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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Nada es para siempre (Final)

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Siete

María entró a la casa, se sentía rara, como si estuviera en falta, llevaba años trabajando en la misma clínica, conocía a todo el mundo, había asistido a miles de congresos de pediatría, fuera y dentro del país, pero a Jorge Farías lo había visto sólo hoy. Los habían presentado en la reunión de planificación de la mañana, no entendía por que nunca lo había visto antes, conversaron del trabajo y luego almorzaron juntos, se dieron cuenta que habían estado casi en los mismos lugares durante todos estos años, pero jamás se encontraron, hablaron de todo, María le contó de Antonio, él de lo triste de haberse separado de su ex-mujer, con la cual no habían tenido hijos. María le contó de Raquel y también de las penas y el sufrimiento de Miguel. Se sentía extraña, nunca había vuelto a fijarse en un hombre en todos estos años. Quería que pasaran luego las horas, para volver a verlo en la mañana.

Metida como estaba en sus pensamientos entro a la casa sin percatarse de los ruidos en la cocina, subió a su dormitorio y se cambió de ropa, se miró al espejo y se dio cuenta cuanto había envejecido, se palpó las mejillas y acarició sus canas.

- ¡Mamá!, ¿no vas a venir a darnos un beso? - gritó Miguel entre risas mientras Raquel le decía que les faltaba todavía terminar de disponer la mesa.

María sacudió la cabeza para alejar estos nuevos pensamientos que la inquietaban y le cosquilleaban el estómago y bajó corriendo las escaleras hasta la cocina, pero no estaban allí, se fue al comedor se encontró con la mesa dispuesta para los tres, sus hijos bromeando y riendo se le abalanzaron para ver quien la abrazaba primero.

Raquel había preparado su especialidad, espagueti con salsa y un postre de frambuesas, era la velada perfecta. Hablaron de todo, Miguel les contó de la psicóloga y de lo bien que se sentía, Raquel les habló de un muchacho de la universidad con el que saldría el viernes, iba un semestre más adelante que ella, María se quedó en silencio un rato y les preguntó

- ¿De que color debería teñirme el pelo?

Miguel y Raquel se miraron y las carcajadas no pararon en varios minutos, María al principio los miró desconcertada, pero terminó riéndose con ellos casi hasta las lágrimas.

Miguel apenas pudiendo sacar el habla entre risa y risa, sugirió que su pelo negro era hermoso, que por que no intentaba dejarlo del mismo tono.

- Ok, gracias hijo, eso haré

Sentados en el sofá a un metro de la escena, Ramón y Antonio observaban. Antonio pensaba cuanto deseaba abrazarlos, se acercó lentamente y sin pensar en nada besó a maría en la frente acaricio el cabello de Raquel y miró a Miguel de frente, el que se había quedado rígido ante su presencia. Antonio lo miró a los ojos le sonrió y ya sin dolor le dijo adiós. Vio en el rostro de su hijo que había entendido que ya no volvería más. Miguel le devolvió la sonrisa mirándole fijamente y después se volvió hacia su madre para decirle:
- Si mamá, creo que negro azabache es el color perfecto para tu pelo, creo que al papá le hubiera encantado.

Texto agregado el 08-02-2013, y leído por 159 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2013-02-12 23:43:28 Un cuento que deja un buen sabor en los labios, porque la sensualidad, la esperanza y la posibilidad de una dicha duradera, a veces es todo lo que pide el lector. Un abrazo y mis estrellas... gui
2013-02-09 01:13:37 ...Ups!! Una hermosa historia, emotiva, tierna, creativa, los sentimientos quedan a flor de piel en la medida en que los personajes se desarrollan...me encantó, te felicito, querida. Gracias por compartir tus letras. Un abrazo cariñoso!! gsap
 
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