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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / Cromática Inocencia

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¡Pero qué gran lienzo es el mundo!. Un manantial de arcoíris que fluyen indiferentes ante la ignorancia de su propia inocencia cromática. Un océano de sensaciones para mis ojos expertos. Porque nadie como yo tiene la capacidad de vislumbrar la belleza verdadera oculta en tantos y tan variados matices. Absolutamente nadie. Por eso suelen llamarme IGnus: el ignoto.
Mi capacidad innata, la que me permite modificar los designios de la Naturaleza, seguramente es la responsable de que mi percepción de la belleza sea sencillamente superlativa. Soy un artista, por tanto, cuya obra se puede admirar en cualquier lugar donde yo lo desee.
¿Recuerdan ustedes cuando los árboles eran azules, el rocío teñía todo de amarillo y el sol iluminaba con rayos verdes?. Seguramente no. Pero esos colores no me complacían. Eran muy poco artísticos. No me van a poder negar que ahora son mucho más bellos.
Sin embargo, y seguramente para diferenciarme de un semi-dios, la Naturaleza ha olvidado un pequeño detalle en la formación de mi increíble capacidad de teñir el mundo a mi antojo: No puedo hacerlo con el color Rojo. Simplemente no alcanzo su vibración de onda. Apenas si logro algunos anaranjados. Jamás un Rojo ígneo.
Será por eso que apenas la vi, ella me pareció tan maravillosa. Su piel era rosada como un bebé, y sus cabellos eran rojos como el fuego que recorrió mi corazón al verla.
Su nombre era Fabiana, aunque me pidió que la llame “Fabi” (Seguramente esto tenía algo que ver con que era un poquito excéntrica, pero nunca lo sabré.
Llegó a mi vida una tarde en la que me encontraba creando una de mis mas grandes obras. De vez en cuando, me gusta encontrarme en algún paraje lejano, donde la huella del ser humano no es sino una ilusión. Algún paisaje remoto que permanece virgen ante los ojos de la humanidad. Allí desato mi capacidad creativa, y literalmente “pinto” el paisaje con los colores más bellos. Incluso algunos que sólo mis ojos pueden llegar a captar.
Una mirada hacia la derecha, y la fila de árboles que allí se encuentran cambian el color de sus copas a un blanco inmaculado, simulando estar cubiertos de nieve. Una mirada rasante sobre el césped, y el pasto abandona su verdor para adoptar un color fucsia intenso, que resalta mucho más las imperfecciones del relieve. Muevo una mano en el aire, y pinto a las aves en pleno vuelo. Creo que el ultravioleta les sienta bien. Además así resaltan mucho mejor su belleza sobre el cielo magenta. Pequeños insectos de color supernova crean asombrosas ilusiones ópticas, al mezclarse entre el pasto como candelas que flotan en el agua clara.
De repente, una mujer aparece en medio de mi obra. Ella vuela con un paraguas en mano, y canta a viva voz. “Super-califragilistico-espialidoso”… Y mi obra maestra se enriquece con la incorporación del sonido (cosa que no puedo dominar como al color), y de sus hermosísimos cabellos, que refulgen brillando en el único color que no puedo lograr.
Ella se acerca a mí, y mirándome a los ojos me dice:
—Me he acercado a ti porque te he visto muy triste y solo. Mi magia seguramente sabe el modo de hacerte feliz, y estoy dispuesta a ayudarte en lo que fuera, aunque voy a cobrarte algo a cambio.
Yo solamente la observaba anonadado, mientras tras ella mi obra inacabada esperaba el detalle que completaría mi inspiración.
Ella se acercó a mí, y con gran dulzura me abrazó. Sus susurros en mi oído eran sugestivos e inocentes, todo a un tiempo. Sus labios me observaban con insistencia, tentando a los míos a cada instante.
Entonces fue cuando me dijo:
—Lo único que quiero a cambio, lo único que te voy a pedir… Es que me hagas rubia.
Fue pensarlo y pestañear, y contra mi voluntad mi poder borró esos cabellos maravillosamente rojos para convertirlos en un color amarillo doloroso a mi vista.
Inmediatamente, los tentadores labios de Fabiana se juntaron con los míos, provocándome un dolor difícil de describir, obteniendo placer físico, pero a la vez mis sentidos se embargaban con ese tono amarillo que discordaba tanto en mi obra de arte.
Se notaba que ella estaba disfrutando el beso. Posiblemente ese fue el motivo de que no notara el puñal, hasta que mi mano lo enterró firmemente en su vientre.
Ella jamás lo comprendería, su limitada capacidad visual jamás apreciaría una obra de arte armónicamente finalizada.
Pero ahora mi obra se encontraba completa. El Rojo de su sangre combinaba perfectamente con el cuadro… ¡Qué lástima que su cromática inocencia jamás le permitiría admirar algo tan magnífico!.

Texto agregado el 14-11-2015, y leído por 101 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2016-07-03 00:26:28 En noviembre del año 2015 qué ingenuidad la que pintaban mis letras, fui inocente igual que la dama de cabello rojo! No por eso, me deja de gustar este relato con ese abrupto final. marcellasant
2015-11-15 02:51:40 ¡Me encanta pintar! Y pienso que en la mágica combinación de los hermoseados colores está la perfección. ¡Cierto que existe la perfección! Me encantó... Ya sabes, ahí prendida a tus GENIALES relatos. marcellasant
 
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