Inmaculada, blanca, perfecta.
Luminoso su nombre, Lucía.
Huracán ceniciento, ella,
que turba un cielo de espejos:
mi alma impoluta –por ella–.
Nube negra, eléctrica, su pelo,
que descarga pasión –amor–
allá por donde camina –danza–.
Seda blanca, antártica, su piel.
Suave, clara, luz de luna,
transparente. Rezuma dulzura.
Estrellas insondables, sus ojos.
Dos cielos glaucos, radiantes.
Enamoran, fascinan. Niña de mis ojos.
Inmaculada, blanca, perfecta.
Luminosa ella, Lucía.
…Lucía sólo…
…Lucía efímera…
|