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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Montañita

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En una cadena montañosa que rodea un hermoso valle habita una niña de piel trigueña que vive en un humilde rancho con sus dos padres, es hija única; la llaman montañita del pilar, usa falda muy recogida ajustada con pretina de amarrar confeccionadas con telas estampadas de auroras lucientes de mil colores nacientes en tercera dimisión que arribaron del sol. Su blusa es de escote redondo con mangas bombachas rematadas, lleva bandas de bolsillo con pasa cintas.
A montañita le encanta volear sus trenzas rematadas con moños blancos y verdes, como está haciendo buen clima usa pañolón de anascote, los flecos los lleva en la cabeza antorchados y no deja de preocuparse por sus candongas de oro que con mucho esfuerzo le regalaron sus padres, sus enaguas le hacen coleta, almidonadas y adornadas con latines, sus alpargatas de suela de trenza de cabuya con capelladas de algodón blancas amarradas con cintas blancas y verdes la luce bailando entre el viento que la protege mientras disgusta de unas jugosas fresas. En las mañanitas se encamina por ellas porque son más dulces y apaciguan la enfermedad de su adorada madre, su padre no cesa de labrar la tierra, sale muy de madrugada y arriba cuando la noche comienza a invadir el horizonte.
Los perros de monte se escuchan asechar constante en las noches frías, por ello es muy temeroso salir tarde. Puede ser que seas convertido en una inadvertida comida.

Montañita siempre está feliz y ansiosa de fresas para su madre que se encuentra muy adolorida. A montañita siempre le acompaña desde los cielos un enorme cóndor que siempre en las mañanas picotea el techo de su humilde rancho en busca de montañita para que le brinde dulces fresas en las mañanas.
Montañita sin fresas tuvo que encaminarse hacia la cima de la montaña del paraíso de las fresas, recolectando feliz de la dicha dedicándole canciones entre las nubes a Colombia y Antioquia estas desfogaron hermosas flores, el cóndor vuela entre los pétalos lucientes hasta que descendió y saltando continuo siguiendo a montañita, todo en el entorno es alegría para la dulce niña; el viento de nuevo la consentía mientras los hongos alrededor de los arboles se desenterraban y saltando uno detrás del otro brincaban tras el cóndor en busca de montañita que les hechiza con su esplendorosa sonrisa.
La niña introduce las fresas en una cesta de cabuya mientras el cóndor molesto intenta picotear los hongos que mejor se echan a correr riendo porque el cóndor no los pudo picotear, muy burle teros mirando hacia atrás a un pantano fueron a dar, el cóndor aleteo y gozo pero montañita comenzaba a sentir algo malo en su corazón, un viento muy fuerte le tumbo la cesta de las fresas de sus manos, montañita se detuvo y miro hacia el cielo y luego enfoco al cóndor que agitaba sus alas queriendo interferir con el caminar de montañita que caminaba como hipnotizada. Montañita hizo caso omiso a las constantes advertencias del cóndor hasta que una ráfaga de viento más poderoso la llevaba hacia un empinado risco de esa monumental montaña, soltó la cesta y esta cayo a la profundidad del risco, temerosa montañita se intentaba aferras de rices de los arboles, el cóndor alzo el vuelo por fin y el viento ceso y montañita sollozando se marcho para su rancho.
En las noches sintió más ruidos extraños de lo acostumbrado pero al amanecer volvió a la montaña del paraíso de las fresas, sin duda se siente cerca el rugir de un perro de monte. Su nombre es malvado y esta contagiado con la temible rabia, el viento lleva el olor de montañita que hace saborear a malvado constante, la espuma en su hocico es cada vez más abundante, sorprendida se encentra montañita cuando el perro de monte irrumpe, sin escapatoria esta montañita, el risco al frente y malvado rugiendo detrás; montañita llorando de miedo espera lo peor tapándose sus ojos, cuando el perro de monte corrió hacia ella este de pronto cayo dando tumbos hasta que el vacio fue a dar, el cóndor arrojo la cesta llena de fresas que había caído al vacio el día anterior, las fresas interfirieron con su visión.
Montañita siete fresas al cóndor le obsequio y comiendo a su casa arribo, el dulce de las fresas a su madre curo y cuando su padre llego después de unas buenas fresas su cuerpo descanso y en sus manos fuerte energía se acumulo, todos durmieron felices para en el nuevo día no estar tristes.

j.c.n-2-junio-2012

Texto agregado el 21-11-2012, y leído por 162 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2012-11-21 05:20:28 calidad cpimecuentos
 
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