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Inicio / Cuenteros Locales / rauro / Cuentos para andrea

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Mi hijo el fréjol

- Sube hija.
- Al cuarto piso papá, ya
- ya hija pero pisa bien el pedal para que no te resbales, yo te subo pisando el otro, y bicicleteando nos vamos.
- ¿Vistes papá? ¿La enorme nariz de esa señora?
- Si la vi, hija pero ¿quieres que te cuente de una señora que parió por la nariz?
- ¡Si! ¡Cuenta, cuenta!
Esta señora era amiga de tu abuela, no me acuerdo bien de su nombre, pero la conocíamos com la señora Mainza. Todas las tardes llegaba a la casa, a conversar con la abuela. La primera vez que la vi me quede impresionado, no por sus bellos ojos verdes, ni por su pelo largo hasta la cintura, o sus uñas sin fin, si no por su enorme nariz, que parecía que había crecido mas que todo su cuerpo.
La señora Mainza tenía la costumbre de pedir siempre un vaso con agua apenas se sentaba, entonces yo desde el otro lado de la sala, la miraba y mi imaginaba que más que mirar el mundo, ella lo olía. Siempre me despabilaba cuando mi mamá me llamaba para que trajera agua. Nunca los niños se metían en las conversaciones de los adultos y mucho menos escuchaban sus tertulias, pero esa vez si que me quede perplejo.
- ¿Qué paso papá? ¡Cuenta, cuenta!
Yo, hija no escuche muy bien como fue que se le metió un fréjol en la nariz, pero el hecho es que debido a un dolor en la ñata, la señora acudió al medico, justo cuando éste estaba con sus alumnos impartiendo clases practicas. A ver -dijo el doctor- recuéstese y de inmediato los aprendices la rodearon. Con una larga pinza el doctor la introdujo en la enrome apéndice, con la expectativa de las miradas de los ñofitos, despacio y poco a poco, saco una robusta semilla de fréjol canario, que ya le brotaba raíces, y le siguió al unísono un ¡hooo!. Lo pusieron delicadamente sobre una cunita hecha de algodón, que todos miraron asombrados, los más audaces intentaron nombres para el neonato. La señora mainza, se dio cuenta que mientras todos observaban a su “hijo”, su blusa se había desabotonado, dejando ver unos de sus senos, pero no le dio vergüenza eso, sino haber parido por la nariz.

Texto agregado el 27-04-2013, y leído por 43 visitantes. (0 votos)


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