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Inicio / Cuenteros Locales / Adrian_Leiva_C / Sin Bencina

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Sin Bencina

La luz amarilla del tablero se encendió. Con eso él sabía que tan sólo disponía de veinticinco kilómetros para llegar a una gasolinería. En una cuidad tan grande como esta, seguramente en cualquier esquina podría cargar combustible. Sin embargo, no tenía dinero efectivo ni tarjetas de crédito. Tenía que cancelar con cheques, documentos provenientes de otra cuidad, de provincia. Por eso, en tres intentos fallidos, los vendedores no aceptaron su forma de pago.
Los metros parecían eternos y la indicación luminosa reverberaba su vista cada vez que la palanca de cambio era accionada. Por tiempo y distancia, su mente pudo entender que sólo faltaban minutos para la detención del motor e inapelablemente, la ignición de la combustión interna, detuviera su explosión. Por eso, a cada metro, fue bajando la velocidad, y tratando de recordar dónde había una Copec, o una Esso, o una Shell. Le daba lo mismo, sólo requería la aceptación de sus cheques y levantar el nivel de bencina. Por ningún motivo quedar botado en un auto del año, un vehículo de sólo meses, y por su alto valor económico, le daban una tremenda vergüenza el imaginarse a si mismo, marginado del tránsito, sobre una vereda, esperando que una grúa le llevara su carro nuevo. Imposible esta opción, sólo tener claro la tremenda necesidad de llegar a una bomba. Hurgaba en los compartimentos interiores del auto, algún billete olvidado para dar alivio al sediento motor, pero nada, increíblemente, ningún peso en efectivo, sólo los “malditos” cheques y su luz amarilla.

Otra estación de combustibles, pero esta oportunidad, sería la última. Cambiaría la estrategia, con la ayuda de la buena voluntad del bombero, y posiblemente lograría cargar bencina. Para ello, sacó un CD de Quilapayún, y puso una canción memorable, una del tiempo de la Unidad Popular. Con ella, el vendedor, simpatizaría con su causa, y le aceptaría el dinero abreviado.

Al son de “El pueblo Unido, jamás será vencido” el conductor del Subarú Impresa año 2004 y felizmente relajado, llenaba el estanque de combustible.

Adrián Leiva C.
20/05/2004

Texto agregado el 14-08-2004, y leído por 107 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-01-15 13:32:37 a veces hay coincidencias entrañables, cariños! efelisa
2004-09-02 10:02:40 no se que les das a tus personajes que me encantan. no es en si por la historia sino por quien la protagoniza y tu forma de narrarlo x lo que me gustan estos cuentos kassandra
2004-08-18 10:42:15 es un cuento simple ,pero , tremendamente efectivo , lo que me hace pensar que en lo cotidiano esta realmente la magia , te doy 4 basureros , poruqe me gusto de verdad adiosin!!! cjsdj
2004-08-17 03:07:52 Hay algo muy atractivo en este texto. Quizàs sea su narrativa, que me pareciò correcta, el hilo que es acertado, o el final, que es verdaderamente reflexivo. Creo que podrìas llegar a darle màs intensidad a la bùsqueda, màs suspenso, màs desesperaciòn, y rematarla con el mismo CD. Aùn asì, ha sido un placer. Oliveria
 
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