NATURALEZA
I: Nadie sospecha que el arcoiris se regocija con el néctar que apenas ayer modelaba en el lodo.
II: Me pregunto si es un Cuarto Creciente lo que admiro, o acaso la Vía Láctea está a punto de soltar su germen más preciado en esta fría madrugada.
Luz de Luna suficiente para descubrir la línea caprichosa del borde simétrico de una hoja de durazno que súbitamente se desprende de la rama, en pleno verano; anunciando el genio de la naturaleza, la suspicacia del cosmos.
III: La naturaleza nunca ha tenido segunda opción; y sigue invicta.
IV: No hay mejor muestra de desesperante sobrevivencia que la incipiente formación de un capullo, desdoblando, estirando irremediable hacia lo alto, a su único destino.
Qué mejor armonía a la de la tierra y la semilla.
V: Es apasionante deleitarse con las formas de una flor; la cual, sin prisa, abre sus finos muslos, para luego, sabia en su virginidad, dejarse extasiar por el afortunado insecto hechizado de su fragancia.
La sensibilidad de cualquier vegetal te la muestran sus eróticas formas.
VI: Afirmar que todo ya ha pasado equivale a dudar del humor de la naturaleza.
VII: Cuando reaccioné, varios pichones ya habían escondido las cabezas en sus buches. El suceso los tomó desprevenidos, sobre la barda de la casa de mi madre, desde donde acostumbraban entonar ese suave susurro todas las tardes.
Al salir al patio, con la curiosidad de un científico descubrí que ya no había una sola hormiga por ningún rincón. Seguramente, tan desconcertadas como los pichones y los demás insectos diurnos habían decidido acatar el mandato, olvidándose de la presa.
Pero esa tarde los animales nocturnos no salieron. Acaso se encontraban sumergidos en un sueño profundo que les impidió percatarse del fugaz fenómeno.
Mi perro se fue a su rincón preferido, satisfecho de obedecer.
Salí a la calle para tener una mejor perspectiva; las mercadelas de la vecina ya empezaban a retraer sus pétalos; pero el pequeño lapso natural les impidió su cometido, viéndose forzadas a retornar a su esplendor anaranjado cuando un gallo cantó pleno, feliz.
VIII: Desde la Sierra Madre lo divisaba; entre las cinco y media y las seis de la mañana, a don Goyo aún le gusta fumar su pipa.
XIX: Casi todos los vegetales terminan doblados o rotos; unos por débiles; otros por el peso de sus frutos.
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