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Inicio / Cuenteros Locales / miguelmarchan / El arbol de los sueños

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Alberto había terminado de leer el cuento. Le había parecido muy bonito, sobretodo el final. El cuento se titulaba: El árbol de los sueños.

Iba de un niño triste y solitario que no hablaba con nadie. Un día recibe la visita de un hada que le dice que si quiere hablar con alguien, los arboles del bosque, que está cerca de su casa, estarán complacidos de escucharle todo lo que quiera. El niño se impresionó y en ese mismo instante, acompañado por el hada, decide ir a buscar algún árbol para hablar. Después de horas de ardua búsqueda consigue encontrar el árbol más grande y bonito con las hojas más verdes y brillantes y el tronco más suave que pudo ver. Cuando lo miró el hada le dijo que si quería hablar, que lo haga con toda la confianza, es entonces que el niño y el árbol comenzaron a hablar. El árbol era un excelente oyente, escuchaba pacientemente de lo que el niño decía y solo recalcaba algunas cosas importantes, a medida que pasaba el tiempo el niño ya no tenía nada para contar, el árbol le dijo que si quería contarle más cosas tenía que vivirlas así que le dijo al niño que saliera al mundo y viviera su vida y cuando tuviera más experiencias que volviera, que él con mucho gusto estará ahí esperándolo. Y así lo hizo. Tuvo muchos amigos, jugaron mucho, estudió mucho, aprendió mucho, vivió mucho y a medida que abarcaba más y más experiencia iba hacia donde su árbol que lo recibía con las ramas abiertas muy contento de verlo.

A Alberto le pareció más que interesante y emocionante poder contarle todo a algo o a alguien, como no tenía muchos amigos que digamos, era solitario, y sus padres trabajaban demasiado y siempre llegaban cuando él estaba dormido.

A penas cerró el libro de cuentos tomó la decisión de ir en búsqueda de su propio árbol de los sueños. A la mañana siguiente, era demasiado tarde y tenía que dormir.

A penas el sol salió Alberto ya estaba despierto, eran las 8 de la mañana de un sábado soleado, no había clases, su padre tenía que trabajar pero su madre estaba libre así que apenas llegara le contaría toda su aventura. Tomó su desayuno rápido, no quería perder tiempo. El viaje estaba a punto de empezar. Se despidió de su mamá dándole un beso en la mejilla y salió de la casa.

Primero fue al parque. A penas había gente, dos mujeres sentadas conversando, unos niños jugando, una familia reunida. Es todo. Lo que más le interesaba a Alberto eran los arboles, pero veía arboles viejos, con el tronco gris y las hojas grises (mezcladas con verde), el pasto, debajo de ellos, cubierto con las ramas secas y rotas caídas.

Alberto se acercó a uno de ellos para tocarlo, en su vida se había interesado por los arboles, pero por alguna razón se sentía atraído hacia ellos, quería tocarlos, sentirlos y saber porque estaban así. Tocó uno, su tallo estaba accidentado como una cordillera.

Le quiso preguntar si se sentía bien, pero con solo verlo ya sabía la respuesta. Tocando su tronco vio unas marcas que parecían hechas con una navaja por alguien, como tratando de dejar un mensaje que solo ellos entenderían: “Mik+Sof 4 ever”. Era un mensaje de amor, pensaba
Alberto, pero tenía que ser tan complicado. No tenía mucho sentido seguir pensando en ello y siguió caminando. Todos los árboles del parque estaban así, igual de viejos, feos y heridos.

Saliendo del parque pasó por un pequeño barrio con casa de colores y pista de carretera, unos pasos más allá y doblando a la izquierda encontró un camino largo, parecía interminable. Caminó. Lo que más le interesó sobre ese camino son los arboles que estaban a su lado derecho, se veían mucho más jóvenes que los del parque pero también se veían muy enfermos y Alberto pudo entender porque su tierra estaba llena de basura, y cuando alguien come basura obviamente se enferma. Todos los arboles estaban así, era un camino largo y deberían haber unos 30 árboles con ese mismo problema. Alberto se sentía con ganas de ayudar. Sacó algunas bolsas de basura de un árbol y lo puso encima de la vereda, donde caminaba, con el deseo de que así al menos su comida sea un poco más limpia.

Siguió caminando, luego limpiará todos los arboles que pueda pero lo que quería ahora era conseguir su árbol de los sueños y aquí no lo iba a encontrar.

Le tomó mucho tiempo caminar por el camino casi interminable de 1000 metros consiguió llegar a una especie de bosque pequeño, podría decirse que son unas 3 hectáreas. Había varios árboles de todas las formas y tamaños. Siguió andando por ese hermoso bosque que parecía el paraíso verde, los arboles le gustaban, mucho.

Sin embargo uno le llegó a fascinar a niveles estratosféricos.

Era enorme, se podía dar una vuelta entera alrededor de su tronco, lo que más le fascino del árbol era que tenía más hojas que tronco, parecía que solo el 30% de su cuerpo era el grueso y fuerte tronco que lo sostenía, el otro 70% eran ramas, que no se podían ver por el gran número de hojas que las cubría formando una especie de medio circulo de belleza verde oscuro lleno de vida.

Era el árbol perfecto.

Lo estuvo tocando por varios minutos, que para Alberto eran segundos, quería subirse para tocar sus hojas pero le tenía miedo a las alturas, de hecho mirarlo hacia arriba le daba un poco de vértigo.

Alberto se había quedado mirando el árbol por demasiado tiempo que se había olvidado por completo para que hubiera venido. Alberto comenzó a hablar y, al igual que en el cuento el árbol era un excelente oyente. Le contó su sueño de ser actor, su vida escolar, sobre su familia, todo lo que se ocurrió, estuvo hablando por más de 2 horas hasta que el cielo se tornó anaranjado. Era hora de irse.

Se despidió del árbol y se fue a su casa para contarle todo a su madre. Al llegar su madre le recibió con un regaño por haber llegado tarde, de hecho a Alberto se le había olvidado almorzar, su estomago se lo había hecho recordar ya entrando a la casa. Su madre le dio la cena y este lo comió como si no hubiera comido en muchos días.

Después de comer su madre seguía mirándolo, muy disgustada, no le había dicho donde se había metido todo este tiempo.

A penas terminó de comer Alberto le contó todo, con lujo de detalles. Su madre, al igual que el árbol solo escuchaba sin decir nada. Cuando terminó Alberto se quedó mudo también esperando que le dijera algo. Su madre le dio un abrazo muy fuerte y le dijo que le iba a acompañar el siguiente sábado a ir a hablarle a su árbol.

Mientras esperaba al siguiente sábado Alberto cumplió, o al menos lo intentó, mover la basura de los arboles que estaban en el camino interminable, aunque le fue mucho más difícil porque cuando movía algunas bolsas otras volvían a aparecer en el mismo lugar al día siguiente. Eso frustraba un poco a Alberto, frustración que crecía más y más y que estuvo a punto de explotar cuando hizo un letrero que decía: “NO BOTAR BASURA” y la basura no hacía más que acumularse en los arboles a pesar del letrero. Pero aun así seguía moviendo la basura.

No podía esperar al sábado para poder contarle a su árbol
de los sueños.

Llegó el sábado.

Despertó a su mamá a las 6 de la mañana, tomaron desayuno y fueron en busca del árbol. Ojala siga donde lo dejé, pensó Alberto mientras caminaban. En menos de dos horas consiguieron llegar, antes a Alberto le había tomado más tiempo porque había estado mirando y revisando los demás arboles y buscando su árbol ideal en el bosque.
Cuando llegaron no pudieron creer lo que estaban viendo.

El árbol no estaba. Solo se veía medio tronco cortado.

- ¿Dónde está?- le preguntó Alberto a su mamá, esta no supo que responder.

Alberto comenzó a buscarlo como si fuera un ciego, como queriendo evadir la triste realidad, no podía creer lo que acababa de ocurrir, y es cuando estuvo a punto de pisarlo que se detuvo. A escasos centímetros de su pie estaba una semilla pequeña, más o menos del tamaño de un frijol. Alberto la recogió y la guardó en su bolsillo.

Tratando de contener las lágrimas sin éxito Alberto dijo:

- Fue un placer conocerte- y comenzó a llorar con la cabeza apoyada en la cabeza de su madre.

Antes de llegar a la casa, se detuvieron en un mercado y su madre compró una maceta grande. Al llegar a casa lo primero que hicieron fue llenarla de tierra, plantar la semilla y regarla. Alberto esperaría pacientemente hasta que su nuevo árbol de los sueños creciera.

Texto agregado el 29-05-2015, y leído por 156 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2015-05-29 11:47:36 Bella Historia , sí soy consciente de que escribí historia con mayúscula :) . autumn_cedar
 
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