Al tiempo que suspiras, la herida se abre y se cierra, tu sangre mana lentamente y tus ojos vidriosos van mirándo uno a uno nuestros rostros, como parando un instante el tiempo, como para indicarnos tu recuerdo compartido con Julia, Berta y Gloria.
Mirando a Julia, te acordaste cómo la llevaste corriendo por la pradera y le enseñaste a reir, a ella, que jamás había sentido ni un minuto de placer, le enseñaste que llevar el cabello al viento no era vanidad sino apenas algo natural.
Fijaste tu vista en Berta y ésta instantaneamente sintió el escalofrío de tu reproche, siempre le reclamaste su soberbia, pero admiraste su valentía.
Los paseos con Berta eran siempre impredesibles, ella a la montaña, tu al riachuelo, terminaban en un empate y llegaban a los pastizales, Indomable, indolente Berta, siempre estará contigo.
Gloria no facilitó tu existencia, metida en líos, metida en un elocuente silencio que luchaba entre el ser y estar.
Compartiste el sueño, el vuelo y la travesura.
Te dió rabia y lloraste cuando se enamoró y falló.
Sufriste pero te levantaste cuando Gloria se levantó.
Ahora aquí, las tres despidiendo tu vida.
Las aletas de tu naríz denotan tu esfuerzo al respirar, tu sangre mana.
Con la crin al viento empiezas tu última cabalgata y Julia, Berta y Gloria, Aprietan el gatillo...
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