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Inicio / Cuenteros Locales / KARISTESE / Es tiempo de elecciones parte 2

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Es tiempo de elecciones parte 2

La semana pasada fui a cenar con Rafael y me pidió una nueva oportunidad y le dije que no. No podía aceptar a una persona que sabía que me hacía daño. Los días pasaron mi hijo iba con normalidad a la escuela es un buen hijo y un buen alumno. Su profesora dice que vale la pena pagarle una buena escuela.

Un día viendo la televisión en casa puse las noticias anunciando que el cambio de poder se daría en pocos días. Las medidas de seguridad a los alrededores del palacio eran demasiado estrictas. Todos los días llegué tarde a mi trabajo debido a estas medidas de seguridad.

Un día antes del cambio de poder, una nota en las noticias me dejó helada. Claro no se compara con lo que unos días me iba a pasar. La conductora dijo que integrantes de cierto movimiento se encontraban en la explanada principal. Reclamando justicia y unas elecciones limpias. Era una situación de violencia. Hasta que en una escena pasan al padre de mi hijo haciendo disturbios. Mi hijo lo primero que dijo fue “mi papá está en la tele” el teléfono sonó y muchos de mis amigos no tardaron en llamarme para informarme lo que habían visto. Me moría de la vergüenza solo de recibir llamadas que decían que habían visto a Rafael haciendo disturbios en la calle.

Me fui a la cama llena de vergüenza y sin saber que decirle a mi hijo referente a su padre. No quería decirle cosas malas de él. Preferí cambiar de tema y ver televisión por el resto del. Las redes sociales llenas de temas referentes a política. Hasta que me encontré la una foto de un hombre que yo conocía. Se trataba de Rafael y en su descripción decía “economista. Maestría en economía y derecho. Defensor de la política libre y limpia. Padre responsable, buen hombre, esposo…” decía que se manifestarían el día de la transferencia del poder.

Me levanté temprano y no salí para nada por motivos de seguridad. Vi el cambio de poder por televisión pero no permití que mi hijo lo viera. Revisando las redes sociales a las 4 de la tarde tres listas de donde se veían nombres de heridos, detenidos y muertos como resultado de los discutidos de violencia física en las calles aledañas al palacio. Rafael no aparecía en ninguna lista eso me tranquilizaba.

Pasadas las 6 de la tarde sonó el teléfono. Se trataba de una señorita que me hablaba del hospital diciendo que estaba hospitalizado refale en un estado grave. Con herida de bala en el hombro izquierdo, fracturas en piernas brazos cabeza. Mi corazón saltaba tomé los datos del hospital para ir a verlo. Llamé a mi amiga Viridiana para que cuidara mi hijo.

Salí en mi carro al hospital. La cuidad era un caos. Avenidas principales cerradas las calles llenas de vandalismo. Me quité mis accesorios y guardé mi celular y cartera en mi ropa interior. Dejé el carro en un centro comercial y me fui caminado al hospital. Era demasiada la violencia que el trayecto se me hizo eterno. Con muchas dificultades pude entrar al hospital. Debido a que no tenía pase visita. En urgencias me indicaron que tenía que buscar a la persona en unas listas que tenían pegada en la recepción. Busqué en los heridos y él estaba en la camilla 33. Fui y él se encontraba dormido con numerosos golpes el todo en cuerpo, tenía la cabeza vendada. Una enfermera se acercó y dijo que el si sobrevivía es por un milagro pero las esperanzas eran mínimas. La enfermera me informó que no había quirófanos suficientes por remodelaciones. La bala se encontraba alojada en el hombro y sino lo operaba de emergencia podría perder el brazo. También dijo que tenía una grave herida en la pierna derecha y si no lo operaba podría perder la pierna. El panorama era aterrador. La persona que se encontraba en la camilla un costado falleció en el momento en el que la enfermera terminó de dar el trágico diagnóstico. La familia se encontraba alrededor de la camilla pidiendo que no se muriera. Yo no me imaginaba en esa situación. La enfermara me pidió que esperara afuera.

Pasé la noche entera en el hospital. Llegaban heridos, salían muertos, abogaban por desaparecidos. Y todo por pensar que con violencia podían arreglarlo todo. Ellos sufriendo mientras el presidente ya está en la silla gozando de una deliciosa cena en compañía de su gente. No entendía en que momento Rafael se metió en semejante problema. Lo peor es que estoy aquí cuando ya había decidido dejarlo por la paz. Pero se trataba del padre de mi hijo.

Por la mañana se me infirma que hay un quirófano disponible y que operarían a rafear. Fueron 8 horas de cirugía. 8 horas de angustia. Hasta que el doctor salió diciendo que todo había salido bien pero que seguía delicado. Brandon estuvo conmigo en el hospital para poder regresar a casa para bañarme descansar para ir a trabajar al día siguiente.

Los días pasaron sin ver mejoría y sobre todo sin que despertara hasta que una mañana abrió los ojos.

-señorita, su esposo ya despertó – se dirige hacia mí.
-no es mi esposo – dije molesta. Entré a la habitación junto con Brandon
-¿cómo te sientes? – pregunta Brandon.
-mal. Me duele la cabeza y todo el cuerpo. – dice quejumbroso.
-¡no pegaste tremendo susto! – dice Brandon.
-perdón.
-bueno me retiro, regreso más tarde.
-gracias. Cuídate. - Le recomendé a Rafael
-dice la enferma que no te has ido para nada.
-es porque no te puedo dejar solo. – le aclaré antes de que crea cosas que no son.
-buenos días – dice el doctor – ¿cómo se siente?
-¡molido! – dice de nuevo rafa.
-Usted llegó con herida de bala en el hombro izquierdo, fracturas en piernas, brazos, cabeza. Está vivo de milagro. Lo operamos hace dos días de una bala en el hombro izquierdo, la espalada morada, los brazos golpeados y no hablemos de la cabeza. Necesitará tiempo para recuperarse sus piernas quedaron muy lastimadas, necesitará una cirugía más en la rodilla derecha. Pediré a la enfermera que le traiga su medicamento. Permiso – dice el doctor y sale de la habitación.
-bueno ya viste el panorama. Voy a casa a ver al niño y traigo ropa para ti. No tardo.
-¡oye! Antes de que vallas gracias. – solo abrí la puerta y me fui.

La enfermera me dio las pertenencias de Rafael, entre eso me dio las llaves de su casa. Fui a casa para darme un baño y ver a mi hijo. Salí y me dirigí a casa Rafael pero cuando llegué la puerta de su casa estaba abierta. Había signos de vandalismo, donde el guardaba su dinero estaba saqueado. Parte de sus pertenencias de valor como tarjetas su reloj y anillo de graduación no estaban en su lugar. Era lógico que alguien hubiera entrado a robar. A los dos días antes de darlo de alta unos policías llegaron diciendo que Rafael no podía salir del hospital.

-disculpe ¿usted es Rafael castro?
-¿sí? ¿Qué pasa?
-no puede salir está detenido por disturbios el pasado viernes. Tiene que acompañarnos.


Continuara…

Texto agregado el 28-12-2012, y leído por 84 visitantes. (0 votos)


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