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La causa de su miedo Ha respirado sin pausa. Hondo. Más hondo. Sin pausa. Ha respirado. Se ha sentado a meditar, a ser meditado. Se ha sentado y no se va a parar. Ha tenido dos espasmos, perceptibles. Y otros dos, imperceptibles. Se ha visto rodeado, después de librar mil batallas. Impávido, ha querido recuperar el color en sus mejillas y regalarle el temblor de sus manos al desvarío. Pero, nada le ha resultado. Su cabeza ha coronado espinas. Las rosas se le han clavado en sus manos. Se ha parado, sin pausa. Ha llevado sus manos hasta el centro de su tormenta y se las ha ofrendado. Ya le es inocultable: la ama. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |