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El maestro.

Parte de este texto lo escribí cuando tenía 14 años, tenía dos días de haber salido de la secundaria. Y desde ese día hasta hoy recuerdo palabra por palabra emitida por aquella persona.
Cuando iba en la secundaria tuve clase por última vez con un maestro que nos dejó o por lo menos a la mayoría de los alumnos de mi salón con la boca abierta y una gran enseñanza. Recuerdo que al día siguiente estaríamos recibiendo nuestros papeles para dar el brinco al bachillerato. Que por cierto solo seriamos 10 de los 35 alumnos de ese salón que seguiríamos estudiando. La peor etapa de mi vida fue la secundaria por diversas situaciones. Teníamos un maestro llamado Alberto Godínez era el maestro de historia. Siempre vestía de ropa formal con zapatos del color de su traje, pero tenía un peculiar detalle que siempre usaba los pantalones al tobillo y corbatas de colores fluorescentes. Siempre mis compañeros se burlaban de él. Era buen maestro nunca nos levantó la mano siempre fue muy paciente con todos. Más de uno le llagaron a faltar al respeto. El maestro en ese entonces tendría aproximadamente unos 55 años, su cabello ya lucia con algunas canas y sus manos cuando nos llamaba a su escritorio para revisarnos la tarea se le veían con algunas arrugas al igual que su rostro.

Un jueves dos horas antes de que sonara el timbre para salir y prepararnos para el día siguiente tuvimos nuestra última clase es esa escuela. Que cabe destacar que ha sido la mejor clase de toda mi vida. He tenido excelentes maestro que me han dejado una gran enseñanza pero el profesor Alberto dejó algo muy especial en esas 35 personas sentadas en el aula. Llegó al salón y recuerdo que Víctor gritó desde el escritorio “ya viene el viejito” y todos pasaron a sentarse. El profesor dejó sus cosas y borró el pizarrón me preguntaba qué era lo que iba a escribir si ya era el último día de clases. Dio una clase de sexualidad. Supongo porque pensó que como ya íbamos a la prepa pues esos temas tendríamos que saberlos. Pero creo estaba en un gran error.

Dijo algo sobre la sexualidad y un compañero le dice “apoco a su edad todavía…”
La clase soltó una carcajada, sus palabras dejaron una gran lección. Lo miró y se dispuso a decir.


“chicos, ustedes piensan que el amor es solo para los que son como ustedes, jóvenes, pero no. La sensualidad y el erotismo no solo son de jóvenes. Cuando tengan la oportunidad de vivir con una pareja a mi edad entenderán lo que es amor. Y sabrán que el amor es vivir cada instante. Me casé a los 15 años y desde ese momento hasta el día de hoy solo espero la hora de la salida para ir a ver a mi esposa y abrazarla y decirle lo mucho que la amo. Disfrutar cada momento como si fuera el último, ese es el secreto de la felicidad. ”


Todo el grupo permanecía intacto, nadie se movía. Hasta Víctor que era el chico que siempre se burlaba del maestro estaba impactado con las palabras del maestro. Y continuó diciendo.
“Yo podría apostar que yo disfruto más de la vida que ustedes ¿saben porque? Porque se de los pequeños detalles, mismo que ustedes ignoran doy gracias a Dios por cada amanecer, por cada sonrisa, por cada beso y abrazo. Agradezco porque cada clase dejo algo de mí en cada uno de ustedes.”


“El llamar a alguien viejo es compararlo con algo invisible, podría decir que muchos de ustedes son mucho más viejos que yo, veamos… muchos de ustedes gastan energía en buscar practicas ociosas, molestando gente, en cambio yo, leo para superarme día a día. Camino un rato los sábados por la mañana ahora ¿Quién es más viejo? “
Por desgracias en ese mismo momento sonó el timbre de la escuela. Nadie se movía, el maestro tomó sus cosas y antes de salir de la escuela con voz orgullosa dijo “éxito” y se fue. Todos estábamos helados. Mi grupo se caracterizaba por que siempre éramos el primer grupo en salir. Y salíamos como animales, pero ahora parecía como si nos hubieran hipnotizado.


Al día siguiente muy emocionada me puse mi uniforme limpio y me dirigí a la escuela, ese día daría un paso importante, saldría de la escuela para ir al bachillerato. Llegué a sentarme a mi lugar para esperar mi turno al igual que todo mi grupo para que no llamaran para pasar por nuestros papeles. Todos mis maestros se encontraban en la parte del estrado, pero había algo raro faltaba una persona. Por raro que parezca se trataba de él, faltaba el profesor Alberto Godínez. Al terminar el emotivo evento una chica fue a preguntar por el profesor, la secretaria nos informó que no contestaba su teléfono y no supimos más de él.
Hace poco saliendo de la universidad a las 3 de la tarde me encontré en la calla a la que era mi orientadora y no pude evitar preguntarle del maestro. Y tristemente me dijo que había fallecido hace seis meses de cáncer de hígado. Fue triste saber que una persona que dejó un gran mensaje ya no estaba con nosotros. Tal vez yo sea la única que valore sus palabras pero me doy cuenta de que sus palabras han servido de algo y que donde quiera que él esté, el maestro Alberto estará orgulloso de lo que hizo y la gran enseñanza que nos dejó.

Texto agregado el 16-05-2012, y leído por 181 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2012-05-16 03:13:41 Y es cierto, cuanto más grande se es, más se valora loq ue se tiene, más se ama la vida, estupenda lección, vas mejorando mucho, aunque todavía falta revisión enla acentuación, felicitaciones ******** jagomez
 
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