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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Puppy

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Puppy

Los títulos finales y la música seguían en el televisor y yo no podía parar de llorar, mientras mi cabeza se llenaba de recuerdos…

Doce años atrás el día de mi cumpleaños llegaste con un listón en tu cuello, yo no te quería en ese momento de mi vida, mi matrimonio era un desastre. Mi mundo era trabajar, correr a casa a reemplazar a mi madre en el cuidado de mis hijos, hacer las tareas con los niños, cocinar para el otro día, estaba agotada, por más que me esforzaba no lograba sentirme feliz, no necesitaba otra responsabilidad.

Pero allí estabas tú a mis pies, con tus ojitos llorosos, asustado por el ruido de una fiesta de celebración en la que tú eras el principal regalo. Me conquistaste con tus tiritones y esa forma tan especial de acurrucarte cerca de mí buscando protección. Te bauticé Puppy, si, cachorrito en inglés, porque en mi corazón deseaba que permanecieras así, pequeñito, dependiente y leal a mí. Lo anterior es sólo porque no te conocía.

Te compré una cama para perros, unos juguetes y unas frazadas de tela de polar. No estaba muy clara de cómo tratarte, para mi eras sólo un perro, un agregado más al sinnúmero de problemas que ya tenía. Pero tú pequeñín, tenías planes muy diferentes, te metiste en mi vida distorsionada, te convertiste en el ser más preciado para mis hijos, cambiaste mi visión de las cosas, me enseñaste a amar de una forma diferente. Lo mejor de todo es que llenaste de alegría un hogar que iba camino a la destrucción completa. Tu no lo sabias, pero colmaste todo con tu presencia. Eras el juguete predilecto de mis hijos, el hermano que no los respetaba, que les mordía las orejas para despertarlos, que les robaba la comida, el que rompió todos los muebles hasta que afirmó sus dientes, el que corría con su plato en el hocico exigiendo agua o comida, no nos dejabas olvidarte, no nos dejabas entristecernos, no nos dejabas sentirnos solos.

Hasta mi madre, quien no imaginaba un perro dentro de la casa por su crianza en el campo, donde los animales siempre estaban afuera y que ya estaba anciana para hacer cambios en su vida, se convirtió a tu amor, cuando los chicos no estaban y los adultos estábamos en el trabajo, tú la cuidabas con devoción, te convertías en cojín para su pies, en guardián de su vejez, su compañero inseparable hasta el último día, en su velorio permaneciste bajo su ataúd hasta que te llevamos de allí.

No hay foto en casa en la que no aparezcas, eras mi tercer hijo, ese que tanto desee y no pude tener, año a año aprendías mas travesuras, correteabas a los gatos del vecindario, escondías las cosas, no hubo calcetín que no tuviera tu marca u oreja de esta familia que no hubieras lengüeteado. Muchos inviernos te dejábamos dentro de la casa cuando salíamos para que no pasaras frió, aún sabiendo que tu mejor lugar para descansar era sobre la mesa del comedor porque ahí daba primero el sol en las mañanas. Fueron doce años de amor que no impidieron que se terminara mi matrimonio, pero tú supiste consolarme a tu manera.

Disfrutabas la playa corriendo, persiguiendo gaviotas, mojando tus patas y volviendo cada vez que podías a lamer mis manos, como dando las gracias por el paseo. Dormiste apoyando tu cabeza en mis piernas durante toda tu vida, porque la camita que te compré nunca la usaste, salvo para jugar con ella.

Pero un día adquiriste un enemigo en tu cuerpo, un cáncer que te debilitó día a día y ya no tuviste fuerza para subir a mi cama y yo no pude alzarte porque si te tocaba te dolía, aun con los calmantes que envenenaban aún más tu cuerpo. No fue suficiente todo el amor, no alcanzó para salvarte del dolor. Debíamos dormirte para siempre.

No quería perderte amorcito pequeño y maravilloso, pero no te merecías ese sufrimiento, mi dulce niño, en la víspera de la visita del veterinario, nos quedamos toda la noche esperando juntos, pero tú siempre hiciste las cosas por tu cuenta, tenías frio tiritabas tanto, te arropé con una frazada abrazándote para darte calor, supe ahí que viajarías, que ese era tu momento, así que te hablé con la voz más dulce que podía y te ayudé a partir, tu última mirada fue para mí.

Espero que ahora andes por ahí correteando ángeles, saltando entre las nubes, sirviendo de cojín para los pies de Dios. Te amaré por siempre y aún te extraño mi Puppy querido.







Reto 2 personajes y una escena de película


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=1iCvkBgut7M

(Marley y yo)

Texto agregado el 08-06-2015, y leído por 150 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2015-06-27 10:16:27 Me conmovió y además, la narrativa es muy fluida. Es la primera vez que leo la autora. Prometo seguir leyéndola. Felicitaciones. 5* dfabro
2015-06-10 01:43:53 Carmen, me llegó al alma tu escrito. Se nota que lo has vivido, no se puede escribir así sin haberlo experimentado a pleno. Gracias por tus palabras, son las únicas que pueden brotar de un corazón lleno de amor. Te abrazo tanto...!!! MujerDiosa
2015-06-09 14:54:56 Te aseguro que Puppy debe andar correteando a varios querubines que disfrutan de su compañía. Me llegaste al corazón con tu relato, me emocionaste hasta las lágrimas, gracias por eso, querida. Solo hay 5 estrellas y yo te daría mil. Te abrazo con mucho cariño, es lindo "verte" por aquí. gsap
2015-06-09 02:02:43 Qué lindo... me ha conmovido mucho, las mascotas son ángeles que nos alegran la vida. Saludos. PiaYacuna
2015-06-08 23:34:35 Mi segunda favorita. Me conmovió. Un abrazo grande. granada
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