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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / Jack el StRipper - 5 de 5 - Cuatro bellezas y una sorpresa - Epílogo

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La ansiedad de Jack era notoria.

Luego de regresar a su casa a pie, dejando tras de sí una sanguinaria carnicería, se dedicó a asearse para quitar la sangre que había quedado adherida a su cuerpo. Afortunadamente había muy poca gente en las calles a esas horas, y los pocos carruajes que aún circulaban no se detendrían; mucho menos si veían a un hombre completamente ensangrentado. Eran tiempos peligrosos para siquiera pensar en ayudar a un desconocido. El que se detenga podría pasar por la misma suerte.

Seguramente adjudicarían su obra al Destripador, así que él podría sentirse tranquilo a ese respecto. Se había excedido, pero confiaba en que los investigadores creyeran que el asesino serial había perdido del todo el juicio. Además, valía la pena el riesgo. Lo que estaba a punto de vivir, ningún mortal lo había experimentado jamás.

Su corazón latía con fuerza, mientras esperaba recostado en su cama. Boca arriba, completamente desnudo, sólo cubierto hasta la cintura por una sábana, su desarrollado cuerpo descansaba mientras su mente no se detenía. Los torneados músculos de sus brazos y piernas se tensaban esporádicamente, cuando la tensión nerviosa que lo invadía superaba el límite de sus pensamientos.

Los marcados músculos de su abdomen también se encontraban en tensión. En verdad, Jack se había convertido en un manojo de nervios y de ansiedad.

Tomó un poco de aire, y merced a una botella de whisky que había tenido la previsión de colocar al alcance de la mano, logró relajarse un poco.

Enseguida su imaginación volvió a volar, y su respuesta física no se hizo esperar. La sábana comenzó a elevarse a medida que su mente creaba las imágenes más perversas con él como protagonista.

Pocos minutos después, una de las cortinas se movió agitada por una repentina brisa. Casi al mismo tiempo, su sábana flotó durante breves instantes, para luego descender suavemente sobre él.

En alerta inmediata, su cuerpo respondió con un estremecimiento. Ellas estaban ahí. Él lo sabía.

Pocos instantes después, comenzaron a hacerse visibles. La semi-penumbra de la habitación era propicia para que las fantasmas sean percibidas por el ojo humano.

Las cinco féminas estaban de pie frente a él, flotando en el aire apenas unos centímetros. Las miradas de lujuria en cada una eran una invitación difícil de rechazar. Jack estaba en la gloria. ¡Todas habían acudido a la cita!

Se quedó casi pasmado cuando todas ellas al mismo tiempo comenzaron a bailar sensualmente al ritmo imaginario de la música que agitaba el corazón de Jack. Poco a poco, cada una de las chicas comenzó a quitarse la poca ropa que llevaban puesta. Esta vez él era el espectador, mientras ellas le brindaban la función más excitante de su vida.

La sábana sobre su abdomen mostraba un espolón que estaba a punto de asomar a través de ella, como si pudiera atravesarla en cualquier momento. Las mujeres espectro continuaron desnudándose, mientras lo observaban con deseo en sus ojos, acariciando sus cuerpos y relamiendo sus labios. El espectáculo era sobrecogedor, cinco mujeres fantasma quitándose poco a poco la ropa frente a él.

La pelirroja sopló en dirección a él, y la sábana que lo cubría voló por los aires, dejándolo a merced de las miradas femeninas.

Cuando todas acabaron de quitarse hasta la última prenda, cinco pares de manos casi invisibles comenzaron a recorrer poco a poco el cuerpo de Jack, quien se dejaba hacer disfrutando al máximo cada contacto. Las mujeres recorrían sus brazos, piernas y su pecho. Dejaban para el final la parte más interesante, que para ese entonces se encontraba en un estado tal de excitación, que latía fuerte y visiblemente.

Cuando ellas finalmente comenzaron a acariciarlo allí, él casi explotaba de deseo. Cinco bocas fantasma recorrían cada parte de su cuerpo con besos imperceptibles, pero que en él producían inquietantes estremecimientos. Una a una, fueron descendiendo por su pecho y abdomen, hasta alcanzar el punto donde lograban desbocar por completo los latidos de su corazón.

Entonces comenzó a sentir cómo cada una de ellas, por turnos, hacían maravillas con sus lenguas. La sensación era algo fuera de este mundo. Las chicas se peleaban por saborear el secreto de su hombría. Incluso lo hacían de a dos, y hasta de a tres en un momento.

Fue entonces que la pelirroja, (líder indiscutida, por lo visto), apartó a todas con un gesto. Era su turno, y no deseaba compartir con nadie al hombre que tenía delante. Jack estaba expectante por lo que sucedería a continuación. Deseaba a la pelirroja en forma irresistible. Era particularmente hermosa.

Ella lo tomó suavemente, y acercando su boca poco a poco, comenzó a saborearlo despacio, para luego, sorpresivamente, introducir de un golpe toda la firmeza del hombre dentro de sus labios insaciables. Al mismo tiempo, tanto ella como las demás mujeres tomaron de repente color, y lo que hasta ese momento eran fantasmas se convirtieron en mujeres palpables, de carne y hueso.

De pronto, los ojos de Jack que hasta ese momento estaban cerrados, se abrieron enormemente. La pelirroja, que todavía se encontraba entre sus piernas, levantó la cabeza sonriendo, mientras un hilo de sangre corría por las comisuras de sus labios. Su sonrisa, teñida por el rojo elemento, se rompió cuando ella abrió la boca y escupió un gran trozo de carne completamente ensangrentado. Luego volvió a sonreír.

Las otras mujeres, como movidas por una orden invisible de su jefa, se acercaron a Jack que en ese momento estaba completamente pasmado por el dolor y la sorpresa, y armadas de pequeños puñales comenzaron a cortar su piel en diversos sitios.

Al poco rato, Jack no era más que una mezcla de sangre y carne, difícil de identificar como lo que había sido un ser humano.

Entonces la pelirroja reunió a las demás, que aún se encontraban saboreando algunas partes del cuerpo de Jack, con sus bocas y manos completamente ensangrentadas.

—Vengan niñas, acérquense. —Ordenó —Díganme: ¿Qué hemos aprendido aquí, de esta "puesta en escena" que hemos pergeñado con este bello espécimen mortal?

—Que la carne de hombre es sabrosa —aseguró una de ellas.

—Que los hombres son débiles —acotó otra.

—Mis queridas niñas, aprendices de súcubos y diablesas, aquí aprendimos sobre la ambición del hombre.

Y continuó explicando como si estuviera dando cátedra:

—Los hombres son increíblemente débiles en la carne, como bien acotó Érika, pero lo son aún más en cuanto a la ambición. Este hombre por ejemplo, (levantó la cabeza de Jack), nos demostró que pese a tener un gran arreglo con el diablo (aunque él pensara otra cosa), se arriesgó por tener aún más de lo que había logrado. Su ambición y debilidad carnal era tal, que aunque él podía adjudicar sus asesinatos a nuestro amigo Jack el Destripador, se arriesgó por completo para obtenernos a nosotras. Desgraciadamente para él, no podía saber que habíamos planeado todo esto, con la sola intención de que ustedes aprendan un poco más sobre la facilidad con que se puede tentar a un ser humano para lograr nuestros macabros fines.

Luego soltó la cabeza de Jack, la cual hizo un ruido sordo al golpear contra el suelo.

—Lo siento, eras bonito, pero demasiado estúpido. Como la mayoría de los hombres, afortunadamente para nosotras.

Y las cuatro aprendices rieron con ganas, ante el chascarrillo del diablo, disfrazado, como tantas otras veces, de mujer.

FIN.

Texto agregado el 13-10-2016, y leído por 56 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2016-10-13 19:21:20 Caramba, un cuento donde se expresa una verdad con moraleja incluida! MujerDiosa
 
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