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Inicio / Cuenteros Locales / KARISTESE / Ángel.

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Ángel

Como todos los días salí a trabajar muy temprano, ya estaban las evaluaciones en la escuela y tenía que entregar las calificaciones en la dirección, ese día salí con todas mis cosas, mi maleta, mi bolsa y bien abrigada. Llegué a la escuela y di mis clases correspondientes a ese día, fue un día en el que todos mis alumnos tenían que haber recibido calificaciones y eso fue lo que pasó. Todos tenían sus correspondientes calificaciones. Al final de mi jornada diaria de trabajo salí de la escuela a las 7:00 de la noche, pero cuando llegó la hora de subirme al metro, me pregunté si yo tenía la necesidad de vivir todo eso, así que me bajé del metro y tomé un camión. Pero era demasiada gente que no sentía nada de frio, al salir me tope que el aire era terrible. Al a otro lado de la calle se encontraba una parada de camiones cuando atravesé la calle sentí un frio que me calaba hasta los huesos. En ese momento me di cuenta que no traía conmigo mi chamara, mi secretaria me llamó en ese preciso momento y me dijo que había dejado mi chamarra, le pedí que la guardara en el cajón.

Me formé en la fila y esperé a que llegara el siguiente camión para poder llegar a mi casa. Era un soplido espantoso, mi cabello volaba, los bellos de los brazos estaban erizados. De pronto un hombre llegó y se colocó detrás de mí y me hizo una pregunta que de solo de escucharla me ofendía.

-perdón señorita ¿tiene frio?
-¿como? – fue mi expresión. Era obvio que si tenía frio.
-hace mucho frio – dijo el hombre.
-es evidente – le dije y fue cuando sentí calor sobre mis hombros y espalda
-tome, para que no tenga frio – dijo el hombre. Me había puesto su saco en color negro en espalda para que no tuviera frio.

Recuerdo que nos subimos al camión y yo me senté cerca de la puerta de atrás y el hombre se sentó del otro lado de la fila de asientos. Perdí noción del tiempo y no vi en qué lugar el hombre se bajó del camión. Una zapatería se me hizo conocida y me di cuenta que me tenía que bajar. Al dar la media vuelta ya abajo del camión me di cuenta que en mis hombros estaba el saco que aquel hombre me había puesto en la espalda. Llegue a mi casa y dejé el saco en el sillón y seguí con mi vida.

El viernes en la noche sin poder dormir, vi el saco en el sillón pero se le salía una tarjeta. El cual traía una dirección y un número telefónico. En la mañana del sábado hablé por teléfono pero nadie me contestó. Me pareció de buen gesto comprar unas galletas de buena marca y llevárselas a esa dirección como un obsequio por lo que hizo por mí.

En la pastelería pedí de las mejores galletas envueltas en un papel celofán y un gran moño en color rojo. Al llegar a la dirección me encontré con uno edificio en color blanco al entrar podías ver departamentos de los dos lados desde el pasillo se apreciaban las ventanas y balcones de los departamentos. Subí las escaleras y llegué al número 12, toque varias veces y nadie me abrió.

Me di por vencida y bajé las escaleras y ya cuando me disponía a Salir del edificio un señor me hizo un par de preguntas

-buenos días. – dijo el señor.
-buenos días – le contesté.
-¿es nueva aquí? Nunca le había visto
-bueno yo no vivo aquí, más bien vine a buscar a alguien.
-vi que estaba toando la puerta del número 12. ¿Y que busca en ese lugar? – pregunta el hombre.
-busco a una persona y quiero regresarle su saco y le traje un pequeño detalle. No sé cómo se llama ese joven.
-pues si mira al reverso de esa tarjeta podrás verlo – giré la tarjeta y tenía escrito el nombre de Ramiro Fuentes Reyes
-oh! No me había dado cuenta de este nombre. Bueno me supongo que busco a Ramiro Fuentes Reyes.
-pues… creo que pierdes tu tiempo.
-¿porque?
-sabe, yo tengo toda una vida en este lugar, conocí a Ramiro desde niño. Era un hombre muy bueno. Sus padres lo querían mucho pero murieron dejándolo solo. Ramiro trabajaba para una fundación que ayudaba a gente en situación de calle. El mismo, con su dinero compraba cobijas y las llevaba a lugares donde vivían indigentes. Pero un día al salir a repartir cobijas lo arrolló un camión y murió. Eso pasó hace 20 años.
-¿como? ¿De que me está hablando?
-No es la primera que viene y dice que le quiere regresar su saco y no es la primera que le trae galletas. Casi todos los casos son mujeres.
-¿me está diciendo que vi a una persona que murió hace 20 años?
-véalo desde el punto de que el la protegió.
-bueno eso no lo discuto. Pero esa historia es un poco extraña
-si lo sé. El dueño del edificio no quiere rentar ese departamento porque no quieren que se pierda esa costumbre de que vienen a darle las gracias a ese joven que las ayudó

Salí del edificio helada por la historia. Regalé las galletas a un niño que paseaba por la calle con un aspecto sucio, pesando en regresar el favor a una persona que pudiera necesitar algo de comida.

Llegando a casa después de haber vivido esa extraña experiencia al ver a la ventana el mismo hombre que me dio ese saco para cubrirme del frio estaba afuera de mi casa y desde mi ventana vi que me mandaba un beso y al darse la vuelta un saco sobre puesto en su espalda lo respaldaba.

Siempre hay un ángel que te protege, pero sé que tú también lo puedes ser.

Fin.

Texto agregado el 28-08-2013, y leído por 200 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2013-09-02 04:01:12 muy bueno, el detalle de ser un angel que te cuida, me gusto. jaeltete
2013-08-28 04:31:33 Me recuerda la historia de la aparición de una mujer hermosa que enamoraba chicos en discoteques, estos les prestaban su chaqueta para abrigarla, y cuando iban a preguntar por ella, les daban una dirección de cementerio, estando allí su chaqueta,. Esta genial, saludos Legnais
 
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