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Inicio / Cuenteros Locales / ellocutorrojo / En el laboratorio

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..!A es Sersius¡...
al ruido de Sersius ya nos habíamos habituado, en la antelación de una moneda muy oxidada, y muy pobre, y que cae en la tierra perdida, olvidada por la musas de una piedra nativa de mi mar, el está muy exhausto, puerto de faros llenos de esos musgos, los profundos y ahora muy gastados, herrumbres, olvidados y esta es ahusada como la pilastras es de un cobre y entonces despistada en su batalla sin luz y que es sucumbida en su desierto y en su torre de piedra airada, disgregada en metales de honor hendidos y porfiados, son sumisos las hondonadas de la nieve, es mía la sequía de los valles, en el hontanar que comienza en la antigua cordillera Andina de los aires, en lugares raros de malezas algaidas, en su mármol de noche traslucida, de hojas fluidas y extraviadas, en cristalerías de una sola calle (un solo cristal) y de unos solos ojos para un solo vino que forma parte de solo y cercano (en relación a su cercanía con el mar) Mercurio y de una solitaria y titilante Venus, en mi amanecer de dos cuerpos cansinos, como amatistas y rubíes, amalgamados en la misma alcázar, en la misma cara de la gravitante y muy bonita diosa de mi Mira Ceti y la preciosa fontanal del cielo en sus escritos de mi antología de poemas muy anticuados o muy antípodas en comparación con los otros escritos de los humanos anteriores al día de un día, como es el hoy, uno ya pasado, ya vivido, como el nativo de sersius, juntos en los mismos aires, juntos, en la misma cama, en la misma habitación de unos cuadros pintados de Homero y de Octavio, que sostiene un centro perfumado, en una dulce fragancia lechosa, muy sabrosa, muy sinuosa, es una agua de raíz negruzca que beben los aires como el fluido de un hielo embebido de suspiros, de los melancólicos mares mezclados con la furia, y de las nuevas brisas de los nuevos aires, en la cima de los Alpes Andinos, ahora es mía la fuerza del aro platinado de la diosa de Júpiter, tuya y mía son las espadas y la lanzas de las guerreras y de la diosa, mía, la hermosa Hydra, y su musa, la hermosa Cassiopeia, es donde en el talco y el ocre se diluyen en conspiraciones de seres que debían amarse o se amarían, donde nos vestíamos, en esa misma habitación, en ese mismo nacer, en ese mismo querer, en el amor, amor que no es parte de mi lluvia, la mía, la lluvia se esguinzó al caer, como el fresco aire del estilo de a un fantasma de la noria, entonces es ella la que olvidé en la casa, esa es la vencida criatura extraña que nos llama en la brisa mas furtiva de los días del mundo antiguo y muy arcaico y ahora perdido, que cae como en un infierno de lirios restantes, y de colores rojizos, en las extremaduras nortinas de un pueblo de polvos chirriantes y de planicies aradas por el llanto de las piedras pulidas, en su ocultación armoniosa y bastante delirante, en la noche boyante de aparecieres nocturnas, en su dulce vida de reflejos y de unos llantos y chillidos, en los espejismos que se acercan en aureolas y en tactos humedecidos, que son desechas en la densidad más fina del aire salino, que cae como una saliva a un mantel de héroes en su lejanía de fosas lunares en el vació oculto de la escultura y sus deidades mortuorias, en la entrada de un dintel negro y de una puerta de cancel herrumbre y decaída por la erosión del existir en un llano piso que nos aguanta en la perpetuidad de nuestros pasos seguidos y muy constantes, adentro de mis cimas y de mis definidas puntas siderales y boreales de un nacimiento, muy cruento y muy fugaz, de un fierro caliente como el sol lejano, sanguíneo en las venas del cuerpo colorado, de tonalidad morena y de una carne muy dilatada, donde bailaban en sus sangrías las almas penosas de pintores condenados al encierro divino y eterno, prisión de muchos años, en mil habitaciones de agua, pintando estrellas en millares de gotas torturadas y en mis reflejos de almas cansinas, y en los rituales de medianoche salen mis hijos, que se mueven en batallas y en los espejos míos y en los espejos mas vulgares, con sus estratagemas arrebolados por la sangría, bordado de héroes inmaculados y de sus rostros impolutos, y de sus seres de arena, y de hilos dorados que despliegan su valor, en las más finas redes opalinas del viento y el aire, con sus retratos de hazañas de seres etéreos y divinos, de agua asustada, que caen como en una transparencia fina en un río del cielo azulado, estatuas de héroes (y sus diadas ancestrales, son inmaculadas), que cae como una moneda en la luz del cielo recién amanecido, que cae como un mineral en la mano aindiada de un hombre moreno, y que ahora desconfía de los dioses antiguos, (que mira la lluvia reflejada a los pies de la alcoba revuelta, sucia, que flotan como nenúfares en el pantano de la luna, de su fuego, que sueña con muchos sueños de hombres bien acalorados, hasta en los libres espacios donde no hay lluvia que moje al hombre libre o al monje liberado que medita al borde de la oscuridad sensible de una estrella oblicua...), está a la vez como un firmamento al mar de los lirios restantes de la primavera oculta (desecha en la ingenuidad de unas nubes impregnadas, por la luz de la diosa divina y de un satélite prematuro y que ahora ha nacido negro), que son oscuras y tupidas, como manchas arcanas en el filamento de la estatua y de un dios que en el pasado fue heroico, junto con sus hermanos peleando ante los huestes del mal más terrible (como una sola compañía), de pesadillas. una batalla de un solo ejercito combativo, los transeúntes en las calles de los barrio sin luz, recién recuperado, apenas encendido en antorchas mínimas y un par de fogatas hechas de hojarascas y de robles humectados con el licor de un vino azul, perdidas en la ilusión y la verbigracia de un sinfonía de acordes fallecidos en un teatro muy viejo y en su bohemia entre las molduras opacas de fustes muy negros y pilastras, perecidos en el fuego, que si lo querían y lo lograrían ver, recién recuperado a finales de un siglo pasado, en un otoño celestial de frío invernal, es ese sufrimiento humano en el ser que se me inmutan a la existencia, es una rotura del firmamento de los siglos pulidos y muy relucientes, salidos a brillar, como fuentes cerradas, en un área desinfectada como el cobre en los parapetos de un edificio, que es muy alto, casi igual a las nubes de una lluvias, frescas, enraizadas, y en su sentir, en su suave imaginar, entonces las nubes son como islas en el cielo violáceo y articulado de aguas plomizas y de unos fierros, es una eternidad muy profunda y muy extraña, de una tonalidad absolutamente rara y diferente a la visión, imaginaria y ficticia, pues es tranquila y muy bella, pues es ella, ella es inefable en nuestro tiempo de arcaicos y procrastinadas existencias, de simples vidas y de la casas de rosas que se meten en la niebla de los cisnes oscuros, como en una nube hecha de plata ligera es sostenida por el aire grueso de unas tumbas perteneciente a otra eternidad y a un otro cielo de otros hijos prodigios o divinos, lo que me lleva a los jardines subterráneos de una tormenta piadosa de altas llanuras que florecen solitarias en la altura de plantas hermosas y solitarias, de unas sombras polares y de unos vientos enmudecidos, agitándose en su cercanía con la luz del mundo y el tiempo, ahora es retenida en un momento o en un beso húmedo como los de mi rocío, roncando en las estaciones de la vida, en la antigüedad, flotando en las montañas de mi muerte, y mis escombros, en el exterminio de los ídolos arcanos, que caen como el bronce de los héroes ya pasados y ya extinguidos hace un buen tiempo, donde todos sin emociones y antinaturalmente altivos, trabajábamos activamente en una biblioteca globalizada, pues éramos capaces de leer a la tierra en poco más de un día entero, inclusive era anterior a todas las proezas humanas conocidas para la época, era ella, ella vivía como una conciencia externa, o un pensamiento igualmente brillante, no nos importaba, ya que nos desconocía íntimamente y cometía el pecado de al pensamiento adelantarlo con la visión poética, además de que solo vivía en un apartado del laboratorio universal y su infinidad de descubrimientos del día a día, ella sonaba entre los glaciares azules y también entre los laboratorios. Olith se llamaba el libro donde registramos a Sersius la primera vez que la vimos, nunca veríamos ni habríamos visto algo tan hermoso y a la vez poco humano, era la perfección de los cuadrantes más puros, los números y sus bordes dorados, sin fantasías de la realidad, la simetría se derretía como una sustancia que enjuaga todos los ambientes exteriores, no humanos y sin emociones, nos fuimos a dormir con una sensación de maravilla muy adentro del estómago, y de grandeza y significancia, para nuestra suerte Ominio vigilaba los cuartos esa misma noche y nos invitó a pasar entre las luciérnagas del laboratorio y un río de estrellas que besaban el cielo vencido de la noche más oscura.

Texto agregado el 10-05-2015, y leído por 366 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2015-06-24 01:53:34 Cuando comencé a pintar, mi pintura era figurativa, pero a medida que me fue ganando el dominio de las técnicas me aparté de lo representativo y finalmente aterricé en la pura mancha de color donde lo único que importa es el impacto estético producto de la armónica combinación de formas y colores. Tu escritura me deja esa misma sensación, una degustación de imágenes que caen como catarata y se deslizan sobre los sentidos en una forma densa y bella. -ZEPOL
2015-05-13 01:45:45 Auuu! (como diría el lobo) sin más...!Te lanzaste al espacio! Un abrazo. girouette-
2015-05-12 23:59:14 Hola mi estimado. ¡Ah, es Sersius! Al ruido de Sersius nos habituamos sin inmutarnos. Trabajamos en una biblioteca globalizada... Necesitas redactar de nuevo. Hay reiteraciones - habituado antes, con antelación- innecesarias y la sintáxis se debe mejorar para una mejor comprensión de la idea. Te sugiero el uso del punto y seguido por sobre "las comas". El texto es confuso de bes pulirlo. Se ve interesante el argumento. 5* Un abrazo. Dimitri_Paria
2015-05-11 23:17:49 Un historia que se entrelaza al ambiente espacial y poético. Me gustó. diabelis
2015-05-11 00:46:11 muucha imaginaación, fascinada por tu narrativa. NatiMiau
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