Se permite un poema en estas ocasiones.
Se lo permite para alimentar el alma,
Para embutir la dulzura de tu acento,
Cuan néctar furtivo de tu aurora.
Se lo permite para cobijar los sollozos,
Para derrocar la estructura del miedo,
En la espera eterna de tu lumbre.
Se lo permite para respirar alegría,
Para contagiar la ventura de saberte,
Y por la dicha en flor de conocerte.
Se lo permite pues nada es eterno,
Para sentir sin recelo las evocaciones,
Y querer mucho, y si no, mejor nada.
Se lo permite para que el día escampe,
Para que tu música cante en mi caudal,
Y soñarte, y nunca dejarte de soñar.
Se lo permite para que vuele la esperanza,
Para que nuestras victorias hallen casa,
Y que en código nuestro amor se comunique.
Se lo permite para acurrucar la noche,
Para pedirle prestado los nombres a los ángeles,
Y en tu descripción usarlos todos.
Se lo permite para recordar que vivo,
Para que las diferencias se aplanen,
Y en colectividad sentirnos mas cerca.
Se lo permite para no sembrar enemigos,
Para que el rencor sea naufrago en tus ojos,
Y en tu inmensidad se hunda eternamente.
Se lo permite para inspirar franqueza,
Para que lo emblemático nazca de mis manos,
Y jurar en cien formas la misma promesa.
Se lo permite porque resolví tu incógnito,
Porque tu corona es magna,
Y tu luz refleja razones válidas para permitir este poema.
|