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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Nada es para siempre (sexta parte)

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Seis

La tarde estaba hermosa, soleada, la brisa de mar le daba esa maravillosa frescura que solo se aprecia en las ciudades de la costa. La plaza que Antonia Morán, había elegido para aquel encuentro quedaba cerca de la casa de Miguel, así es que decidió ir más temprano y esperarla sentado bajo la sombra grandiosa de un viejo fresno. La vio venir desde la avenida y le hizo señas para que lo viera, se veía hermosa en sus jeans, se parecía en cierta forma a su madre, algo más joven quizás pero tenía esa dulzura que le hacía confiar.

- Doctora usted sabía que yo no hablaba hace muchos años, ¿Por qué no dijo nada al respecto?

- Para qué, tu quisiste romper tu silencio, supongo que cuando tu quieras me dirás por que callaste y por que te decidiste a hablar ahora. Me interesa más saber que pensaste sobre nuestra consulta anterior y que hablemos de la pregunta que quedó pendiente.

- Creo que la entrevista anterior me sorprendió, no es que yo haya querido hablar con usted específicamente, había decidido hacerlo desde antes, mi madre decidió que ya no me quería internar más y eso me hizo pensar que yo debía cooperar también. Deseo vivir como las demás personas, quiero ir al colegio, tener amigos, no quiero ser el loquito de la familia. La entrevista anterior me dio esperanza, hablar con usted me hizo bien, usted me hace sentir que no todo está perdido para mí. Ya no me da tanto miedo hablar de lo que siento.

- Entonces pudiste analizar tus palabras anteriores, a que le temes, ¿a los espíritus en sí o a que tú puedas ver a alguno de ellos?

- Era un niño y veía a mi padre muerto por todos lados, yo trataba de alejarme de él pero siempre aparecía y me aterraba. Yo sabía que estaba muerto y que era su alma la que me buscaba, me daba miedo su cara, en vida el era tan feliz, reíamos mucho, jugábamos a la pelota, cantábamos, pero su rostro cuando se aparecía era de sufrimiento y a mi me asustaba. Quizás si lo viera ahora podría entenderlo y hablarle y decirle que no se preocupe, que no sufra por nosotros que mi mamá está bien, que no se preocupe por mí…

Miguel dejó de hablar, mientras lo hacía había cerrado los ojos evocando la imagen de su padre, al abrirlos se enfrento a los ojos de la siquiatra inundados de lágrimas.

Antonia se secó las lágrimas con rapidez y le tomó la mano al muchacho apretándole suavemente,
- Disculpa, no es muy profesional mi actitud, pero me hiciste recordar algo de mi pasado. Sin embargo, siento que tu padre debe estar feliz de escuchar que estas mejor. Sin duda para él sería terrible saber que por su culpa debiste pasar tantas penurias.

- ¿Doctora usted realmente cree que estoy mejor?

- Claro que si hijo, y tú también debes creerlo
.
- Pero todos los doctores que me vieron antes pensaban que yo alucinaba, y al final yo también llegué a creerlo.

- Sabes he visto a muchas personas que han vivido encuentros con sus seres queridos. La diferencia quizás es que tú te aterrorizaste y eso te traumó. ¿Si vieras a tu padre ahora, tendrías el mismo miedo de entonces? No me contestes ahora, me gustaría que pasaras por mi consulta mañana temprano, no tengo pacientes hasta la próxima semana, así es que podremos conversar tranquilamente. Quiero que pienses el por que de tu temor y si estás dispuesto a superarlo.

Se despidieron con un abrazo y Antonio vio alejarse a su hijo en dirección a su hogar, le dieron ganas de seguirlo o quizás acompañarlo, pero la advertencia de no acercase a su hija y a su mujer le detuvieron. Quizás más adelante.

Miguel entró canturreando a su casa, le gustaba escucharse, se sintió feliz, era extraño sentirse así, vio su reflejo en el vidrio de la entrada y se dio cuenta que sus ojos eran muy parecidos a los de la doctora Morán y entonces se dio cuenta a quien le recordaba esa mujer, tenía la mirada de su padre, sonrió y pensó que quizás esa era la causa de que se hubiera atrevido a hablar tanto con ella, era como si le hubiera podido encarar los miedos que le hizo pasar, volvió a sonreír pensando que tenía algo importante que decirle a la doctora cuando la viera de nuevo.

Encontró a su hermana estudiando en su dormitorio y se tiró encima de ella provocándole un susto, la besó en las mejillas y le dijo:
- Sabes me siento muy bien y me gustaría contarte cosas, sobre la terapia y sobre la siquiatra que me atiende, pero con una condición

- Creo que a estas alturas no me importa si me pones una condición “niñito”, lo que más deseo en la vida es ayudarte y entender por que has sufrido tanto, así es que habla todo lo que quieras

- No tan rápido “niñita”, tengo hambre y como hermana mayor tienes la obligación de alimentarme, así es que vamos a la cocina, esta es la condición: ayúdame por que mañana tengo examen de lenguaje y tu sabes que me cuesta mucho

- Realmente eres un fresco, pero está bien acepto tu condición, por hoy seré tu cocinera y tu profe de lenguaje, además la mamá debe estar por llegar así que recibamosla con algo rico.

El Padre Ramón había observado la escena y se dio cuenta que ya estaban listos, que debían volver por donde habían venido.

Antonio sintió la presencia del sacerdote, se había quedado en la plaza esperando, ansioso por ver si veía pasar a María.

- Buen trabajo hijo, ya es tiempo de retomar nuestro camino

- ¿Camino? ¿Qué camino?, no deseo volver padre, necesito estar cerca de ellos.

- Hijo no debes, no puedes, debemos devolver la vida que hemos tomado prestada, Antonia Morán debe volver, tiene personas que la necesitan, amigos, pareja.

- Entonces quiero otro cuerpo, lo necesito padre, debo ver a María, quiero ver a mi hija, necesito asegurarme que todo estará bien.
- Ya está todo bien Antonio, nada más podemos hacer, tus hijos y tu mujer han comenzado una vida nueva, tu hijo sanará lentamente, pronto se convertirá en todo un hombre. Solo que tu ya no puedes aportar nada más, ya lo ayudaste, corregiste el pasado, lo ayudaste a superar sus temores y será muy difícil que vuelva a caer.

- No!, yo quiero estar aquí, necesito estar aquí.

- Antonio, ya cometiste ese error una vez, cuando no sabías lo que estabas haciendo, pero ahora tienes conciencia. Hijo recuerda a lo que vinimos, ya está cumplida nuestra misión. Si te quedas vas a terminar revelando quien eres y eso si que sería otro gran error.

- Solo quiero ver a María y a Raquel, por última vez, Padre ¿que puedo hacer? - su voz se tornó suplicante -

- Déjame pensar un poco, quizás podamos encontrar una alternativa – dijo el Padre Ramón pensativo

Se sentaron en un de los escaños de la plaza, Antonio se sentía cansado, insatisfecho, vacío.
No se dio cuenta cuanto tiempo transcurrió pero supo que ya no era Antonia Morán, lo supo por que había olvidado como no dar tumbos en el aire y tuvo que concentrarse al máximo para poder situarse cerca del padre Ramón que lo miraba riendo de buenas ganas.

- ¿Es que nos volvemos sin que yo pueda verlas? Por favor lo suplico: no quiero irme así

- Mira Antonio, nos han permitido observar brevemente, te guiaré, pero cuando haya que irse debemos hacerlo, ¿Estás de acuerdo?

Antonio asintió en silencio, eso era mejor que nada.

Texto agregado el 07-02-2013, y leído por 139 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2013-02-09 01:09:04 Quiero saber en qué termina la historia!! (Me gusta la forma en que se dan los diálogos, son muy reales) gsap
 
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