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Inicio / Cuenteros Locales / necoperata / CASI GARDEL

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CASI GARDEL

Supongo que todos tenemos un modelo, un referente, un ídolo. muchos a través de su fama o logros en alguna actividad, deportiva, artística, política o delictiva. Algunos lo son de muchos, otros de algunos pocos, pero todos tienen algo en común, la admiración que despiertan en un semejante. En la actualidad la mayoría son productos mediáticos, estos suelen tener tantos que los admiran, como que los odian, "lo que para uno es bandera para otro es trapo", decía el Gringo. Así lo conocíamos, como "el Gringo". No es que no supiéramos su nombre de pila, se llamaba Simón Ottazzi, pero llamarlo por su sobrenombre nos daba el prestigio de pertenecer a sus íntimos. Porque el Gringo era nuestro ídolo y había nacido y crecido en nuestro mismo y pequeño pueblo, unos ocho años antes que yo, pero sus méritos y su fama, habían comenzado en mi adolescencia. Era un ídolo local y de unos treinta kilómetros a la redonda, traduciendo a habitantes, diría de alrededor de cinco mil personas. Solo para cuatrocientos era el Gringo, para el resto era el Gringo de Blaquier. Y está pertenencia nos daba un orgullo y un prestigio que nos impulsaba a ser como él. Nos pelábamos a cero, imitábamos su forma de caminar, hablar, sonreír y todas las virtudes que enriquecían su personalidad.
En el fútbol, no digo que fuera Messi ni Maradona, en tenis, no era Del Potro, Nabaldían, ni Vilas, ni Loche, ni Ginnobili. Pero era todos ellos juntos , porque a lo que jugara, al billar, paleta o a la bolita era el mejor. No tenia maestro, ni entrenador, ni una mierda, aprendió solo. Hacía magia con todo lo que fuera redondo, a veces pienso que de haber sido astronauta, hubiera hecho jueguitos con la luna Por eso lo admiraban los de afuera, pero él no era solo eso. Recuerdo que salíamos de serenata y el Gringo cantaba, para nosotros era Gardel. Nunca nos acompañaba toda la noche, siempre se perdía en alguna ventana. Un depredador el Gringo, no les hacía el novio, ni el verso, solo y furtivo como un gato, saltaba tapiales y alambrados pero nadie sabía donde entraba. Aveces, en noches de verano, nos juntábamos a charlar en la plaza, antes de su ronda nocturna, y él nos hablaba de la vida, de los códigos de hombres y los amigos, entonces era el maestro,pero nunca sentencioso ni soberbio. De igual a igual, sin alardes, no chapeaba. Humilde, hasta en sus sueños.Tenía su filosofía, hay que ser, no querer ser, nos decía...Disfrutar del desafío, no del resultado, ni del triunfo. Porque el Gringo no tenía ambiciones, jugaba con la vida. El pudo ser Gardel, pero no quiso. Un señor el Gringo...Su nombre y su historia son leyenda. Su gloria, el amor de su pueblo. Yo soy uno de ellos.


Texto agregado el 16-07-2013, y leído por 168 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2013-07-16 06:52:27 Me encanto la frescura y la sencillez de tu relato. Lo leí de una sola vez, porque atrapó mi atención y lo voy a volver a leer. Van para el Gringo y para ti mis ***** zoiloro
2013-07-16 00:57:44 un personaje inolvidable. jaeltete
2013-07-16 00:45:53 hay tantos "gringos" como pueblos y todos son imprescindibles. elisatab
 
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