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Inicio / Cuenteros Locales / Antonio89 / Así es como están las cosas.

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Desde algún tiempo a esta parte no sé realmente quien soy ¿Quién podrá decírmelo? ¿Mi madre? ¿Mi padre? ¿Mis amigos? Lo desconozco, ni siquiera estoy seguro si alguna vez despejaré mis dudas al respecto. Es que desde hace mucho que ya no soy el de siempre, parezco otro. Como un pez en el acuario equivocado, como un hijo adoptado, como un perro sin su dueño. Es extraño decirlo pero es así como me siento. A veces el mundo es cruel, pero no del todo, siempre da mucho por el cual disfrutar, sin embargo, eso no me basta, deseo más. Ahí es donde se genera todos mis embrollos. Creo no sentirme conforme con nada, siempre anhelo más y suceda lo que suceda experimento un vacío profundo, uno que solamente abunda en los disconformes, en los que ningún acontecimiento es suficiente para apalear aquella sensación de hastió. ¿Desde cuándo que estoy así? Uffff… no lo recuerdo con exactitud pero supongo que todo comenzó con la separación de mis padres. Ese fue un golpe duro, un dolor que nunca se desaparecerá del todo. Todo marchaba de perlas hasta mis tiernos 9 años, a fines de Agosto, en el cual poco a poco el invierno la da el paso a la floresta, en donde todo es más armonioso, pero no para mí. Fueron días de mierda en donde por primera vez experimente la palabra sufrimiento, aquel que te atraviesa el alma que no cesa con nada. El ser pequeño aminoro un tanto el peso de la ruptura familiar pero aun así me llegaban como torbellinos huracanados las peleas constantes, los gritos, los golpes, los platos volando sobre sus cabezas, en fin pura basura. El caos era de mil demonios así que mi padre terminó por largarse y mi madre pasó a ser la responsable de mi cuidado. Pero las verdaderas razones de dicho quiebre no las sabría hasta muchos años después, razones que caerían como una cascada tempestuosa sobre mi vida sin valsamos que las embellecieran.



Hijo ¿Qué tanto haces? ¡Te estoy hablando! Hace ya un buen rato y no contestas ¡Baja de inmediato! Abrí los ojos con lentitud, me pesaban como barras de yeso. Mi cuerpo tieso no reaccionaba a mis designios. Con pereza me incorporé y fui al baño a lavarme el rostro. - ¡Pero por la cresta! Que tenga que subir para que me escuches, ¡Eres un rebelde! ¡Nunca haces caso! ¡Ya no sé qué hacer contigo! ¡Cabro de mierda!- Suspiré con desdén, aquí vamos otra vez Marcos Zúñiga. La típica madre histérica que cree que uno está a sus órdenes. Cuando di media vuelta me la encontré cara a cara. Su semblante rojizo estaba por estallar, sus ojos diminutos color caqui refulgían como un horno y movía rítmicamente sus pequeños pies, indicio que estaba furiosa. Sin dejarme avanzar ni un centímetro me lanzó sobre la cabeza un papel amañado, casi desintegrado de tanto haberlo manoseado ¿Qué es? Pregunté haciéndome el leso, puesto que ya intuía su contenido.- ¡Recógelo y velo! Me espetó con impaciencia, obedecí. Observé con desgano lo que tenía frente a mis ojos, - ya veo gemí aburrido- mis notas.- ¡Te parece poco idiota! Te has echado tres ramos de cinco. Y los que aprobaste no superaron la nota 4,4. – Pero madre tú sabes que…. ¿Qué se supone que sé? Vas a seguir con lo mismo. No, que esta carrera no me gusta que estudie por estudiar algo. Ese pensamiento no te conducirá a nada, ya tienes 20 años, eres bastante grandecito para continuar con ese discurso. Ya te has atrasado dos años ¿O acaso no recuerdas el ramo que reprobaste el semestre pasado? - ¿Qué podía decir en mi defensa? Todo ya lo había dicho la vez anterior, repetirlo sonaría majadero pero qué más da lo intenté.- Mamita (Así le decía cuando quería restarle importancia a las cosas) Es que lo que digo es verdad,- ¡Cállate! Eso no me sirve. Perdí ¿Qué podía hacer ahora? – Al ataque, hacerme el ofendido, el enojado, a veces resultaba- dije con altanería: Tú no eres nadie para decirme eso, nunca fuiste una lumbrera en el estudio, te atrasaste un año y te cambiaste de carrera ¿Es eso un buen ejemplo de alumno? No lo creo.



Me observó detenidamente mordiéndose el labio inferior como conteniendo la ira y preparando su mano derecha para un feroz palmetazo. Pero para mi sorpresa nada de eso ocurrió, bajo el brazo y suspiró abatida. – Veo que contigo no hay caso, eres un desubicado, inmaduro e hiriente. Vete ¡Sal de mi vista! Cuando me largue de la habitación la escuché sollozar con quejidos cuasi patéticos. Después de todo era consciente que me había equivocado, había actuado mal, uno nunca debe tratar así a los mayores menos si son los padres. Les debes respeto y cariño por sobre todas las cosas, sin embargo, mi orgullo a veces ponía las cosas cuesta arriba y me impedía retroceder y disculparme. Fui al comedor saqué un poco de plata, en mi bolsillo llevaba el pase escolar y mi celular cargado. Tomé las llaves y salí dando un portazo. Cuando suceden conflictos como este me da por ir a dar vueltas por ahí sin rumbo fijo solo acompañado por mi soledad o juntarme con amigos a tomar unas chelas. Saqué mi celular, bajando por la lista de contactos llegué hasta donde decía Claudio, apreté el botón de llamada. – Hola huevón ¿Dónde estay? – le dije. Me respondió con voz adormilada. Huevón estaba descansando, ayer tuve un carrete más o menos bueno y me acosté a las siete. – Chuata, buena pero ya son más de las cuatro de la tarde, no seas holgazán y salgamos por ahí. Pasaron unos segundos en donde sólo pude sentir su aliento golpeando el móvil al otro lado de la línea. Contestó. Si puede ser, bueno sabis que más me convenciste además hace caleta de rato que no nos vemos. Cuando iba a colgar escuché que me decía. Oye ¿Te acuerdas de la Cony? - ¿La pelirroja con un piercing en la nariz? - ¿La que se cree Camila Vallejo? –Rio a carcajadas. La misma aunque le falta un poco para ser como ella en todo sentido. Lo decía porque preguntó por ti.- ¿Enserio? ¡Si pos perro! Además tú sabes que hace un buen tiempo que hablo con ella por el chat de Facebook y una de las tantas conversaciones me hablo de ti. – Y de paso te la joteas no eres nada de tonto. – No pasa nada amigo al parecer ella está interesada en un solo hombre, ¡Tú! Reí incómodo. No embromes. – Ya po compadrito decídase. Le aviso o no. Medité por unos instantes y exclame, como desees a mí me da igual. Wena ¿Te parece en el Black Sheep? Te esperamos en la entrada, se dónde vive ahí veo como la convenzo aunque dudo que me cueste demasiado. – Por unos instantes no supe que pensar, en realidad la Cony era una mujer simpática y físicamente del montón, para mí en ese sentido no estaba mal. Pero había algo en ella que me desagradaba, era demasiado subida como era de una capacidad intelectual sobresaliente se creía con el derecho de estar en un estrado y desde ahí criticar y pelar a las personas que carecían de aquel potencial que ella tanto consideraba. La gran incógnita era ¿Por qué ella estaba interesada en mí? Me considero un hombre bastante afable y bonachón, pero bastante flojo y quizás no tan capaz como ella. ¿Entonces cuál sería el motivo de aquel interés? Ni idea pero averiguarlo no estaba en mis planes cuando la tuviera en frente quizás tomaría en cuenta todo esto.



Aló ¿Marcos? ¿Estás? Me decía con vehemencia mi amigo Claudio ya que repentinamente me había quedado en silencio. Si… estoy acá todavía. ¿Vas? ¿Te parece a las seis y media? Está bien ahí estaré. Muy bien dijo alegre y colgó. Quizás después de todo no lo pasaría tan mal, más que nada acepte porque deseaba distraerme y pasar el mal rato de aquella discusión amarga con mi mamita. De sopetón se me vino a la memoria mi padre ¿Dónde estaría? Seguramente con su amante, amantes o pareja estable, con él nunca se sabía. Lo único cierto que con una de ellas tuvo a mi media hermana Catalina de 1 año y tres meses. Era preciosa con unos enormes ojos color miel, añoraba verla con premura ya que sólo la conocía por fotos. Bueno y volviendo a mi padre su único vestigio en la familia era la pensión que nos daba a mí y a mi madre todo los meses. Físicamente no lo veía hace 1 año y seis meses con veinte días para ser exacto, solo llamadas telefónicas semana por medio. ¡Un padre ejemplar! ¿No? A pesar de todo lo quería mucho con el tiempo aprendí a perdonarlo y poner en una balanza todo los conflictos que tuvimos como familia. Miré mi reloj, eran las seis con diez minutos faltaba poco para que llegara la hora señalada. Tomé el micro, me tocó ir sentado junto a un caballero de unos 70 años de aspecto desaliñado y espeso bigote entrecano. Empezó a armarme conversa pero al poco andar corte rápidamente la charla puesto que no toleraba su aliento agrio. Seguramente desconocía el concepto cepillo de dientes. Me bajé en la esquina indicada, le di las gracias al chofer y con paso firme me dirigí al bar. En la entrada junto al lado de unas mesas estaba Claudio junto a la Cony. Claudio se me acercó y me abrazó con fuerza (Puesto que hace ya largos dos meses que no nos veíamos) ¡Tanto tiempo compadrito! Tome asiento. ¡Hola Marcos! Me voltee y a mi derecha se encontraba la Cony, por segundos la había borrado de mi mente. Sonriente y con un brillo en los ojos me ofreció su mejilla para que la saludara, aquello me estremeció no porque me avergonzara estar con ella sino porque era más alta que yo y siempre una mujer más alta me intimida por así decirlo. Medía un metro setenta y tres y yo ¡Tan solo un metro sesenta y cuatro! Era casi diez centímetros más alta aquello era un rollo para mí. Pero al contrario de mí a ella aquel detalle lo pasaba por alto e igual intentaba coquetearme. Sin duda una wea de lo más rara. Desperté de mis cavilaciones con su voz danzando en mis oídos ¿Cómo has estado? Preguntó ¿Cómo te va en la Universidad? Más o menos es que siento que lo que estudio carece de lo que realmente necesito. Me observó fijamente que temí que a través de sus ojos pudiera saber lo que pensaba. Ya veo respondió en un susurro, es que Derecho debe ser una carrera muy exigente. Ufffff……. Sí que lo es y cuadrada por sobre todas las cosas, prefiero algo más flexible. - ¡Lo tengo! Dijo alzando la voz ¿Algo como arte? ¿Literatura? Me sobresalte, debe haber sido gracioso puesto que ella sonrió al instante ¡Es bruja! ¡Adivino mis gustos! Algo turbado exclame. – si se puede decir que diste en el clavo, escribir no es lo mío pero ¡La pintura sí que lo es! Tengo decenas de cuadros – Alguna vez deberías enseñármelos pero deben ser buenos añadió. Porque si no, no sirven, la excelencia es lo mejor. Se irguió y mostró las mejores carar autosuficiencia. Me turbe, maldita seas pe…… Ahí estaba de nuevo la genio de la Medicina la que si seguía aquellos pasos de triunfo la llevarían a obtener el premio de Universidad. Me hervía la sangre su actitud, ¿Qué se imaginaba la muy patuda? Que porque era inteligente podía trapear el piso con los demás o burlarse por no ser alumnos de excelencia, simplemente me apestaba su actitud. ¿Dónde se había metido Claudio? De un momento a otro había desaparecido, por la virgen y todos los santos necesitaba que me auxiliará a destrabar este hielo incomodo que se había posado entre mí y Cony. Llegó como por arte de magia apenas terminé mis cavilaciones con cuatro botellas de Escudo y tres vasos plásticos, sorry por la demora es que adentro hay un jaleo más o menos grande, está colapsado pero bueno aquí estoy. ¿En que estaban? Aquí charlado de la vida dijo la Cony con tono picarón. Claudio me dio una de sus más juguetonas miradas como diciendo ¿Qué esperas amigo? La tienes lista. Lo ignoré olímpicamente y desvié la conversación a temas más livianos para salir del embrollo.



Al rato nos fuimos al ¡Go! A bailar ya que este era el único de los bares de la cuadra en el cual se podía disfrutar de dicho privilegio. Apenas ingresamos Claudio se encontró con dos amigas de la época del colegio y se perdió en el bar. Típico de él, su cerebro era demasiado simple como para pensar en otra cosa que no fuera mujeres. Así no quedando otra opción le puse pecho a las balas y continué danzando con la Cony. Fue un momento agradable y me entraron unas ganas terribles de explorar sus labios. ¿Cómo serían? ¿Qué tan distinto a las otras mujeres que había besado? No fue necesario actuar, ella lo hizo por mí. Me besó con pasión indómita, sus labios eran gruesos y carnosos, pero no sé no fue de mi gusto era demasiado invasiva por momentos pensé que tragaría mi boca. Hastiado de todo eso me excusé dejándola sola. Sin darme el tiempo de despedirme de Claudio salí hecho un torbellino. El aire fresco impregnaba el ambiente ¡Diablos! Necesitaba algo con que abrigarme, no obstante, no tenía nada sin más remedio apresure el tranco rumbo a casa. Al llegar me encontré con mi madre en el living con las manos apernadas a la cabeza y con un muñón de pañuelos desechables esparcidos por el suelo. Sus ojos todavía estaban rojizos de tanto llorar. – Mamá le dije con ternura (Ya el enojo de hace un par de horas había cesado además me dolía verla así y el sólo hecho de pensar que era por nuestra discusión de la tarde no hacía otra cosa que sentirme atroz, tenía con mi madre una relación continua de amor y odio pero al final el primero siempre reflotaba y nos reconciliamos es que no podía de ser de otro modo, nos teníamos sólo el uno al otro) - ¿Por qué estas así? ¿Qué ocurre? Debes calmarte lo de la tarde ya pasó. Sin siquiera mirarme con la cabeza gacha, respondió: Hijo no es solo eso, es un cumulo de sucesos que se me vinieron encima. La plata no alcanza, tú padre que no se digna a aparecer, tú abuela que cada día está peor (sufría de cáncer al estómago) La tía Mimí sigue mis pasos (Estaba en pleno trámites de divorcio) En fin todo aquello me tiene devastada. La abrasé con ternura y la besé en las mejillas, hace largo tiempo que no sentía una conexión tan potente con mi madre, aunque a veces me costara reconocerlo la amaba con toda mis fuerzas. Era mi pilar- Le dije: Mami perdóname por mis palabras tan altaneras y fuera de lugar de hace un rato no deseaba herirte, fue un arrebato. – Lo sé hijo mío mientras no se repita a menudo, rio con ganas. – Sonreí aliviado, descuida no ocurrirá.



A la mañana siguiente desperté soñoliento y con un dolor de cabeza que me tenía los nervios de punta. ¿Por qué a mí? Que molesto, me dirigí al baño saque una píldora y lo ingerí con agua de la llave. Y pensar que estaba teniendo un sueño tan bonito, me veía por un amplio salón mostrándoles a los visitantes mis cuadros.- ¡Hey! ¡Aguarda un instante! ¡Eso es, una exposición! De veras que antes de ayer en el diario El Sur decía que hoy en la tarde hay una exposición de pinturas en la Pinacoteca. Aquel recuerdo me había alegrado el día. Dicho y hecho esta tarde pasaría un buen momento en compañía de hermosas obras de arte. Cuando eran las siete de la tarde llegue a destino, el salón contiguo al principal estaba atestado de gente que iban y venían inmersos en un bullicio ensordecedor. En las paredes laterales había decenas de cuadros de distinta índole, quedé maravillado por cada uno de ellos, me era imposible escoger cual era más excelso si el que veía en aquel instante o el anterior. Trascurrido un rato no me percaté que ya había llegado la hora de término y cada una de las personas empezó a retirarse, sin embargo, no pude dejar de mirar como un poseso el arte que tenía frente a mis ojos, pasando por alto el hecho que ya no podía permanecer más tiempo en el lugar. Una mano cálida y suave se posó en mi hombro izquierdo, me sobresalté y me di vueltas. Cara a cara me topé con una mujer menuda de rasgos europeos y de belleza embriagante, su expresión era digna de recordar, estaba haciendo un detallado escrutinio de mi persona al cabo de uno cuantos segundos, exclamo:- Joven estamos en la hora, debe retirarse. – Lo sé respondí algo incómodo. Sonrió afablemente. - ¿Le gustó las pinturas? Preguntó con aire indiferente. - ¿Qué si me gustaron? ¡Están magníficas! – Sin dejar de sonreír, dijo:- Son mías, todas las que ve me pertenecen. Quede petrificado, era el ser perfecto, bella y con un talento innato. Observé sus manos, eran finas, delgadas sin callosidades. Sin lugar a dudas manos de artista. Al escudriñarla con mayor atención pude comprender que estaba al frente de una fémina hermosa, todos sus rasgos eran perfectos. Nariz fina y respingada, labios delgados, dientes color marfil, ojos grandes con cejas altas y espesas. Cabello liso tinte castaño casi rubio, cayendo tiernamente por sus mejillas, hasta posarse en sus hombros rectangulares. Senos prominentes, caderas curvilíneas y piernas bien torneadas. Volví a la realidad al escuchar su cándida voz. – Joven como ya le dije es tiempo que se vaya. – Lo siento respondí con la voz más segura que pude entonar. Pero no deseaba moverme de aquel lugar, añoraba continuar con la charla, prologarla lo más posible. Puesto que lo más probable era que cuando saliera por la puerta no volvería a verla. – Dije con firmeza. A mí me gusta mucho la pintura, tengo en mi poder decenas de cuadros que he pintado a lo largo de los años por eso mi interés por su exposición, me encantaría aprender de usted. - No lo creo exclamó con decisión. - ¿Quizás había sido demasiado directo? O tal vez pensara que soy un pendejo intentando de engrupirme a una mujer mayor.- No piense que trato de embaucarla o algo así de verdad a mí me apasiona el arte. – Ya veo creo que puedo ayudarte, hago unos cursos de artes en la UDEC los días sábados en la mañana, si deseas puedes inscribirte e ir, van jóvenes de todas las edades. – Qué gran idea, a todo esto no le pregunté su nombre. – Javiera Díaz, yo soy Marcos Zúñiga respondí.- Okey Marcos, si es verdad que te apasiona tanto el arte como dices te espero el sábado en el taller. – Ahí estaré, añadí animado.



No podía más en mi felicidad todo esto era más de de lo que jamás imaginé al iniciar el día. Quizás el sueño que tuve anoche había sido una especie de premonición, me agradaba pensar que estaba en lo correcto. Espere con ansias que llegara el fin de semana, cuando llegó a la hora señalada (once treinta am) estaba instalado en uno de los asientos había sido uno de los primeros en llegar. Javiera había tenido razón los jóvenes que acudían eran de todas las edades, hasta menores que se notaban que eran escueleros. Con un retraso de cinco minutos irrumpió en la sala, vestía elegantemente y con paso decidido se dirigió a la mesa del profesor. Ahora con más detención intenté descifrar su edad. Todavía era joven no superaba los 32 años a lo sumo. Empezamos con unos esbozos de unos cuadros de Dalí (sencillos) y por esta vez uno podía elegir el estilo con el cual trabajaría. Javiera se paseaba con parsimonia por el salón e iba dando consejos a cada alumno cuando llegó a mí sonrió: - Así que estás aquí joven Marcos. – Como afirme que lo estaría. – me parece muy bien, veamos qué tal el avance de tu labor. Con ojos ávidos observó con atención. No está nada mal, me ruboricé aquella reacción fue en contra de todo control, es que su presencia y halagos me incomodaban, era demasiado esplendor para mí. Al finalizar la clase aguardé mientras todos se marcharan para hablar a solas con ella. La abordé (tartamudeaba y sudaba como caballo) – Perdone la indiscreción pero aceptaría salir conmigo a tomar algo por ahí. Con turbación exclamó: ¡Como se le ocurre! ¡Es usted un lanzado! Limítese a las clases y nada más, no se pase rollos. Se marchó al unísono. ¡Carajo! ¡Fui un huevón! ¡Yo y mi maldita impaciencia! ¡Debí haber aguardado un par de semanas! Completamente abatido retorne a casa para almorzar. ¿Hijo que te sucede? – Nada (era una estupidez que intentara engañar a mi mamá si en mi rostro salía la furia por todos los poros) – Eso ni tú te lo crees, cuenta conmigo dime lo que te sucede. – Mamá no tengo ganas de hablar en estos momentos ¿Podría ser después? – Como gustes pero espero que no sea nada grave. – Eso mismo espero dije sin convicción. De inmediato fui a mi pieza, cerré la puerta con llave y me puse a escuchar música. - ¡She´ s got a ticket to ride! But she don´t care…. O por Dios The Beatles eran los mejores y lo serían por siempre. Cuando los escuchaba vagaba por mundos surrealistas rebosantes de amor y paz. – Luego cuando era hora de comer caí en cuenta que no deseaba probar bocado así que opte por dormir una siesta, a ver si eso servía para apalear la rabia.



Desperté cuando eran las cinco y media, el sol caprichoso se posaba en mis ojos como añorando que no continuara holgazaneando y acabara por retornar a la vigilia. Al principio me encontraba tan desorientado que no supe dónde estaba, al cabo de algunos instantes se me corrió la teja e identifiqué mi habitación. Suspiré hondamente, anímate Marcos nada está perdido a cualquiera le pueden decir que no, además debes convenir que fuiste un poco atolondrado. Como sea quizás el otro fin de semana sea más provechoso. Al parecer era mago o algo así porque lo que pensaba se hizo realidad y al llegar al siguiente sábado Javiera parecía haberse olvidado del impase y al contrario de lo que imagine no me trató con indiferencia sino tal como lo había hecho la semana anterior. Eso me dio esperanzas por lo menos en el peor de los casos estaba igual que al principio. Pero ahora no cometería el mismo error, buscaría un trato profesor alumno hasta de a poco comenzar a ganar su confianza. Aquello me tomó menos de lo que pensé, trascurrido un mes desde nuestro primer encuentro ya me trataba de forma especial y hasta accedió a salir conmigo después de clases. Fuimos al café Marbella que queda en Rengo con O´Higgins, nos sentamos junto a la puerta y se dio inicio a la plática. - ¿Por qué accedió a mi propuesta? Bueno me percate que tus intensiones son genuinas y además se nota que al arte es tú pasión, ahora entre nos eres el mejor de la clase. Me ruboricé hasta el alma, lo único que deseaba era poder esconder la cabeza como el avestruz. – Gracias dije bastante incómodo. – No te sientas avergonzado, es enserio posees un talento especial. Creo que lo note cuando estábamos con lo de las pinturas de Dalí. ¿De verdad? – Pero esa vez sólo me dijiste que no estaba mal, rio socarronamente, era una prueba quería ver como evolucionabas con los talleres siguientes. Ya veo respondí con orgullo. – Pedimos un café cortado con un Pie de limón, al rato nos lo sirvieron y continuamos la charla. – Pero cuéntame más de tu vida dijo. ¿Qué haces? – Estudio Derecho, no obstante, estoy chato me ha ido mal y no es lo mío. - ¡Pero por supuesto que no lo es! Exclamó gesticulando con los brazos, lo tuyo es pintar. – Lo sé añadí encogiéndome de hombros. Ni sé porque escogí estudiar eso.- Cambiando de tema que puedes decir de tú familia ¿Vives con tus padres? – Madre solamente, mis viejos se separaron hace años. – Lo siento no fue mi intención entrometerme.- Descuida no tenías como saber, además fue tan sólo una pregunta. Era mi turno para preguntar. –Pero hablando de ti ¿Hace cuánto que impartes clases en la UDEC? Me observó con atención y sonrió picarescamente. No mucho unos 2 años tal vez, tengo mala memoria.- Reí jocosamente, no te burles es verdad soy una pava, aparte no estoy hace mucho acá en Chile, volví hace como 4 años. Estuve antes recorriendo el mundo y me asenté por un par de años en Barcelona, es una ciudad hermosísima llena de sorpresas, para mí fue la cuna del arte. Wuaaa, dije anonadado me costó recuperarme de la impresión. Ahora comprendo la experticia que posees en los distintos estilos que manejas.- no es para tanto, pero es verdad que en mi estancia en Barcelona hice bastantes cursos que me sirvieron para ampliar mis conocimientos.

Sin darnos cuenta había trascurrido más de dos horas así que cada uno fue por su lado. No cabía en mi dicha era el mejor día de mi existencia. Saltaba de alegría y cantaba como un pajarillo en primavera. ¿Podría haber sido mejor? No lo creía tal como fue era suficiente para estallar de dicha, por añadidura durante el lapsus que estuvimos juntos me dio su correo para que en el caso que me surgía una duda sobre el trabajo que estábamos realizando le escribiera. Ya no tan sólo podía estar en contacto con ella durante las clases tenía la excusa ideal para comunicarme (con ella) durante la semana y así lo hice. Dando rienda suelta a cualquier pregunta estúpida con tal de poder leer algunas líneas escritas por sus mágicos dedos, con una respuesta suya era feliz.



Al trascurso de otro mes éramos inseparables las idas al café ya no eran solamente los fin de semana sino prácticamente todos los días y a su vez a veces nos quedábamos después de la hora de clases pintando. Ella hacía gala de su experiencia en pro de enseñarme más técnicas para ser como ella decía mejor de lo que ya era. Si sentir lo que sentía era estar enamorado sin duda lo estaba. No concebía minuto sin su presencia, adoraba su cuerpo, mi sueño era poder explorarlo de cabo a rabo, con furia, con pasión inusitada aunque por sobre todas las cosas la amaba por lo que era, una mujer excepcional, talentosa y llena de vitalidad. A veces tenía la sensación de que me observaba con atención fijamente a los ojos como escudriñando mi ser. Y hasta tuve las sospechas que lo hacía con deseo. ¿Era posible aquello? Yo era un cabro chico si me comparaba con ella, inmaduro y tenía mucho que aprender. Pero sería un sonso si me cegara a la posibilidad que mis divagaciones fueran ciertas. En uno de esos tantos momentos nos quedamos por unos instantes mudos, petrificados como si un cubo de hielo nos hubiera envuelto. Ahí supe que si no me rendía a mis deseos ahora carecería del valor para hacerlo si se me presentaba otra ocasión. Sin decir palabra alguna me fui acercando peligrosamente a sus labios, hasta estar a escasos centímetros de su humanidad. ¿Qué haces? ¿Por qué me miras de esa manera? Preguntó turbada, no respondí y la besé como un poseso. La estreché contra mí y pude sentir sus senos crispados en mi pecho y al contrario de lo que suponía no se apartó de mí y siguió disfrutando de aquel ósculo. Hasta a veces me los respondía con ternura, gemía de placer y como un torbellino besé su cuello y fui descendiendo raudamente haciendo surcos en su cuerpo. – Basta esto no puede ser, sentí sus palabras como puñaladas directas al corazón. Pero ¿por qué? Si lo disfrutas, además te gustó. Eso no lo puedes negar.- Sería una tonta si lo hiciera pero es que no debe ser y punto. Yo soy tu profesora y soy bastante mayor que tú, quizás fue un error haberme dejado llevar por tu simpatía y juventud. Desde que empezamos hacer amigos todo fue una equivocación- ¿Qué dices? -Es que es inaudito. Estaba rabioso ¿Cómo se atrevía a decir eso? Era una inconsciente y más encimas me dijo que me largara le espeté que no lo haría y con cólera me obligo a hacerlo. Rendido completamente derrotado, me marche. Con el paso de los días la llamé (Ahora tenía su número de celular) pero siempre el aparato decía: “Deje su mensaje de voz” ¡Maldita sea! Estaba inubicable. Fui a la Universidad y tampoco la encontré, el sábado siguiente no fue a clases.


Todo se había ido a la mierda ¿Cuál sería mi siguiente paso? Si tan sólo supiera donde vive, al final ni eso servía puesto que aunque la tuviera su dirección dudo que me recibiera con los brazos abiertos. Marcos reconócelo perdiste como en la guerra esto se te escapó de las manos. Parece que era tele pata porque sin esperarlo justo en aquel instante sonó el celular. ¡Era ella! –aló, ¿Marcos? Si, amor…. Ignoró mis palabras y dijo: - Necesito verte ahora ¿Puedes? Por supuesto - ¿A dónde? Estoy en el sector Collao en la plaza de los dinosaurios ¿La ubicas? Si, voy para allá. Te espero, colgó. Estaba temblando de emoción, unas renacidas esperanzas me embargaron. Corriendo con frenesí por mi torrente sanguíneo, todo en mi cabeza era bruma solo Javiera era nítida, clara, pura como un río de esos majestuosos que se ven en el sur. Cuando llegué estaba sentada en uno de los bancos cercano a la estatua del Diplodocus. Había muchos niños acompañados de sus padres jugando y revoloteando de aquí para allá. Se subían a la estatua de un Tiranosaurios Rex, se sacaban fotos, era un lugar acogedor, ideal para que los peques pasaran un buen rato.



Javiera vestía más sencilla de lo habitual y su semblante era un rictus, me puse en alerta máxima. Hola ¿Hace cuánto que estas acá? – No mucho- ¿Por qué te alejaste por tanto tiempo? – Eso es lo que te voy a explicar, siéntate. Para mí es complicado decir esto pero no saco nada con hacer oídos sordos a lo que me dice el corazón- ¿Ya? ¿Y qué sería?- Me gustas mucho, creo que me estoy enamorando de ti. Quedé perplejo, de una pieza, sentí que me sofocaba, jamás pensé que oiría salir de su boca aquellas palabras. – Soy tan dichoso amor mío, le acaricie sus manos, viaje por sus rizos y la besé repetidas veces en los labios. – Aguarda todavía no término, me sentí un tanto mareado ¿Qué le faltaría por decir? – no eres el único en mi vida, tengo pareja estable de hace ya varios años desde que volví de Barcelona. Aquella noticia fue un mazazo, era más de lo que mi mente podía soportar. – ¿Cómo? Estaba tartamudeando, no me salía la voz, me costaba respirar. ¿Cómo no me lo dijiste antes? – Jamás imagine que me pasarían cosas contigo. – Espera, dijiste que sentías cosas por mí ¿Entonces qué pasa con tu pareja? – Se negaba a contestar, por su semblante era fácil adivinar que aquella pregunta la incomodaba. – Suspiro, las cosas no marchan bien desde hace un tiempo, ya van varios meses de una relación tensa y fría, para varear llegaste tú y lo complicaste todo aún más. -¿Ves? Tenemos un futuro juntos, lo acabas de decir al contar que estas mal con él. – Hablas sin comprender nada ¡Vivo con él! Nos llegar y dejarlo todo así como así. ¡Pero ya no lo amas! – Si lo sé y me cuesta asumirlo. Se agarró el rostro y empezó a llorar sin control, lágrimas ácidas caían por sus lozanas mejillas. – Cabro chico me arruinaste todo. –La rodee con mis brazos y le sequé las lágrimas con mis labios y la besé en la boca. – Pero es que esto es….- No hables solo déjate llevar exclamé con vehemencia.



Cayó rendida a mis designios sin poder controlarnos empezamos a entrelazar nuestros cuerpos si no fuera porque estábamos al aire libre hacíamos el amor ahí mismo. Fuimos a un motel y consumamos nuestro amor. Acariciar su cuerpo desnudo era un idilio, besar sus pechos era como beber el elixir de la vida, su sexo con olor a miel me embriagaba. Al rato nos quedamos dormidos abrazados. Al despertar ya no estaba en la habitación había dejado una nota disculpándose y diciendo que se comunicaría lo más pronto posible. Lo que sucedió esa noche difícilmente lo olvidaría. Había tenido otras chicas antes pero ninguna se comparaba a Javiera, era la mejor, la mina ideal y lo más importante que a pesar de todo me amaba a mí y no al Huevón que tenía como pareja. Volví a casa, mi madre me esperaba impaciente ¿Dónde estabas? Pasaste toda la noche afuera y ni si quiera llamaste. – Lo siento estaba en un carrete y se me olvidó. Se fue hecha una furia y cerró con rabia la puerta de su pieza. Al carajo nada iba a cambiar mi estado de ánimo. La Javi era mía y lo sería por siempre. Nos seguimos viendo por las siguiente dos semanas durante ese tiempo me llegó una llamada, la más feliz de los últimos meses con una noticia que pensé que jamás escucharía. ¡Mi padre iría a verme el fin de semana! No sé cómo se enteró pero mi madre por cosas de trabajo no estaría en casa y lo aprovecharía para ir a verme. Estaba dichoso por fin lo vería después de tanto tiempo, iba ser un encuentro gratificante. Además dijo que iría con mi hermana ¡Que mejor! Podría verla en persona por primera vez.


El domingo llegó rápidamente y espere con impaciencia que fueran las cuatro de la tarde, a la hora señalada tocaron el timbre, fui a abrir y frente a mis ojos vi a mi padre sonriente. – Hijo mío tanto tiempo, nos abrazamos. – Te presentó a tú hermanita. Era más bella que en las fotos, la acurruque en mis brazos y le hice morisquetas. Reía estridentemente, mi bonita Catalina, mi hermana. A lo lejos sentí unos pasos que se dirigían a la casa, pregunté consternado. ¿Quién será? Otra sorpresa dijo mi padre haciéndome un guiño con el ojo derecho.- Te presento a mi pareja la mamá de Catalina. No lo podía creer, sin duda esto era una pesadilla la peor que había tenido. ¡Era Javiera! ¡Mi amor! ¿Pareja de mi padre? ¡Por la cresta me mintió nunca dijo que tenía una hija! ¡Maldita! Por su parte Javiera se quedó muda, la impresión la había dejado de piedra. A los segundos salieron palabras inconexas de sus labios casi como un susurro- Me siento mal, Cariño vámonos- ¿Qué? Espetó mi papá contrariado. – si acabamos de llegar. ¡Vámonos! Vociferó fuera de sí. – está bien pero no te enfades. – Lo siento hijo no sé qué es lo que le sucede, no obstante, estamos al habla. ¡Adiós! Cuando Javiera cruzaba la puerta me miró consternada y unas lágrimas inundaron sus ojos. Al mirarnos supimos que nuestro amor era imposible y ya nada volvería a ser igual. Cuando se marcharon me deje caer al piso y empecé a llorar como un niño. Todo esto era más de lo que podía soportar ¿Por qué a mí? ¿Cómo afrontar esto? ¿Qué puedo hacer? Solo olvidarla, el sueño término me dijo mi voz interior. Estás jodido es la madre de tu media hermana. ¡Cresta! La suerte estaba echada. No quedaba otra que seguir adelante. Bueno que se le va hacer, así es como están las cosas.

(La historia transcurre en la ciudad en la cual nací, Concepción, Chile) juanpa.sc@gmail.com

Texto agregado el 16-12-2015, y leído por 196 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2017-07-14 08:06:47 No sé cómo quintupliqué el comentario. Discúlpame. calara
2017-07-14 08:03:50 Estimado Antonio89: Está buenísimo: texto bien expresado en un estilo coloquial, grato y sencillo. Sin embargo, con fines nobles, te recomiendo dejar un renglón antes y después de los insertos dialogísticos; con el fin de pausar con acierto la lectura. ¡Felicitaciones! calara
2017-07-14 08:01:33 Estimado Antonio89: Está buenísimo el relato: bien expresado en un estilo coloquial, grato y sencillo. Con todo respeto, sin embargo, con fines constructivos, te recomiendo dejar un renglón antes y después de los insertos dialogísticos; con el fin de pausar con acierto la lectura. calara
2017-07-14 07:59:44 Estimado Antonio89: Si este caso te pasó, y no es ficción, te compadezco. Está buenísimo; el relato está bien expresado en un estilo coloquial, grato y sencillo. Con todo respeto, sin embargo, con fines constructivos, te recomiendo dejar un renglón antes y después de los insertos dialogísticos; con el fin de pausar con acierto la lectura. calara
2017-07-14 07:59:30 Estimado Antonio89: Si este caso te pasó, y no es ficción, te compadezco. Está buenísimo; el relato está bien expresado en un estilo coloquial, grato y sencillo. Con todo respeto, sin embargo, con fines constructivos, te recomiendo dejar un renglón antes y después de los insertos dialogísticos; con el fin de pausar con acierto la lectura. Un abrazo de: calara
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