SOLEDAD
I: La soledad se interpreta ligada, en armonía con los medios de comunicación y las comodidades que brinda la vida moderna.
Imagino que la tristeza del pasado era en verdad aguda; a tal grado que el solitario del siglo XIX se sentiría, dentro de la incomunicación actual, más acompañado de lo que pudo haber estado en su propio tiempo. -¿Más libre?
II: ¿Por qué será que en las noches encuentro reposo a mis problemas y por la mañana nada funciona en mi esquema? ¿Por qué demonios mi vida no comienza en la sombra?
¿Por qué no tengo en este momento una botella qué acariciar; una voz que se atreva a paladear mi ron?
III: La soledad debe canalizarse en plegaria de gloria clandestina.
IV: Los problemas son insufribles cuando no se tiene por quién tolerarlos.
V: Cada vez entiendo menos; asimilo más. Cada vez que asimilo, algo muere a mi alrededor; algo nace o renace dentro de mí. Nunca pasa nada afuera. Todo huele a mí. Nadie sospecha a qué apesto yo.
VI: De niño me aburría la escuela, excepto por los recreos y mis pintas. Actualmente me aburre la vida, excepto por sus recreos y mis pintas. De viejo, ¿me aburriré de mí mismo?… excepto, claro, por mis recreos y mis pintas.
VII: El silencio se expande a partir de un paisaje admirado desde una mirada extraviada.
VIII: Cuando se retorna a una ciudad, a un barrio en el que se vivió años atrás, y al cual no habíamos regresado durante mucho tiempo, intuimos que durante nuestra ausencia el lugar permaneció adormitado.
Al advertirnos caminando sigilosos sus aceras, perezosamente despierta, siguiéndonos con mirada protectora; nos confía, luego de presumir alguna fresca fachada; la corteza endurecida de sus árboles; el perro vagabundo, tataranieto de aquel perro, que la única soledad es la que sigue girando alrededor de nosotros.
IX: Transversos de luz cuando el cosmos se esconde de mi pluma, recorriendo el parpadeo de un jardín vivo. Los oblicuos de esta tinta son esfuerzos del gran ocio.
X: Acueducto transportando piedras hechas polvo en cresta carnavalesca. Soy mi sangre que resbala a la vertiente; implorando derramarme lejos de aquí.
Los océanos desembocan en ellos mismos.
XI: Tolero las despedidas caprichosas. No soportaría una partida imprescindible más.
XII: Esta tarde, una partícula de polvo ingrávido, limpio, vivamente iluminado por un sol tierno que durante varios minutos reposó su alegría en una esquina de mi almohada, me reveló su secreto; me propuso, a través de esos suicidas va y venes en el aire y su culminante arranque, producto de mi súbito suspiro, que los monólogos no existen; acaso la ceniza solitaria de lo casual. Momentos en que osamos hurtarle al hierro lo denso, mientras la nostalgia nos da audiencia.
XIII: No hay salidas; simple extroversión estática que suele viajar cuando permanecemos en soledad; e introversiones dinámicas que brotan al perder el tiempo observando la cinta del asfalto huyendo de nosotros.
XIV: Las imágenes se filtran de cada cuadro incrustado en la pared escarapelada. No las puedo negar; desearía burlarlas para siempre.
XV: De ciertas comprensiones plurales surge una brutal singularidad incomprendida.
XVI: El viento también provoca sombras.
XVII: Me pregunto si me he dado por vencido; o, ¿gané sin pelear?
XVIII: Hay días en los que el conocimiento se transforma en un absurdo archivo de datos: ¿Qué se supone que hay que hacer cuando la evocación surge, el dolor persiste, el insomnio impregna nuestros sueños? Cuando las cinco y media de la mañana se eternizan tanto que hasta los gorriones posponen su ceremonia… Silencio, estrellas y cigarros. Sólo eso.
Es distinto no encontrarle sentido a la vida al hecho de creer que se carece de sentido dentro de ella.
Después de todo tiene su mérito ser un bueno para nada: cuando casi todo ha sido algo malo para uno.
¿Cuál es la opción cuando lo sublime ha dejado de ser oportunidad, convirtiéndose en desesperante monotonía?
Si tenemos suerte, el canto de un trasnochado jilguero nos aconsejará que lo heterogéneo también puede surgir del enclaustramiento.
Distinguir a tiempo entre un error y el final del camino.
Amanece…
XIX: Hay piedras que gustan de esconder su vitalidad; permitiéndonos admirarla al brillar tenuemente si sabemos acariciarlas. Espíritus tiernos que enloquecen al evocar la palabra volar.
XX: Es imposible encontrar una verdadera ocupación en este mundo.
XXI: El cansancio se advierte, principalmente, al inicio y al final de la esclavitud.
XXII: Domingo por la noche. Los portales solitarios que incluso logro olerlos. Los escucho.
Un teléfono público empieza a sonar frenético en el otro extremo. Mi mirada se clava en esa caseta. Nadie en absoluto se acerca a reclamar el llamado.
Paso junto a ella, me animo a descolgar la bocina:
-¿Bueno?
-... ... ...
XXIII: El viejo abrió la jaula. El canario solitario voló en línea recta ascendente hasta perderse entre los árboles; su emoción era tanta que sus alas cantaron.
Se trataba de una promesa entre un par de aves.
|