Entre barro, vino y frio, mi amigo León, quien de apellido lleva Tolstoi, me dijo que ya no aguantaba mas, que la gente no comprendia su filosofía. Adentrandome en su esqueletica mente, busqué la piedra fundamental, y cavilé al hallar al viejo Orson, que con perdida mirada, rastrillaba el piso en busca de quien sabe que utopía.
Pero el henchido valor que nacia en mi corazón me empujó a hacerle una pregunta.
-Jefe- dije en tono respetuoso - ¿no sabe que hora es?.
El viejo levantó la mirada, con parsimonia elevó su mano y apuntó con el flaco indice hacía mi.
-Hora de ver al Creador llorar- dijo y desapareció.
Contuve la respiración, miré hacía abajo, justo donde el viejo observaba y con una lágrima asistí al último espectaculo divino, El Señor se hallaba haciendo las maletas. |