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Horizonte lejano

El guerrero águila azteca toma con firmeza la lanza con punta de obsidiana. Respira profundo y con un movimiento elástico la arroja con fuerza en dirección a un blanco lejano.

La lanza de unos dos metros de longitud traza una curva en el aire y atraviesa la madera a un palmo del centro marcado. Multitud de astillas saltan en todas direcciones.

Ayácatl se yergue. Sus 1.84 metros de estatura lucen esplendorosos. Ataviado con una malla de algodón que cubre su tórax, un taparrabos con adornos de oro a los costados, sandalias amarradas a sus tobillos, y un penacho de vistosas plumas de colores imitación de quetzal. Lleva también en sus muñecas y bíceps brazaletes de plata. Cada adorno y cada pluma ganados en batalla.

Sus compañeros aplauden el magnifico lanzamiento. Aun el sacerdote inclina ligeramente la cabeza ante su destreza.

El guerrero águila esta molesto. Sabe que no es suficiente. Se inclina, toma tierra. Frota con ella sus manos. Una nube de polvo cae al piso. Su mente se impregna de las noticias llegadas de Cempoala (1)

Mensajeros del Tlatoani (2) comunican de la llegada de hombres blancos y barbados que flotan en el mar sobre pequeños cerros. Traen el trueno en sus manos y montan enormes venados sin cuernos. Las noticias son inquietantes, pueden matar sin tocar.

Una nube brota de sus brazos, acompañada de un poderoso estruendo. Su cuerpo es duro y brillante como el oro.

Con ellos viene Tonatiuh (3) cuyos cabellos dorados caen más abajo de sus hombros. Dicen que su apostura sólo es superada por su crueldad y ambición.

Ayácatl centra en Pedro de Alvarado sus anhelos guerreros. Dicen que son dioses. A él no le importa. Ha esperado mucho tiempo un rival así. Triunfante en las guerras floridas contra los tlaxcaltecas, en su interior sabe que le espera una batalla como nunca ha tenido.

Ve el sol en el cenit. Contempla la gran pirámide dedicada a Huitzilopochtli. Deidad sedienta de sangre. Nunca satisfecha.

Toma su macuahuitl (4), invita a dos guerreros a atacarlo. Con su brazo izquierdo sostiene su escudo. Avanza. Recibe un poderoso impacto, solo levanta el escudo unos centímetros. Lo amortigua. Responde con furia. Hace caer a su oponente. Momento que aprovecha el otro guerrero para descargar su macuahuitl. Aunque no tiene los aditamentos de dientes filosos de la batalla. El golpe hará mucho daño.

Ayácatl se mueve con rapidez a su derecha, rueda sobre el piso. Se incorpora. Antes de su contrincante se ponga en guardia. Salta sobre él como un tigre. Sus 94 kilos caen sobre el como una piedra. Aprisiona su garganta con el antebrazo, casi lo asfixia. Afloja la presión. Se incorpora. Le da la mano levantándolo.

Los guerreros jaguar derrotados se alejan sumisos. Saben que Ayácatl es invencible. No es un deshonor lo sucedido.

Ayácatl toma su capa de vistosos colores, la sujeta a su cuello. Camina majestuosamente hasta el borde de un peñasco. Observa la preciosa ciudad de México-Tenochtitlán con sus imponentes pirámides, sus calzadas atestadas de gente. Los lagos que la rodean. Una obra arquitectónica que durara siglos y dará fe de la grandeza del Imperio azteca. Su corazón se inflama de orgullo.

Una ráfaga de viento infla su capa. Sus largos cabellos negros ondean en su cabeza. Contempla con fijeza hacia el volcán Popocatepetl. Una fila de hombres con brillantes armaduras desciende por una ladera (5)

Los mensajeros tenían razón. Vienen los “dioses”. Con ellos el apodado Tonatiuh.

Se mantiene erguido con altivez.

Acaricia con la mano derecha el cuchillo de obsidiana que pende de su cintura.




al pie del volcán Xinantécatl
toluca, méxico
septiembre 2014

ray..


Dedicatoria:

Al estupendo escritor y mejor amigo umbrío. Le gustan los textos prehispánicos.



(1) Cempoala fue el lugar donde desembarcaron los españoles, lo que ahora es Veracruz.
(2) Rey. En la época de la conquista era Moctezuma.
(3) El sol. Apodaron así los indígenas a Pedro de Alvarado –lugarteniente de Cortés-
(4) Garrote de madera con incrustaciones de obsidiana en forma de picos.
(5) Era el 8 de noviembre de 1519; fecha en que Moctezuma y Cortés se encontraron.


Texto agregado el 14-09-2014, y leído por 458 visitantes. (26 votos)


Lectores Opinan
2015-10-17 02:54:35 Impresionante! Casi puedo sentir la mirada de Ayacátl sobre mí y a esas huestes de "Tonatiuh" viniendo sobre las que ahora son calles de concreto. Quisiera saber cómo terminó la batalla de Ayacátl contra esos cientos de invasores... Arenyndriel
2015-03-08 00:18:29 Late la épica. No hay renuncia: de un trago. Buenas palabras, feliz relato. BRINCALOBITOS
2014-10-04 06:53:22 Bravo, con un sonoro aplauso, pues al menos para complementa mis precarios conocimientos adquiridos en mis tres viajes al México y su gente, querido por mi. Todas las estrellas, desde estas lejanas y lluviosas tierras valdivianas en el sur de Chile. lionel
2014-10-04 06:53:01 Una narración con un muy buen hilo conductor que invita a lector a seguir leyendo el texto que viaja en una prosa bien elaborada y por supuesto con toda la información que su autor quiere entregar acerca de los ancestros del pueblo mexicano, aztecas, en particular a través de Ayácatl, de quién el autor siente un gran orgullo, lo cual manifiesta al mostrar en él como eran estos ascendientes. Continúa... lionel
2014-09-30 15:51:08 Me gusta, me informa y aprendo mas, he aprendido mucho aqui. 5* bishujoo
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