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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / Ronquidos (Musasmuertas)

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Hacía mucho calor. La noche era clara, y la Luna, a través de una rendija de la ventana, iluminaba el rostro de Musasmuertas, quien dormía profundamente.

De su boca abierta, escapaban a intervalos unos profundos ronquidos. En forma inconsciente, su cuerpo cambiaba de posición para evitarlo, pero finalmente siempre acababa boca arriba, con lo que sus ronquidos volvían a aparecer.

En el techo, justo sobre su cabeza, un pequeño insecto corría rápidamente para salvar su vida. Una pequeña araña doméstica, que llevaba sus huevos en el interior de su hinchado abdomen, era perseguida por una temible araña cebra.

Justo cuando el depredador estaba a punto de atrapar a su presa, ésta, en un intento desesperado, se dejó caer al vacío, yendo a parar exactamente dentro de la boca de Musas, quién casi se despertó. Sin despabilarse del todo, tragó saliva, arrastrando al pobre insecto al interior de sus entrañas…

La araña, desde el momento en que cayó en esa fosa supo que estaba perdida. Sin embargo, encontró en ese extraño lugar un sitio húmedo, seguro y muy propicio para depositar su huevos. Pocos instantes después de asegurar su descendencia, dejó de existir.

Musas se despertó con un extraño sabor de boca. Supuso que el picante que había comido la noche anterior no le había sentado muy bien, y se prometió cuidarse un poco más con las comidas. ¡No es cosa agradable tener una indigestión!

Luego, con el transcurso del día olvidó por completo el incidente. No sintió ninguna molestia en su estómago, así que se dedicó a efectuar sus actividades como cualquier otro día.

Pasaron cuatro semanas, durante las cuales los huevos de araña incubaron en el interior del cuerpo de Musas. El calor y la humedad eran ideales, y las primeras arañas bebé no tardaron en aparecer.

Durante esos días, nuestro amigo fue presa de una extraña sensación: percibía cosquillas en su interior. No podía explicarlo de otra manera. Era como si tuviera plumas dentro de su estómago. No habló con nadie del tema, ya que lo tomarían por loco…

Las arañas, fueron creciendo poco a poco, y la comida que Musas ingería no contenía suficientes nutrientes para todas. Algunas, por accidente, caían en el fondo del estómago, y eran disueltas por el ácido gástrico. Pero otras, comenzaron a explorar el extraño mundo donde les tocó nacer. Una de ellas, tal vez más osada que las demás, comenzó a subir por la tráquea, buscando nueva comida.

Por esos azares del destino, se abrió camino hacia los pulmones, provocando inmediatamente en nuestro amigo una irresistible necesidad de toser. Musas sentía que no podía respirar.

Luego de toser varias veces, logró expulsar aquello que le atoraba las vías respiratorias. Sentía verdadera repulsión por las arañas. El hecho de darse cuenta de que había tenido una dentro de su organismo, le provocó simple pavor: “¿Y si me picó por dentro?” Esa pregunta atenazaba su mente y no lo dejaba dormir. Esa noche, se lavó los dientes cinco veces, y todavía sentía el sabor de la araña en su boca…

Finalmente, luego de dar muchas vueltas en la cama, no sin dificultades, logró dormirse. Al poco tiempo, su cuerpo adoptó la postura que caracteriza a la mayoría de los humanos “roncantes”: boca arriba.

Entonces, unas patitas asomaron por la comisura de sus labios. Una de las arañas había alcanzado la “salida”. Pocos instantes después, otra araña encontró el mismo hueco, y otra, y otra más… Muy pronto la boca de musas se convirtió en el portal más concurrido del mundo arañil. Los insectos salían por docenas.

Una araña común, de esas que podemos encontrar en nuestros hogares, suele tener entre 1500 y 2000 crías, cada vez que pone huevos. Y esta no era la excepción. Más de mil arañitas estaban saliendo de la boca de Musas, y poco a poco iban rodeando a nuestro amigo, caminando sobre él.

Cuando Musas despertó, lo primero que notó es que no podía moverse. Estaba rodeado de una especie de red muy resistente, y muy apretada, que no le permitía mover un solo músculo. Se sentía como si lo hubieran envuelto en un gigantesco film de polietileno.

Lo segundo que llamó poderosamente su atención fue el dolor. ¡Cientos de pequeñas mandíbulas estaban mordiéndolo en todas partes del cuerpo!. Las arañas estaban inoculando su veneno paralizante en su futura comida.

¡Las arañas bebes finalmente realizaron su primer capullo! ¿No les parece tierno…?

Texto agregado el 25-10-2016, y leído por 90 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2016-10-26 15:56:50 Agggg... escalofriante.. Un abrazo sheisan
2016-10-25 20:56:08 Muy buen texto ***** grilo
2016-10-25 17:54:19 jajaja .... un momentito!, voy a vomitar arañas y ya vuelov para dar mi comentario!!!.... excelente amigo!!! gacias por la caracterización! musas-muertas
 
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