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Inicio / Cuenteros Locales / zorin / LA PARTICIPACION DE LA MUJER EN LA CONQUISTA DEL PERU

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Según los historiadores y cronistas parece que los descubrimientos y conquistas de nuevas tierras, fueron obra exclusiva de los aventureros que en frágiles naves cruzaron mares desconocidos, que con fuerza, heroísmo y coraje ampliaron los horizontes de los reinos católicos de Aragón y Castilla y con ello el poderío de la España del siglo XVI.

¿Qué papel desempeño la mujer Española o Portuguesa en estas jornadas?

Fue acaso la compañera y consejera distante, o el estimulo remoto para la acción.

Así surge la incógnita que es menester despejar, Blanco Fombona afirma enfáticamente que le falto al conquistador español el sentimiento del amor, que a ello se debió la dureza, la crueldad y el estoicismo ante el dolor, pero también deduce que el individualismo, la ambición y la misma ignorancia de los conquistadores que consideraron a la mujer como un ser inferior y como tal eclipsaron su acción, su esfuerzo y sacrificio, pues hubieron mujeres heroicas en las expediciones descubridoras, mujeres valerosas en la conquista, mujeres abnegadas en la dureza trágica de las gloriosas jornadas, mujeres aguerridas en las guerras civiles y en las rebeliones indígenas, mujeres mártires en todas las campañas conquistadoras, las mujeres marcharon siempre ya como compañeras inseparables, ya como mujer del soldado, impertérritas ante el dolor, ante las privaciones, ante la muerte, compartieron la gloria y la victoria de los conquistadores, pero jamás sus nombres fueron recompensados en la dorada hora de los rescates y repartimientos.

La mayoría de los conquistadores quedaron fascinados por la belleza de las hijas del sol, de las tímidas vestales o escogidas del Inca, de nuestras ñustas soñadoras, muchos por ellas ofrendaron su pasión desbordante, tejiendo esos poemas que todavía no han sido cantados, ellos en su loco frenesí crearon en los vientres el mestizaje continental, fusionaron dos mundos diferentes, bajo el imperativo dominador de la naturaleza virgen; al fundar las ciudades la mujer fue la piedra básica de la estructura urbana, la ciudad se asienta sobre bases religiosas y contribuye a que sus pobladores formen hogares, así sucede en Piura, Cajamarca, Jauja, Cusco, Quito, Riobamba, Lima y Trujillo se convirtieron en centros de hogares españoles, españoles indios, luego indio españolas, que mostraron las manifestaciones claras del mestizaje, fue el crisol donde se fusionaron, sangre, sentimientos, creencias y anhelos diferentes.
Allí surge la terrible rivalidad entre la mujer emigrada y la mujer indígena, entre la mujer de la clase humilde de Castilla y Andalucía y la mujer noble, heredera de las dotes y las virtudes de la gran raza de Pachacutek, a través de innumerables crónicas se entrevé la rivalidad femenina, los celos y la eterna tragedia sexual, hubieron muchas mujeres indígenas que no quisieron modelar en sus vientres al “nuevo indio” y por ello siguieron la suerte de Kori Okllo, aquella mujer que prefirió morir cruelmente antes de entregarse a los brazos fornidos de Gonzalo Pizarro, pero si hubo otras que sintieron un exótico amor por los hombres blancos poseedores del rayo, que llegaron en agiles corceles desde regiones distantes, que llegaron a convertirse en princesas, marquesas y nobles señoras de las cortes bastardas de Carlos V.

La historia guarda absoluto silencio sobre las mujeres que participaron de la trágica odisea de Alonso de Alvarado, en la conquista de Quito a través de los nevados y bajo las cenizas mortíferas del volcán Cotopaxi, igual silencio y mayor aun guarda sobre las mujeres fundadoras de Lima, hasta 10 nombres de mujeres se menciona que participaron de las inquietudes de don Francisco Pizarro y sus 15 compañeros, en la fundación de esta nobilísima ciudad de los reyes del Perú, entre ellas se destaca la figura egregia de Inés Huaylas, la ñusta hija de Huayna Capac que se convirtió en la esposa de don Francisco Pizarro, en la que tuvo 2 hijos llamados Gonzalo y Francisca, también merece especial mención Beatriz la bella esclava morisca compañera del veedor García de Salcedo, que en su solar de la calle de arzobispo en las primeras horas hacia vibrar su laúd, con romances y villancicos de su Arabia distante, o de las tierras de Andalucía que estaban bajo el predominio de los caballeros de la media luna, algunos autores dicen que entre Beatriz la esclava morena y sensual e Inés Huaylas la ñusta señorial y bella como una figurina de oro mediaron graves desavenencias.

Al año siguiente de fundada esta ciudad de los reyes, se produce la poderosa sublevación de Manco II en el Cusco, le sigue otro levantamiento al mando del caudillo Tito Yupanqui, en estos hechos perecieron 700 españoles poniendo en serio peligro el dominio español en estas tierras Incas, don Francisco Pizarro seguro del trágico fin de sus compatriotas en el Cusco, la de Almagro en Chile y las demás colonias conquistadas, impertérrito ante el peligro y mas heroico que Cortez, despacha la flota salvadora y con un puñado de valientes se apresta a la resistencia, pronto los navíos traen las fuerzas de Pedro de Alvarado, las que envía Cortez y las procedentes de Panamá y Santo Domingo, vigorizando así las filas conquistadoras, también llega un brillante contingente de mujeres acrecentando así la población femenina, progresivamente en los 55 años posteriores a la fundación de Lima muchos nobles españoles, con cargos coloniales arriban al Perú con sus esposas, parientes y criadas, hacia 1590 ya había varias generaciones de limeñas autenticas, aquellas que inventaron la saya que es netamente limeña, y usaron un manto muy parecido pero diferente a la mantilla y al rebocillo usado en España, fueron aquellas limeñas altivas las que se amotinaron cuando Felipe II hacia 1586 pretendió abolir el uso de la saya y el manto por inmoral, después empezaron a llegar los negros procedentes del intenso trafico de esclavos, que llego a aumentar la población femenina y de allí surge el cruce inevitable, produciendo las mulatas, las cuarteronas, las zambas, las chinas y las criollas, algunas de ellas fueron juzgadas por adulteras, blasfemas, nigromantes y hechiceras por la santa inquisición.

En 1589 gobernaba el virreinato del Perú, don Fernando de Torres y Portugal, conde del villar, era un hombre anciano y débil de carácter, que abrumado por las calamidades publicas no hizo nada a favor de esta ciudad de los reyes, atribulado por los ataques de la inquisición que lo llego a excomulgar consiguiendo que llegara contrito ante su poder sangriento, este virrey acosado por la debilidad y los años solicita licencia al Rey para volver a España, el Rey Felipe II en su lugar designa como virrey del Perú a don García Hurtado de Mendoza, ex gobernador de Chile, autorizándolo por primera vez para traer consigo a su esposa doña Teresa de Castro y de la Cueva, también una selecta comitiva real

El nuevo virrey García Hurtado de Mendoza, II Márquez de cañete salió de san Lucar el 28 de febrero de 1589, de Cádiz el 8 de marzo del mismo año, este sequito virreinal después de pasar con felicidad el istmo llega muy enfermo el señor virrey de gota al puerto del Callao, el 28 de noviembre de 1589 desembarca agotado por la larga travesía y es llevado en silla de manos, siendo recibido por el oidor don Cristóbal Ramírez de Cartagena, la tarde del mismo día desembarca la señora esposa del virrey en medio de vítores y aclamaciones, llega acompañada de 27 damas españolas, entre meninas, camareras y criadas, desembarca la comitiva en la que se encontraban también mas de 40 funcionarios acompañados de sus esposas, hermanas, hijas y domesticas, jamás el puerto del Callao había presenciado el arribo de tan brillante flota.
El saliente virrey don Fernando de Torres, conde del villar quien desde los acontecimientos que tuvo con la santa inquisición se había recogido en un convento de franciscanos situado en Magdalena, recibe la visita de un comisionado del nuevo virrey al que se le sirve una comida privada y los días posteriores fueron destinados a los preparativos de la recepción, durante todo el mes de diciembre de 1589 el nuevo virrey y su regia comitiva, dieron vida y lucidez con su elegancia al puerto del Callao, el virrey siente mejoría de sus dolencias y le comunican que la recepción se realizara el 6 de enero de 1590, recordando la mística efemérides de la epifanía y la fundación de esta 3 veces coronada villa ciudad de los reyes.

El 4 de enero de 1590 la señora virreina y su esplendido sequito pasan la noche en la hacienda de doña Elvira Dávalos, situada a las puertas de Lima, al día siguiente la ciudad virreinal empezara la fiesta, los campanarios de las iglesias anunciaban la proximidad de la comitiva real, las calles se encontraban engalanadas con arcos y tapices, de los balcones pendían ricos bordados de Damasco, luego siguió el paseo de alcaldes que instituyo don Francisco Pizarro, todo el pueblo se aprestaba para el gran recibimiento.

El 5 de enero de 1590 ingresa por primera vez a Lima la esposa de un virrey, la señora virreina estaba vestida de verde Nilo y llego en riquísima litera tapizada de carmesí, detrás de ella 4 lacayos conducían una preciosa yegua enjaezada con silla de plata y guarniciones de terciopelo con bordados de oro, que es un obsequio de la real audiencia; custodiando la litera de la esposa del virrey se encontraba el saliente virrey conde del villar y su hijo en briosos corceles, en otra litera era conducida la camarera mayor doña Ana de Zúñiga, seguida en lujosas carrozas de las 11 meninas, las damas de honor y las camareras reales, detrás venían las esposas de los funcionarios, la guardia de arcabuceros, los soldados con lanzas y los gentiles hombres que venían con las cabezas descubiertas al son de clarines, atabales y chirimías, aparte de otros instrumentos traídos por la comitiva regia.
La esposa del señor virrey en compañía de la real audiencia y el cabildo vestidos con ricos atavíos, fue conducida procesionalmente a la casa provisional de gobierno, pues el palacio desde donde se ejercía el poder con el terremoto del 9 de julio de 1586 había sufrido graves derrumbes, la llegada de la señora virreina y su sequito fue un verdadero acontecimiento en nuestra ciudad de los reyes, por la tarde y gran parte de la noche la señora esposa del virrey recibió la pleitesía y el rendido homenaje de la ciudad sin distinción de clases, mientras en la plaza mayor el pueblo hacia luminarias y fuegos artificiales en su honor.

Al día siguiente 6 de enero de 1590, el señor virrey don García Hurtado de Mendoza, Márquez de cañete fue recibido esplendorosamente, todas las calles por donde debía pasar estaban convenientemente engalanadas y entoldadas, numerosos arcos triunfales ostentaban composiciones poéticas en memoria de su nobleza y heroicas hazañas, además de emblemas y blasones, en eso llega el saliente virrey acompañado de la real audiencia, del ayuntamiento real, de la pontificia universidad de san Marcos y de altos funcionarios, para recibir el juramento protocolario al nuevo virrey y acto seguido en magnifica procesión se hizo la entrada triunfal.

Precedían este desfile grupos de bailarines indígenas con vistosos y exóticos atavíos e instrumentos, eran seguidos por la infantería al mando de don juan de Aliaga, los arcabuceros al mando de don Pedro Zarate, los gentiles hombres, los vecinos notables, la universidad y una compacta muchedumbre, en el otro lado venia la real audiencia, el caballerizo del virrey don Ruy Díaz de Rojas con varios lacayos de librea, los pajes, el guion, las corporaciones y colegios reales con uniforme de gala, el señor virrey venia bajo palio montado en un brioso corcel ricamente enjaezado, cuyas bridas conducían los alcaldes ordinarios el capitán don juan de Barrios y p. Santillán, las varas del palio carmesí eran conducidas por los regidores del cabildo, cuidando de la persona del señor virrey venia la esplendida guardia de alabarderos, en la retaguardia venían los gentiles hombres armados de lanzas.

Este singular y admirable desfile recorrió lentamente las calles principales de esta hermosa ciudad de los reyes, en las celosías de los balcones se encontraban las bellas mujeres de la ciudad que arrojaban mixturas y flores; la señora esposa del virrey esta acomodada en un rico balcón y ataviada con brocados, se encontraba acompañada por damas distinguidas presenciando orgullosa la entrada triunfal de su esposo, la comitiva se dirigió a la catedral de donde salió el clero y las ordenes religiosas, presididas por el arzobispo santo Toribio a dar la bienvenida al nuevo gobernante, una vez dentro del templo y acomodados conforme al ceremonial especial se entono un solemne Te Deum, al terminar los oficios religiosos la comitiva dio vuelta a la plaza mayor, siempre presidida por los comparsas indígenas que ponían una nota de alegría en esta trascendental ceremonia, luego al caer la tarde el señor virrey llego al palacio provisional y la solemne recepción se disolvió por este día, las fiestas prosiguieron por varios días mas, las diversiones populares como los juegos de caña, de alcancías, las lidias de toros embebieron el alma popular.

El virrey don Diego López de Zúñiga, conde de nieva había ya introducido en palacio reglas de cortesía, dictando disposiciones sobre el ceremonial virreinal, pero le toco en suerte a don García Hurtado de Mendoza, octavo virrey del Perú de imprimirle caracteres reales, instalando una brillante corte virreinal y dictando disposiciones sobre el recato de las damas de la corte, los cánones de la etiqueta palaciega y el complicado ceremonial cortesano, la corte virreinal en el Perú se instalo así deslumbrante de lujo y distinción, con una cortesía refinada y con los mismos atributos de la corte de Felipe II, el palacio que fue destruido por el terremoto de 1586 fue convenientemente reedificado, en sus doradas salas se dieron suntuosas fiestas, recibimientos y actos sociales de gran trascendencia aristocrática, a los sones de laudes y clavecines.

El palacio construido por don Francisco Pizarro solo había sido testigo de hechos de sangre, el asesinato del marques de los Atavillos, el asesinato de la tía de Inés Huaylas, el asesinato del factor illan Cuarez de Carvajal por mandato y con la presencia del virrey Núñez de Vela, asesinatos públicos y privados e ignorados otros, gran efusión de sangre en sus muros almenados, la muerte del tenorio virrey el conde de nieva asesinado en un lance amoroso por el marido ofendido don Manrique de Lara, es con el nuevo virrey don García Hurtado de Mendoza que se da inicio a una nueva forma de vida en el reconstruido palacio de gobierno, la corte virreinal cumple los cánones de una complicada etiqueta palaciega.

Muy pronto las damas de la corte, las meninas y camareras que acompañaron a la señora virreina consiguieron desposarse, acrecentando el auge de la corte, cuya elegancia y pompa, derroches y misterios llego a alturas en que podían competir con las brillantes cortes Europeas, desde entonces se inicia en el Perú la dorada época del coloniaje sibarita y sensual, elegante y alegre cuyo derroche y deslumbrante lujo pesaron por mas de 3 siglos, sobre las espaldas desnudas de los mitayos, de los trabajadores de los obrajes, de los yanacones, tiempo en que la corte virreinal ya sea bajo los Austriacos o bajo la exquisita y versallesca de los Borbones, hizo de Lima la ciudad encantada a donde llegaban en lujosos galeones títulos de Castilla, aristócratas, hidalgos y nobles de la metrópoli, exigiendo pleitesía y llenar sus arcas para volver al viejo mundo, como no lo pudieron hacer los conquistadores a derrochar el oro del Perú.

Texto agregado el 02-01-2013, y leído por 278 visitantes. (0 votos)


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