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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Un día de poemas

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Es el romántico enamorado del tiempo presente, la luz de unos ojos mágicos motivaron su corazón mientras le cambian de color. Es la princesa Loren del valle rodeada por una corona de montañas, hermosa mujer que augura amor.

El romántico enamorado cuando su alma declinaba subió a unas montañas abrazadas por las nubes rosas; es el regalo de la luna y el sol para aquella princesa con mucho candor, allí se inspiro y él romántico enamorado que quisiera escribir los más sublimes poemas en el firmamento, le dice constante su pensamiento. Ya en la cima el romántico enamorado cerró sus ojos dejando sentir el sutil viento que le hizo abrir sus brazos y dijo: le escribí en el cielo aquella princesa misteriosa, lo puedo sentir, las estrellas destellaron hasta el confín.
La princesa loren cabalgando en su corcel le consentía el viento su rostro angelical, carácter de unos ojos dulces que enamoran y llenan de magia para atreverse aventurarse entre sus ojos que hacen un ser desvariar, extrañamente tan sublime fue sentirlo que pareció que no existiera el cielo. Al ver pasar la hermosa princesa loren vuelve su vida una trilogía tan enaltecida que es protegida por extrañas energías; esa princesa te pone a soñar y mientras caminas sientes, luego ves tres estrellas fugaces pasar. Toda una magia infinita con mil auroras que con sus ojos se puede colorear ¡intimidante! Revive un corazón que se oculta entre minutos eternamente dedicados a su recuerdo tallado.

Torbellinos se ven surgir, la soledad al romántico enamorado le oculta el corazón pero el día menos pensado este alumbra por una canción que trajeron nubes entrelazadas como una es cencía que endulza un aire de vida. Inspirado el romántico enamorado con su mente fluyéndole letras volvió y evoco la imagen de aquella princesa.
Todo se puede escribir en papiros que oculta el arcoíris para mantener todo en secreto, se puede abrir con una llave de estrella que lleva el romántico en su bolsillo de adelante escondido dentro de una pequeña muñeca que alguna vez su hija le obsequio, en el bolsillo de atrás lleva un cuaderno cuadriculado ya muy ultrajado del tiempo y el uso; el cuaderno brilla cuando el romántico lo abre, el viento comienza a soplar y mientras se estremecen las células de su piel ve las hojas secas recorrer en un torbellino, una orquídea dorada aparece de la nada y el romántico enamorado comenzó a escribir: el mar y el sol te cobijaran en medio de un paraíso mágico para ser plasmada entre los dos mares y como una diosa la bella princesa loren hizo brillar la luna atándolo a su añoro por volver a verla. Siendo sorprendido por el plenilunio el romántico enamorado sus letras a medida que iban siendo plasmadas eran iluminadas para desaparecer y entre las estrellas renacer.
Qué bueno es recordar sus ojos de miel pensó, volvió y escribió mientras los pétalos de la orquídea se desojan solas, levitaron un rato alrededor y la flor dorada en un corazón quedo plasmado en el cuaderno.
El romántico enamorado pícaro a su alrededor observo y escribió: es bueno pensarte y dedicarte mil estrellas ¡porque no volver a pensarte! para escribirte una canción con los rayos del sol, irreversible no pensarte por tercera vez, reír porque que la princesa loren hace surgir para crear un paisaje donde el reino de la princesa es siempre luciente ¡e hipnotiza si te descuidas!
El agua lluvia no se hizo esperar, los ojos del romántico enamorado se volvieron a opacar, pero cuando volvió a clarear lento vio las gotas de agua lluvia vueltas un corazón, cada una de ellas destello hasta reventar para de nuevo unas letras a la princesa loren dedicar.
Definitivo, no hay marcha atrás y por más que el romántico enamorado quiera ocultar su corazón constante por ella no deja de preguntar ¡tun, tun, tun! ¿Dónde estás?
Tres veces el romántico enamorado suspiro mientras baja la montaña; su cuaderno arrojo al cielo, en una paloma blanca se fusiono que más allá de las nubes voló, el tan esperado poema en los cielos se forjo.
El día fue muy extraño, desconcertado quedo cuando de nuevo el canto le estremeció, esa dulce voz que armoniza un mundo de dolor en medio de su profuso amor.
El romántico enamorado disfruta de ir al acantilado donde un grito aclamando el nombre de la princesa loren se puede entre las grandes montañas escuchar, se dé vuelve en un eco que termina diciendo: lorenaaaaaaaa… que le hace sonreír y a su pensamiento sucumbir.

j.c.n-7-octubre-2012

Texto agregado el 16-11-2012, y leído por 112 visitantes. (0 votos)


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