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Inicio / Cuenteros Locales / zorin / DEL MAR A LA JUNGLA

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En el puerto de noche una impalpable garua costera vagaba por las calles y el vaporino dirigía sus pasos hacia el sollado de popa del barco mercante, pero algo lo contuvo, al amparo de la luz del fanal se escurría una sombra y ante el apareció un ejemplar caoba oscuro, con esa elegancia rebuscada del negro, que sobre las columnas de sus gambas abiertas en compas, balanceaba su destacada arrogancia basureando al rival, bajo el centelleo de la hoja brillante que sujetaba la nervuda mano de ébano, dijo ¡te esperado una punta di años! Me encaletado de pavo en el norte y supe que andas de marino ¡pero esta vez te haz frito! Por estas que son cruces te voy a matar, así se expreso el negro Fonseca, Limeño de Malambo, guardaespaldas engreído de un turbio personaje de la política trapecista, que lo sacaba de la cárcel en forma sumaria y sin recatos, su audacia cubierta la retaguardia no tenía límites.

Ya me tienes hasta los imbornales negro tetudo, espeto el Chalaco ¡entra de una vez! Y fulmíneo el negro tasajeo en el aire, empezando esa pelea criolla que solo se ve en estas tierras, que es barbará y bella, la entrada rápida casada con el bloqueo o el esquive, iban de poder a poder, el moreno esgrimía lindo pero el blanco seguro.

Me gustas blanco

Tu también moreno

Esta pa tu madre

Esta para la tuya

Chúpate esta

Pagado estas

la esgrima de ambos tenia puntos de contacto de un arte definido, la técnica del negro sentaba cátedra, con múltiples tiradas y filigranas, había ocasionado ya varias heridas, pero el marino no era manco iba con sus mas y sus menos, con rapidez y abriendo juego, con esa astucia chalaca que ocultara hasta ese momento, el vaporino paso el acero a su izquierda fue en una fracción de segundos, cuando sacrificando la diestra a un tajo sin valor, con la zurda rajaba un surco horrendo en la ingle derecha del valeroso negro, que con la muerte en los ojos retrocedió y cayo de espaldas.

Al vaporino se le marcaba venir desde lejos, lo ayudaba su estampa esbelta, un metro ochenta de estatura, largas piernas elásticas, enjuto vientre de arracimados músculos, espaldas amplias, tensos pectorales, 90 kilos de TNT y al deslizarse cerca de la popa del barco por un cabo hasta el mar nado hasta chucuito, al cobijo de una barca de pesca se desnudo para exprimir sus ropas, después se aventuro a través de las calles chucuitanas, paso por delante del fuerte Real Felipe, cruzo la plazuela y saludo la estatua del gran almirante Miguel Grau, calles nocturnales del primer puerto, templos del portuario yantar apetitoso, al amparo de una mesa discreta y ante las calorías de un rico pisco Moqueguano cordón y rosa, y un buen plato de tacú tacú, se le enfoco todo el problema en el que estaba metido, pensaba a donde ir, no se sentía perverso ni le remordía la conciencia, pero a la sombra ni de vainas, la cárcel no regenera a nadie, pudre el alma, el había parado al negro como hombre.

Tomo un colectivo hasta Lima, de ahí un transporte interprovincial hacia la sierra, por allí no lo seguirían, a todo marino lo jala el mar hasta para su perdición, luego seguiría internándose hacia la selva, después de muchos días de viaje llego hasta las orillas del rio Monzón afluente del rio Huallaga no lejos de Tingo María, allí conoció a una linda mujer a la que solivianto hasta las entrañas, para ella fue de hecho el hombre, su hombre y se le dio sin frenos, le agarro ley desde el inicio, el vaporino se quedo unos meses haciendo algunos trabajos, pero esa vida lo comenzó a fatigar pues era nato para la acción y la aventura, se le notaba inquieto, ella al comprenderlo le dijo, la montaña es grande hay que internarnos dentro yo te seguiré, en su primera salida y bajo la verdosa claridad se desposo con la jungla, como en su niñez lo hizo con el mar, al avanzar llegaron hasta un poblado muy pobre, donde se encontró con un padre franciscano que le dijo ¡allá dentro del Ucayali! donde no ha puesto pie la civilización hay un sitio para ti que eres un aventurero, en ese lugar hace falta el hombre que empuje la patria y la engrandezca, allá esta tu puesto, yo iré con vosotros pues mi misión es salvar almas, te esperan trabajos esforzados, el peligro, quizás la muerte, ella siempre estará contigo y será la maestra, ya tienes norte en tu brújula síguelo marino en este terrible mar verde ¿que dices partiremos mañana? ¡no padre será hoy! Mañana es una mala palabra, salieron para el este, el vaporino caminaba delante con el machete, seguido por el fraile con la cruz y cerraba la marcha la mujer, portando en su ser al hijo, el porvenir.

Como en todas las migraciones marchaban, la acción, el cerebro y el corazón, allí se erguía el perfil enérgico del hombre, la mirada serena del apóstol y el vientre fecundo de la mujer.


Texto agregado el 22-06-2012, y leído por 126 visitantes. (1 voto)


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