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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / El cuaderno mágico de un poeta

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Es un hombre que el viento le dio por nombre poeta; mil poemas al viento con humildad ofreció, el viento con su cálido soplar los cielos de mil colores se iluminó.
Es un poeta callejero sumido en el total y crudo concreto donde dicen que los cuentos se desvanecieron y los bosques andan perdidos, si algún bosque quieres ver muy arriba te tienes que encaminar, hasta el cielo tienes que arribar, descubrirás una escalera eléctrica que te lleva hasta el sistema solar “que de infartó deliraras con su espectacularidad.”
Cuando el telón del cielo se abra para aquellos con imaginación o que apenas les comienza alumbrar, ellos mismos por allí se verán volar, las estrellas aplaudirán sin dejar de animar al poeta con sus letras que se creían marchitas.
Todo apenas comenzó cuando un cuaderno viejo con sus hojas amarillas encontró, estaba al lado de una contaminada cañada que tiene el nombre y apellidos de un niño a colores: sol naciente.
Su segundo apellido esta medio borrado por el agua, hay más cuadernos regados por el lugar, a ninguno de ellos le cabe una letras más para plasmar, al parecer fue un robo y botaron el tesoro que el niño tenia guardado, todo por llevarse un morral de marca muy reconocida.
Al fin y al cabo la lluvia todo lo devastó, empapado el poeta con cuidado pisa entre el pantano que lo lleva aun laberinto de calles que sólo están acompañadas de la eterna lluvia que a veces se torna huracanada, a veces parece que el tiempo se detuviera, pero no es así la lluvia es la que se detiene, el cuaderno parece estar embrujado, el agua no moja sus hojas y la tinta de las letras destella con cada gota que levitando en el aire esta.
¿Que letras podría componer para reanimar en el mágico cuaderno que tiene varias hojas en blanco? Se preguntaba así mismo el poeta ya que nada le quería fluir pero cada vez que asienta el lapicero en la hoja resalta lo que allí ya plasmado estaba ¡si debe estar embrujado ese cuaderno! Susurró el poeta para que nadie lo fuese a escuchar pero el tendero si escucho y este rió, se dedico atender mientras este volvía a mirar al poeta, se adentraba en la bodega muy apresurado para burlarse a los cuatro vientos ya que de frente carecen de argumentos para alimentar la profusa mente.
El poeta más bien se marcho para su casa, la calle donde a oscuras se quedo cuando la flama se extinguió ya que la cera de la vela se derritió.
¿Cómo expresar la desesperación de una ansiedad que no acaba? Pensaba de nuevo el poeta queriendo ser el príncipe de un cuento.
El cielo nocturno esta despejado, la luz de la resplandeciente luna alumbran las calles que carecen de luz, utilizando la luz de la luna que en el instante sin inspiración se evocó para poder leer lo que efímero se deja ver. Todo es magia decodificada o si no pregúntenle a las flores parlan chinas que andan de arriba para abajo rebosantes y llenas de vida.
El cuaderno esta escrito en su totalidad, lo que puede leer le dejan confundido y le hacen estremecer hasta que el viento sopla y le envuelve entre hojas caídas que nunca dejan su color marchitar, ruidos parecen asechar y se escuchan por todo el alrededor, el poeta se asusta cuando aullidos se manifiestan, parece la tierra temblar pero son los pies que titilan del inclemente frío ya que en un viaje sin predeterminación en uno de los polos se sorprendió, ventiscas que no dejan leer bien cuando sofocado por el sol en el desierto se descubrió, sudoroso esputa la arena de su boca, allí la arena lo envolvió y lo trasporto a la luna, luego al sol que le chequeo y un ojo le guiño como un grato saludo. Las estrellas esperan por un poema para hacerles destellar tantas veces como se pueda.
El poeta debe escribir entre el inmenso espacio exterior, no tiene ni pluma ni papel, va dejar los ojos abiertos para observar en su mente una sedienta bestia que asecha las letras y estas sin problema se confabulan para cuando este imaginando su texto en la luna se desee una princesa ya que el reino es soñado.
Fue mucho lo que escribió el poeta en la luna, se cree que es el humo dulce que lo lleva allí pero su porro posa todavía sin encender.
El poeta siente el sublime placer de la magia que cada tarde le puede sorprender, la bruma de las penas van a desaparecer para de nuevo respirar una letras más que se quiere inmortalizar.

j.c.n-24-05-2013

Texto agregado el 05-09-2013, y leído por 137 visitantes. (0 votos)


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