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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / El curioso 4

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Luego de meses de trabajo he decidido dejarlo… Nada es para siempre y los libros no me atraen tanto como antes… He llegado a mi cuarto y he juntado todos los libros… No deseo saber nada de ellos… Los he quemado… Dicen que estoy loco, pero, aunque no crean, el viejo parece haber desaparecido con ellos… Aunque hay un vacío en mí, por ello quiero irme lejos, muy lejos… He juntando todas mis cosas y me he despedido de todos… Mientras me alejaba escuchaba una vieja canción y me he puesto a llorar… Me hace sentirme muy solo, pero quiero vivir mi propia vida… Esté donde esté…
El auto que me lleva lejos de mi ciudad ha salido de noche. He tratado de hablar con alguien pero a nadie le importa mi historia… Por ello callo… Sigo mirando las viejas calles hasta salir noche adentro hacia el otro lado de mi pasado… Es tonto querer escapar de uno mismo, pero uno cuando se es joven tiene todo el derecho de equivocarse… Sigo viajando y no he podido dormir… El auto que me lleva hacia otro lugar a mas de mil kilometro de distancia se ha detenido en una especie de restaurante en mitad de un desierto y en medio de un silencio mortal… Todos han bajado… Todos menos yo… Me gusta ser el último… Ya solo, bajo…
Entro a un restaurante sucio y con una que otra mesa vacía… Los viajeros se han sentado, otros se han puesto a mirar la noche y otros más miran la carretera y los autos que de cuando en vez suelen pasar… He pedido un café y cuando tomaba una mujer se me ha pegado… ¿Cómo te llamas?, me pregunta… No quiero decirle mi nombre y le doy cualquiera… Ella se ríe y me dice si puedo invitarle un café… Le invito… Le traen un café en una taza blanca y medio despostillada por los lados, el aza está roto y la base es de otro color, la cuchara es muy grande, como el de una sopera… El café negro me gusta… Miro el brillo que ocasiona su fondo y noto como un espejo los ojos de la mujer… Es mestiza y de cuerpo manoseado, ya parece madre, creo que desea robarme o darme una pepa… No la vuelvo a mirar y me paro… Ella dice algo, pero no la escucho… Camino hacia el auto y antes de entrar le pregunto al chofer a qué hora nos vamos… Me responde que pronto, apenas los viajeros terminen de comer… ¿Puedo subir?, le pregunto… Me dicen que sí… Entro y noto que sobre el asiento lateral hay un libro… Tiemblo y siento que el viejo jamás me va a dejar… Lo cojo y lo leo… Es de Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”… Lo releo y me hundo en sus imágenes y magia… Amo la lectura, amo la vida, amo la belleza, estoy maldito… Apenas lo he terminado no me he percatado que ya hemos arrancado y el alborear de un nuevo día me besa el rostro… Es una bendición ver el amanecer en vida… Sonrío y cierro los ojos… Duermo sin saber hasta cuando… Sueño con el personaje del libro, con el zorro, el viejo, el aviador, etc, etc… Y siento mientras sueño que mi vida es el arte, el amor y la belleza… Todas atadas en un solo sentimiento…
Hemos llegado a una ciudad llena de personas de todas las razas… Bajamos todos con nuestras maletas y yo siento que todo empieza a escribirse, como un libro… Miro mis pasos y siento algo de alegría… Busco un lugar a descansar y lo encuentro… Un hombre enorme y de rostro prieto me recibe… Le pido hospedaje… Hasta cuándo, pregunta… No lo sé, respondo… El hombre me pide un adelanto… Se lo doy y él me da las llaves de un cuarto… Subo las escaleras y siento que alguien está a mi lado… Volteo y noto que es una mujer, una mujer mestiza… Es la chica del viaje… Me sonríe y siento que me invita a pasarla bien… Le cojo los senos y ella me pega su grupa… Es una mujer y un hombre… Entramos al cuarto y nos arrancamos las ropas… Hacemos el amor como los perros… Miro sus ojos y recuerdo el color del café, sus ojos brillan como luceros… Es una mujer despiadada… Le gusta el dolor… Le gusta el dinero… Le gusta el dolor ante un mundo loco y lleno de sombras…
Se ha ido y yo he quedado satisfecho… Miro la ventana y el Sol recoge mi atención… No hay sombras, no hay dudas… La vida continúa y yo me visto para buscar un laburo… Una vida nueva en un lugar no nuevo, pero ante mis ojos sí… Quiera Dios ayudarme a reventarme sobre un auto que me lleve a mi destino… Quizá sea mi muerte… Quizá sea esa mujer loca y audaz… No lo sé, por mientras tengo que hacer algo mas, algo así como laborar en lo que sea para poder seguir soñando en paz…

Texto agregado el 26-08-2013, y leído por 122 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2013-08-26 16:35:18 Me deja una sensación de renovación y búsqueda, aunque el personaje siga caminando al borde del abismo. Me gustó su fluida narración. Carmen-Valdes
2013-08-26 13:02:58 Se deja leer. susana-del-rosal
 
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