La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / bamaka / Descendente remolino

 Imprimir  Recomendar
  [C:536520]

Como pudo dejó caer sus pasos, parsimoniosamente uno a uno sobre esas escaleras de pesada argamasa, aquello parecía un acto de valentía y dignidad que no dependía en absoluto de su voluntad, lentamente escuchando el eco que causaban esas zapatillas color marrón al golpear con el cemento, contó el onceavo escalón y dio un suspiro profundo, como si saliese desde las entrañas de alguien resignado a ascender al patíbulo o descender a los infiernos. Era una tarde del mes tercero del año, común y corriente como suelen ser todas las tardes en ese lugar del trópico, el sol estaba en su punto medio, el cielo lucía un color celeste desteñido, el reloj seguía dando su incesante y fastidioso tic tac, mientras un intenso calor manaba por los poros de su cuerpo; ese canto rechinante, -un zumbido abrumador que producían las cigarras trepadas en los árboles, daban un toque particular a esa tarde de verano, -sintió que la cabeza le estallaba, empezando por las membranas auditivas-; por un momento sintió que un día también fue patojo, quiso hacerle berrinche a la vida, pretendió dar un alarido, pero sus fuerzas no se lo permitieron, como pudo recobró la conciencia y observó que lo observaban, con silbidos y sonidos producidos al golpear la lengua con el “cielo de la boca” hizo llegar a Etra, quien moviendo el rabo y dando saltos se puso a sus órdenes, internándose ambos en el bosque, -de vez en cuando, es bueno espabilarse, salir de sí y buscar en el bosque la armonía, -se decía para sus adentros, mientras Etra, invadida de contento y libertad se adelantaba metros de su amo, dando vueltas tras de sí, como persiguiendo su propio rabo.

Los árboles frutales despedían ese olor empalagoso que atraía a los insectos, se sentía el olor a mango, a nance y a guanábana, mientras ambos caminaban, a lo lejos se escuchaba el crujir de las hojas de los árboles y las aves despavoridas emprendían vuelo y trepaban en lo más alto de las copas de los árboles, no así las cigarras impávidas con su incesante y unísono canto. El sol casi llegaba a su ocaso, y la negra noche intempestivamente hacía sentir sus pasos, pasos de mujer grande por el bosque, apocando a una tierna y creciente luna que coronaría a esos días que suelen llamarse “sacros”. Las aves nocturnas lentamente salían de esos recovecos que buscan para huir de la luz del día, y conforme la noche se tendía más espesa, levantaban vuelo y hacían acto de presencia en ese bosque, que cada vez se hacía interminable, mientras Etra y su amo, a tientas pretendían encontrar el camino de regreso.

Transitaron por barrancos, quebradas y riachuelos, quizá ambos presintiendo a su manera el ataque de una fiera, el resuello de la muerte, el frío del metal, cuidando de no dar paso en falso, camino al despeñadero. Las cigarras habían dejado de cantar, el tiempo había transcurrido, la noche había llegado, o quizá se había despedido, ya no tenía cabeza para recordar el hastío que sentía esa tarde de verano, no sabía explicar esa fuerza o inercia con la cual se había internado en el espeso bosque, y comprometer la integridad de ese noble y leal animal. En lo más profundo de sus entrañas, en esos momentos y en tales circunstancias cuanto desearía que la naturaleza le hubiese dotado de alas, como pudo trepó la enorme peña, no podía imaginar cuántos metros tenía que escalar cuando veía hacia arriba y tampoco a que profundidad caería cuando veía hacia abajo; como pudo clavó sus uñas en el vientre de semejante pedrusco, según él, algún impacto le iba a causar, quizá se movería por un instante, metería el vientre o sentiría las cosquillas que le hacía, pero todo inmóvil, inmutable; y al echar la vista abajo sombras, rostros, imágenes desdibujadas le gritaban, e incitaban para que se aferrara del peñasco y siguiera cuesta arriba. Etra aullaba y daba vueltas pretendiendo trepar, cansada y resignada echó al suelo al pie de opulenta oscuridad.

Desde la cima, sus ojos contemplaban los tejados de la casas, vómitos de humo salían de algunas chimeneas, que ligeramente se confundía con las nubes, debajo de las uñas de sus dedos salían borbotones de una sustancia amarillenta, en el pecho sentía un profundo vacío, cada vez que se golpeaba con el puño, escuchaba cierta resonancia que le hacía suponer que le habían extraído el corazón, algo le faltaba. Intento descender arrastrando su pesado y malherido cuerpo, observó que el pedrusco del cual pendía tenía una posición perpendicular, intentó gritar pero no pudo, intentó saltar pero no existía gravedad, un profundo escalofrío recorrió todo su cuerpo, a tientas tiró su mano derecha a la espalda para sentir sus alas, pero alas no tenía. A lo lejos vio que Etra aullaba, y lentamente iba descendiendo dando vueltas como pretendiendo atrapar su rabo, buscando el punto inicial de la espiral, cerró los ojos, acalló sus pensamientos, siguiendo por instinto imaginario, las huellas del animal, como cuando un niño repasa el contorno de un dibujo. Gradualmente iba dando vueltas elípticas más profundas, cual resorte al pegar fondo no tendría compasión de él y lo lanzaría de un solo cachimbazo; los dos aullaban, gemían y clamaban desde lo más profundo de Xibalbá.

Aunque su cerebro y su espíritu ya no tenían ni un segundo de sosiego y de quietud que le permitiera tomar una decisión, elevar una plegaria por su alma y por los suyos, repentinamente divisó una nube de luciérnagas en la oscuridad –era la aldea completa que descendía a rescatarlos, liderados por el cura, el pastor, la bruja y el Chamán. Sonó el despertador, interrumpiendo el desenlace de esa pesadilla, daban las seis cuarenta y seis, desemperezándose y dando de bostezos se dijo para sí –quizá todos los días merodeamos al borde del abismo, en las fauces de Xibalbá, al filo de la navaja, sintiendo el frío del metal.

Texto agregado el 02-02-2014, y leído por 132 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2014-06-08 03:42:10 Auuuuuuuuuuu !!! diferente texto, pletorico de imagenes y sentidos; me llevaste de la mano por los senderos sinuosos en la penumbra... me gusto mucho. Te leere amigo. Cinco aullidos en lo más profundo del bosque yar
2014-02-02 12:42:57 soñabas! rentass
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]