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Inicio / Cuenteros Locales / necoperata / EL YETA (ultima entrega9

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EL YETA (Ultima Entrega)

Cuando Imprevisto cumplió diez y ocho años, gracias a la beca de la ley de padrinazgo, entra a la facultad de psicología, allí se encuentra con Freud, Piaget, Lewin, Lacan…No por casualidad, sino porque estaban en el programa de estudio. Hago la salvedad para que no me tilden de delirante. Al que conoció por casualidad fue a XXXL, lo llamaban así por su tamaño. , Con él le tocó compartir la pieza en una mugrosa pensión de San Telmo, quien le presentó a su novia Romina. Imprevisto quedó deslumbrado por ella, pero tenía sus códigos y evitaba cualquier situación que le fogoneara las ganas, pero mirá lo que son las cosas, un día va a tomar un colectivo, se equivoca de parada y se pone en la fila. Delante de él una chica.
.- Yo a este culo lo conozco…Se dijo, le preguntó la hora para verle la cara, pero no, nunca la había visto. Era bonita la piba, tenía buenos faroles, paragolpes y un radiador brillante. Desde su época de mecánico le quedó esa costumbre de comparar a las minas con los autos..
.- Las veinte y treinta. Le dijo ella con una sugestiva sonrisa.
.- Gracias…Mirá vos, creí que era más tarde…
,. No, es temprano, bueno depende para qué… Ah mira, ahí viene el colectivo. Imprevisto se dio cuenta que no era el suyo, pero como si algo le sobraba en su vida era tiempo y lo que le faltaban eran mujeres, subió a la aventura, Se sentaron juntos, bien juntos, como para sentir su pierna y su brazo pegados y siguieron hablando. Algunas paradas más adelante levanta la vista y ve caminando hacia el fondo…Si, adivinaste…Decime si no es casualidad. Se levantó de un salto, dejó a la piba hablando sola y fue tras ella…
.- Romina !...
. Carlos !... Exclamó ella y se arrojó a sus brazos. Aquí se hacía llamar por su segundo nombre, a Saúl no lo usaba, no le caía bien. Sonaron violines, luces de colores iluminaban la escena, el perrito del parabrisas decía sí con la cabeza. Bajaron abrazados, a la sombra de un árbol cómplice se besaron furiosos. Se perdieron los códigos, barridos por el deseo descontrolado. Cuando de pronto, de atrás del árbol aparece él…Loco, loco, loco…Es XXXL que lo revienta a golpes, se lleva a la Romina, y un ángel, un soldado y una niña, les dan un valsecito soñador.
Tiempo después, se encuentra con un amigo del pueblo, que recordando su berretín de cantor lo entusiasma a presentarse a un concurso “Buscando la voz del tango”, el ganador firmaría un contrato con Don Osvaldo. Se presenta y gana por aclamación, “el sueño del Pibe”, se dice el muchacho. La noche del debut, imagínate la tensión, emoción, suspenso, expectativa, y cagazo que tenía Carlos… Comienza a sonar la orquesta. Carlos avanza con paso firme hacia el micrófono, mira al maestro, el maestro lo mira a él, le hace un guiño, brota su voz y el maestro lanza un grito de dolor… y sus manos son dos garras, que se agarran y desgarran a su corazón. Ni San Pugliese pudo con su mufa. Pero yo pienso que fue casualidad, le podría haber pasado con cualquier otro, en realidad la mala suerte no existe.
FIN













Texto agregado el 10-04-2014, y leído por 123 visitantes. (1 voto)


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