El practicante
Mientras se desnudaba , no podía dejar de observar la pierna mas corta, como anudada a aquella mujer , como un símbolo de invierno.
No podía decirse que era totalmente una mujer aunque al mirarla entre las otras del salón destacara por un aire melancólico claro.
Siendo sincero el escogerla no obedecía a un impulso primero, si no mas bien una imposición, ya que era la única que no había sido elegida por los hombres de mar y hubiese sido una ofensa dejarla sola apoyada en el mostrador.
Su cuerpo era la de una mujer que ya ha pasado la ligereza de la juventud.
A pesar de su defecto en la cadera , que dejo la poliomielitis en su paso por aquella caleta.,
con una sonrisa fingida , sacando fuerzas de aquella humillación anunciada , repetitiva, me tomó del brazo y me codujo a su campo de batalla, que insinuaba de una u otra manera su complicado interior.
Al cerrar la puerta se volvió y me miró...yo un tanto nervioso ,quise romper el silencio pidiéndole un trago de la botella llamativa , como salvavidas en su velador.
Le pregunté su nombre y me respondió ANET...y al hacerlo me sonrió como parte de su ceremonia...
Mi sensación de angustia frente a esa mujer iba desapareciendo.
Estaba tan cansado, y aun la sensación de mareo golpeaba mi cabeza, que me recosté en la cama.
Ella me miró, con extraña ternura, quizás motivada por mi barba incipiente. Rompiendo su glamorosa ceremonia, se sentó junto a mí, dándome la espalda.
El silencio se hizo un grito inmenso y comprendimos que de alguna manera estábamos unidos por una especie de marca en el silencio.
Anet lo rompió y me pidió que me desnudara , yo como buen estudiante, seguí todo los pasos, hasta acostarme bajo sus sabanas de flores gastadas y tristes.
Ella con una coquetería aprendida , pero intrínsecamente experiencial, se desvistió quedando solo con su ropa interior. Al verla sí como toda un hembra, sin tapujos , me emocionó su fuerza, para mostrarse sin límites, como toda una mujer fuerte lista a la batalla .
Mi cuerpo un tanto anestesiado por toda la celebración previa al desembarco, afectaba sin duda mi movimientos y mis pensamientos.
Ella recostada junto a la cama, comenzó lentamente a desatarme , caricias antiguas y nuevas , haciendo me sentir como todo un hombre, como un hombre de mar. Aunque en el fondo me dejara llevar como un niño carente de amor femenino.
En este juego exquisito, ella decidió apagar la luz tenue de su velador y en la oscuridad de la noche, con solo el zafarrancho de seres pesados que atracaban en el malecón. Ella se convirtió en mariposa ,que con sus alas trataba de sanar mis heridas mas profundas , a través de un acto mágico que pasaba de lo profano a lo mas divino.
Fue entonces cuando decidí actuar también yo.
Escondido en aquella oscuridad, comencé a besarla recostándola sobre su cama y poco a poco fui descubriendo todos su surcos, su cuerpo , su ser mas profundo...al llegar a su pelvis , a su centro ,a su marca , escuche un sollozo escondido, un sollozo de niña indefensa, asustada , de niña marcada ...y sus lágrimas se hicieron mías , contagiando a mi niño de mar , a mi niño en soledad..
Nos amamos en ese llanto reparador , en el cual sin palabra alguna , nos reconocimos en nuestros dolores, en nuestros escondites mas profundos, en nuestras marcas ,en nuestros temores
Nos amamos en el llanto , en el silencio hasta que el amanecer nos sorprendió adormilados , anunciándonos que la batalla del día se aproximaba.
Al salir al encuentro de los lobos de mar con mi sonrisa al viento y a la mar, comprendí que había sido yo , el estudiante, el practicante, quien había escogido a la mejor hembra de aquel lugar del olvido.
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