoga y parte una roca en mil pedazos y sus escombros salen disparados a los guerreros con mucha fuerza, pero antes de llegarles se convierten en serpientes.
El guerrero numero veintisiete baja de su caballo con el viento vuelto un temible huracán, apoyándose en su caballo se quita sus guantes de lana, estas en casi en carne viva, empolladas, empuña su espada desenvainándola y la levanta a los cielos enfocándola y termina por enterrarla en un pantanoso sitio al lado de un gran árbol cubierto de lama y de enredaderas que también toma vida, el corazón de su espada produce un brillo tan enceguecido que hace que los demás guerreros cubran sus ojos y destruya las serpientes que se encienden en llamas y se desvanecen, el brillo arribo hasta los cielos despojando y liberando de las eternas cadenas de lo lúgubre de las nubes negras, pero el sol tiene que ceder y la rotación de la tierra continua debe ser.la noche arriba luciente y llena de brillos, el corazón de la espada se apaga y rayos entrelazados efímeros se observaron expandirse, el guerrero veintisiete dio la espalda para volver a montar su caballo, con su mano derecha hacia la fuerza mientas monta el caballo y ponía el pie en el estribo, con su izquierda después haber la tomado la espada y arrojarla por los aíres a la mano derecha el guerrero veintisiete aferro las riendas.
El filo de la espada destello con el último rayo del sol, calcino las raíces vivientes que ya atacaban sin cesar; entre el bosque una nevada apareció mientras los guerreros se encaminaron, esta aumentaba de poder pero comenzaba a derretirse al paso de los guerreros.
Muergandon evoco sus nueve ejércitos que con su paso y hondeando sus banderilla de la maldad hacían y temblar las tierras por donde pasaban. A unos cuantos kilómetros se encuentran los guerreros que no descansan y no ceden un grano de tiempo. Muergandon y su ejército levanta el polvo por los aires y su ruido anunciaba su llegada; los veintisiete guerreros no merman el paso teniéndolos ya a la vista y a toda marcha frente a frente lo inevitable se desatara, no hay gritos de guerra y el veintisiete guerreros con el filo de su espada hacia los cielos dirigiendo su filo; el brillo de la hoja deja salir mil rayos que son dirigidos a los nueve ejércitos, explotan cada uno al contacto en cenizas. El hechizo fue desvanecido y solo sombras perdidas salen de entre las cenizas queriendo huir pero son atrapados por las mismas cenizas autodestruyéndose en llamas que se las lleva el viento hasta apagarse.
Los veintisiete guerreros formando todos a lo ancho continuaron cabalgando hacia muergandon que ya casi en la madia anoche aclamo a la muerte más poder. El viento huracanado lo envuelven y hacia su cuerpo desde el gran cielo oscuro una luz lo ilumina consumiendo la luz del nuevo día, de un amanecer, de un atardecer, su vitalidad se fortalece y cada vez más su hechicería se vuelve muy poderosa y alardeando de lo que siente ríe a carcajadas. Escuchando la risa malvada los guerreros que no tardan en arribar, de pronto muergandon siente desfallecer su cuerpo, el guerrero nueve arroja una flecha mortal y esta penetro el pecho de muergandon, este atónito no lo puede creer, por su garganta comienza a sentir sangre, la luz desaparece y el hechicero evoca su último hechizo poderoso convirtiendo los arboles en gigantes destructores.
Para los guerreros no existe el miedo, solo la anhelada muerte y como gladiadores sus espadas destruyeron lo que se interpuso en su camino; guerreros sedientos de batalla y venganza por lo que pudieron tener y les fue robado de su ser.
Batalla infernal que los deja agitados, más hechizos se crean y los arboles agiles y veloces se vuelven, agonizando el malvado en el centro de los arboles que hacen un circulo para protegerlo un torbellino ascendente aparece tan fuerte que arroja a los guerreros lejos de sus caballos derrapando el polvoriento suelo, de inmediato se ponen de pie, se deja ver, observa a los guerreros y con sus brazos abiertos abraza a muergandon que no lo puede creer, desfogando gritos este se seca hasta que se vuelve tierra.
La muerte traiciono al hechicero porque él hubiera hecho lo mismo, la muerte honro a los guerreros y les quito su castigo de vivir retenidos en un mundo de muertos.
El alba volvió a nancer tan hermosa que el corazón de los guerreros lució, están libres con la necesidad de estar con sus familias que les carcomía de ansias, no se menciona palabra, solo una mirada efímera entre ellos. Sus cuerpos volvieron a su estado normal, las partes cadavéricas se regeneraron. Cada cual tomo una dirección diferente y cada cual cabalgo hasta su morada para volver a empezar a construir lo que los inescrupulosos queridos destruyeron.
El tiempo reverdeció y la herida se curó. Gloriosos guerreros que en el infierno y en el cielo batallaron y con el corazón entre sus manos triunfaron.

j.c.n-4-enero-2012

Texto agregado el 18-03-2012, y leído por 145 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2012-03-18 18:15:15 muy imaginativo papadecarol
 
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