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Inicio / Cuenteros Locales / yar / En dos ruedas

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En dos ruedas.


Nunca pensé que a estas alturas de mi vida, en mi camino se cruzara una aventura como esta chiquilla de líneas curvas tan perfectas y con cada cosa donde corresponde.

Solo con imaginar estar sobre ella; me siento excitado y feliz. Cada mañana todos los días, sea cual fuere el clima o el estado de ánimo.

Sentir el piso deslizarse bajo de mi, a veces hasta a 50 km/hr, es fan-tás-ti-co; lo más cercano a volar.

¡Que tal los ascensos!, cuando una colina allá adelante me invita a conquistarla. Como una delicada dama; de a poco, con detalles…

Cada metro cuesta y finalmente bañado en sudor en un sublime éxtasis llegar a la cima, y esto es lo mejor; hay otra y otra y otra, cada día ofrece nuevas alternativas, pues si deseo internarme en el bosque y la montaña, los senderos sinuosos ofrecen aventuras inimaginables cuando atravesando la bruma, esquivo por centímetros un tronco caído o tengo que apoyar un pie en el suelo por una curva demasiado cerrada.

Y entonces… ¿Qué tal que llovió anoche?

El piso resbaloso, necesito al máximo la tracción –potencia- para seguir subiendo y al pararme sobre los pedales, la llanta trasera se patina y salpica lodo en todas direcciones mientras precariamente conservo el equilibrio, esforzándome por no detenerme… es una sensación grandiosa, tanto que me ha creado adicción, hasta sueño con ello.

Lo cual es una ventaja, porque lo vivo dos veces.

Entonces de soslayo veo el sol asomarse tímidamente, iluminando los contornos de las montañas al oriente y el suave canto de las aves lo saluda renovando la promesa de un nuevo día.

Encuentro… ¡un rio!

Es una aventura antigüa en la época moderna.

Recargo mi bici en un árbol –previo a pedirle permiso-: me quito los guantes, aflojo el casco y mis piernas un poco temblorosas, agotadas por el esfuerzo, me llevan vacilantes a la orillita del maravilloso afluente de líquido cristalino.

Me acerco inclinado a unos centímetros del espejo de agua. No es muy profundo, ni muy ancho. Así que ahora me siento en una piedra plana y escucho el suave rumor del agua corriendo hacia su destino.

Me cuenta historias, la mayoría de ellas hermosas, pasan 5, 10, 15 minutos… ¿a quien le importa?

Mi cuerpo se ha enfriado, pues dejo de esforzarse con el ejercicio, me rodean arboles que casi no dejan pasar los rayos del sol.

La tierra esta húmeda y una ardilla desciende de un árbol y se para a unos metros de mí. Con sus patitas, erguida, parece saludarme, me siento tranquilo, en paz y contesto el saludo de mi peluda amiguita.

Que cuando me levanto un poco, sale rauda y veloz a la seguridad de su tronco.

¡Que ágil!, trepa con facilidad y se pierde en el follaje del árbol gigantesco.

Me inclino al rio y sorbo unos tragos de agua; tan fría, tan deliciosa. Aun tomo un poco en mis palmas ahuecadas y me lavo la cara con ella.

brrr… ¡esta helada!, je je je

¡Estoy vivo!

Veo al otro lado del rio y la pendiente me invita a conquistarla, a seguir subiendo. Lo pienso unos instantes.

Hoy no.

Alguna vez ya he subido por allí como otros dos kilómetros. Los paisajes son alucinantes y pareciera que si con solo estirar el brazo, pudiera tocar el cielo, el azul es tan intenso, el verde es tan hermoso.

Se que Dios existe y todo esto, esta para mi disfrute… gracias.

Me siento un poco engarrotado. Tomo el termo del cuadro de mi bici. Lo lleno de agua. Bebo otros dos sorbos, elijo una piedra del lecho del rio, increíblemente redonda, lisa.

La pongo en mi mochila –un recuerdo- y subo a mi corcel de dos ruedas para iniciar el descenso, lo cual requiere toda mi concentración;

Alguna vez…

Bueno, se los platicaré en otra ocasión.



al pie del volcán Xinantécatl
Toluca, México
febrero 2013

ray...

Texto agregado el 15-02-2013, y leído por 394 visitantes. (29 votos)


Lectores Opinan
2015-12-19 04:01:20 Subir la montaña en bici, qué hermosa aventura, qué placer, qué delicia, luego bajarla a toda velocidad. Recuerdo haberlo hecho hasta casi 80km x hra. Las endorfinas haciéndome chirriar de gusto, de felicidad. No entiendo tu relato, lo vivo. Un saludo Yar. Pato-Guacalas
2014-07-12 17:45:46 Qué bien, hay que tener espaldas para aguantar semejante esfuerzo mental y físico. Felicitaciones. filiberto
2014-07-11 10:36:04 Querido amigo aullador: a medida iba leyéndote y adentrándome en el texto, eventualmente hacía una pausa, cerraba los ojos y podía sentir el aroma a montaña, bosque y río que emanaba de tu relato. Porque, ¿qué es leer sino aventurarse a lo desconocido? Y escribir, otra aventura más profunda aún. Gracias por este paseo en bici por tus letras. Abrazo. juan_lespaul
2013-12-29 02:47:22 Sabes, al principio pensé que sólo era un homenaje motor, pero luego,a medida que avanzaba la lectura, me daba cuenta que no, que hablas de más cosas. De las cosas sencillas que dan esas pinceladas de felicidad tan maravillosas a la vida. ikalinen
2013-04-18 16:52:24 Ayss... quién fuera ardilla.... stracciatella
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