TELEVISIÓN
I: Las Torres Gemelas se derrumban ante mis ojos…
Comerciales: Médium Shot de Frente: Luciendo blanquísima ropa deportiva, así como una visera color amarillo Vaticano, con discreto logotipo de cierta tarjeta de crédito al frente de la misma, el Papa, con pausa, despreocupado, coloca a su derecha un vaso jaibolero, sobre cierta mesita de coqueta redondez; para luego, cínico, acomodar su figura pesada en lo que se podría interpretar como reposet playero -¿trono veraniego?
Disolvencia. Médium Shot ¾ Izquierdo: Dos monaguillos corren entre rosales en flor, fastuosidad de estatuas de romanos ilustres en la antigüedad; hasta llegar al encuentro con el viejo, hundiendo sus perfiles rosillos en ese polerón tan bombacho como inmaculado.
Disolvencia. Close Up de Frente: El viejo, viéndome a los ojos, me dice con ese “chorrito de voz”: “American Express, un seguro contra tu infelicidad”. -Los monaguillos le plantan un par de besos en cada mejilla azulada.
Cambio de canal. Abierta: Una mujer obesa, humilde, aterrada, con un vestido de un luto desgarrador, literalmente de la cabeza a los pies, huye de las bombas de Cabul; hasta que los efectos de una de éstas la alcanzan, cayendo sobre el asfalto gastado de una calle desierta, humeante.
A partir de mañana, el editor de este noticiero tendrá que buscar un nuevo empleo.
II: Hace años, al analizar diferentes momentos de un noticiero, terminé por comprender por qué Estados Unidos sigue siendo el cruel dictador del mundo: Clinton corría en Camp David, enfundado en buzo y polerón, el cual caricaturizaba a Beethoven, con cierto aire de feliz tortura en su rostro. La música representada por notas que brotaban de un discreto piano que, tan extasiado como solemne, interpretaba el Pato Donald.
Minutos antes, en el espacio de noticias nacionales, apareció Salinas de Gortari, trotando en Chapultepec ; portaba discreta sudadera blanca con ese triste logotipo de “Solidaridad ” –sinceramente, no me resultó difícil identificar el detalle; los promocionales del gobierno federal se esforzaban en recordármelo a diario; creyéndome estúpido los muy imbéciles.
III: Tomé una servilleta desechable, embarrando en ella cerilla de mis oídos, sarro de mis dientes, lagañas, mugre de mi ombligo, un moco de mi nariz y algún grano reseco de mi cabeza. Luego, sin prisa, humedecí todo con gotas de agua purificada; mezclando como pude, con ayuda de una cucharita de plástico.
Paladeé durante un minuto aquella cochinada. ¡No me desagradó!
Bueno, hasta este momento he olvidado mencionar que durante la ceremonia, veía televisión comercial.
IV: El ácido sutil y el sarcasmo fino, bien guiados, pueden dar como resultado un guión inolvidable.
V: Admiro a esos conductores de televisión, quienes, a pesar de sus interminables muletillas y cacofonías, nunca aburren a su audiencia.
VI: Recuerdo una escena de la serie Los Intocables, donde una mosca recorrió el lente de la cámara durante varios segundos.
Los tiempos han cambiado; ahora las cámaras enfocan a las moscas.
VII: La televisión se ha convertido en una aspirina. Muchos podrían hacer un currículum basado en sus programas favoritos.
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