Fuí la primer persona en despertar y cuando lo hice, descubrí que el fin había llegado ya.
El cielo estaba rojo, la tierra estaba abierta y abajo pretendían haber hoyos hacia la eternidad.
A pesar de haber extrañado ese extraño ritual, me asombré no más que a los que no les era familiar, me despedí y me aventé.
La nubes hacían un extremo y las repugnantes y patéticas mariposas que pretendían ser como ángeles castrados, arrastrados, opacados, olvidados, hacían un anzuelo en el cual yo soñaba que podíamos caminar de la mano sin ser expulsados.
Desperté y observé mi realidad: era yo solo un ser humano, castrado, arrastrado, opacado, olvidado. Yo hacía el anzuelo. |