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Inicio / Cuenteros Locales / glori / Caso resuelto

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Juan subió al tren, abrió el maletín de cuero negro, sacó la novela y se sumergió en la historia. No quería pensar.

Sus ojos recorrían los párrafos con avidez. Las preocupaciones y el futuro incierto se desvanecían; poco a poco su memoria fue engullida por el relato.

En cierto momento se sintió identificado con uno de los personajes. La maraña de acontecimientos lo atrapaba cada vez más; los protagonistas exhibían sus amores, celos y envidias.
Se acomodó en el asiento sin desviar la mirada de las letras que lo absorbían implacables.
Conocía el truco del escritor para mantenerlo en vilo: acostumbraba confundir al lector desprevenido con pistas falsas y situaciones complicadas.

El principal móvil para matar era el dinero. El marido tenía innumerables deudas de juego. Nadie conocía su paradero. Era el principal sospechoso.

Continuó la lectura imaginando cada escena. Las piezas del rompecabezas parecían reunirse por momentos, para luego convertirse en un simulacro de lo que en verdad ocurría.

De pronto recordó algo esencial: la pistola utilizada para perpetrar el crimen.
Debía pensar en ella, concentrarse en ese asunto y dejar de lado todo lo demás. Las distracciones generalmente no conducen a nada. Necesitaba enfocarse en el arma. Ya habría tiempo para pensar en detalles y cabos sueltos.

Había varios sospechosos. Estaba seguro de que el caso confundiría bastante al inspector. El mayordomo era bastante raro. Siempre huraño, demasiado misterioso. Tal vez un lunático o algo por el estilo. En el pueblo todos lo rechazaban, y muchos le temían.
La mujer asesinada se acostaba con el jardinero.
Los celos y la venganza también suelen ser motivos para asesinar.
El jardinero estaba dispuesto a escapar con la víctima. Su esposa sabía lo que pasaba entre esos dos. Odiaba a aquella mujer y los testigos habían visto como ambas se agredían verbalmente.
Las discusiones entre el jardinero y la mujer asesinada eran frecuentes; ella lo amaba pero no quería abandonar a su esposo. Las peleas terminaban con violentos gritos y las reconciliaciones con escenas de sexo. Luego las demandas volvían a repetirse, convirtiendo a la relación en un círculo de enfermiza atracción.
Cualquiera podía matar enceguecido por una pasión de esas características.

Comenzó a leer el último capítulo y experimentó la ansiedad que siempre le provocaba acercarse al final. Deseaba prolongar la lectura y a la vez la curiosidad le resultaba insoportable; necesitaba llegar cuanto antes al desenlace.

Imaginó al inspector. Seguro y aplomado. Con años de experiencia en casos similares. Provisto de una inteligencia sagaz y un buen equipo de colaboradores. Supo que el asesino no tendría escapatoria. Una mezcla de alivio y aceptación lo llevó a abandonar la lectura.

Solo restaban un par de carillas; esta vez no habría final sorpresa. Sabía lo que iba a pasar.

El tren se detuvo en la siguiente estación. Irrumpieron varios policías; uno de ellos le pidió que abriera el maletín de cuero negro, otro le colocó las esposas. Había bastante dinero y, oculta entre los billetes, estaba el arma homicida.

Texto agregado el 12-06-2015, y leído por 150 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2015-10-20 17:48:39 muy bueno!!!! jordifont
2015-07-29 22:16:13 Iiiii, no sé, por momentos me estuvo recordando mucho a un relato de Luis Mateo Díez que emplea la misma estructura, pero en su caso, el lector acaba siendo la víctima. En el suyo, la confluencia era más natural, en este la irrupción del inspector resulta algo chocante, casi hace descarrilar el tren donde va montado. Lo comento porque es bueno, pero le falta una línea más clara. Egon
2015-06-13 00:05:07 Me gusto mucho como pone un inicio muy bueno para la historia que atrapa y tiene un final muy interesante. Zeeb
2015-06-12 21:47:55 Está interesante, Glori. De no haber arrojado su anillo por la ventana, no me hubiese dado cuenta desde ese momento lo que ocurría. Un abrazo grande!!! MujerDiosa
2015-06-12 15:40:55 debió dejar de leer y bajarse antes del tren seroma
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