Dos ojos se asoman por la ventana.
Adivino que detrás del marco está su sonrisa.
¡Cuánta inocencia! ¡Cuánta bondad!
Despierto sólo por él. Vuelvo a este mundo sólo por él.
No sé bien quién soy. Ningún hombre sabe quién es.
Pero sé que enfrento el abismo por él ¿Lo sabrá?
Y esos dos ojos me contesta inocentes y al mismo tiempo me preguntan:
¿Por qué? Con esa curiosidad ¡ Y esos ojos! Los enormes ojos de mi hijo...
* * *
Tío Ismael me habló mil veces de mamá y papá, y de la lejana tierra donde yo nací, nunca me sentí cómodo viviendo en este país y sueño con volver a mi ciudad natal alguna vez, cuando la guerra termine. Ocurre que acá nadie habla demasiado y yo soy en extremo locuaz. Ismael me dice que quizás cuando crezca pueda ir de misionero a tan salvaje lugar, pero que siendo, como soy, un niño aún, es peligroso para mí. Me conformo con leer una y otra vez la biografía de papá. ¿Sabría bien quién era él? |