PLATICANDO CON NERUDA
Pudiste haber escrito los versos más tristes esa noche. Y lo hiciste.
Nosotros tuvimos la opción de no abrir la botella. Ahora estamos borrachos, recitándote.
Qué falta me hacen tus recetas, mi querido Pablo. Tu perfecto remedio para evadir su sonrisa; mientras ella abre ese bolso enorme en busca del ticket que hace las veces de separador de página.
Lo que son las cosas, antes de descorchar la botella alcanzaste a decirle: “para que nada nos separe, lo mejor es que nada nos una”.
Se dice fácil, ¡se dice tan fácil Pablo!
Créeme que estuvimos a punto de guardarla hasta el fondo, detrás de las latas de conservas; pero al amanecer, antes de que saliera el sol, ya era demasiado tarde. Algo nos unía, y sin sospecharlo, todo nos separaba.
Andén 31... ¿Destino? –vaya broma.
Mira Pablo, mira cómo confesamos lo vivido. Necios en perfecta ilusión, jugando a recordar la hora más larga de aquella noche; al menos mientras la chica del altavoz anuncia el autobús.
|