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Inicio / Cuenteros Locales / vejete_rockero-48 / Estadísticas

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Asiento veintidós hacia el pasillo dice el boleto que uso como precario marcador de páginas; cerrando el libro que traigo en mis manos trato de acomodarme lo mejor que puedo en la fastidiosa butaca del autobus. El viaje es largo y tedioso, creo que ya ha pasado cerca de dos horas desde que partiéramos rumbo al norte.
Tapo mi boca con la palma de la mano evitando un cansador bostezo al mirar mi reloj de pulsera; afortunadamente ya solo queda un poco más de viaje para llegar a la ciudad de Arica. Busco pasar el tiempo distrayéndome al ver por la ventana; un inmenso y monótono océano de arena, es el único vestigio que acompaña y adorna el rápido pasar de la pesada máquina.
Un par de sitios más adelante viajan dos personas que vienen discutiendo airadamente por el asiento junto a la ventana; dicha pelea se origina por una ingrata confusión en la agencia de ventas de pasajes, y que lamentablemente para ambas partes causa un desmán en el interior del bus apenas comenzado el viaje.
_¡Par de huevones!_ Pienso al ver como el conflicto pareciera que no llegará a buen acuerdo_ Las estadísticas son muy claras en estas situaciones. En caso de accidente de tránsito, quienes vayan sentados junto a la ventana tienen un veinte por ciento más de probabilidades de salir lastimados en comparación a quienes van en las butacas que dan hacia el pasillo. Y hay más; un veinticinco por ciento de probabilidades de sufrir una amputación de alguno de sus miembros en caso de volcamiento, además de un quince por ciento de probabilidades de fallecer en forma instantánea.
_ ¡Mala elección el asiento junto a la ventanilla!_ Medito al ver como continua la disputa por el lugar.
Suena tonto y quizás hasta algo enfermizo saber estos tétricos datos; pero los mantengo en mi memoria por un hecho fortuito ocurrido en uno de mis tantos viajes hacia la vecina ciudad de Arica.
No recuerdo especificamente cuando fue, pero en una de estas tantas travesías un pasajero me regaló su periódico antes de bajar en Pozo Al Monte, un pequeño pueblito en medio del desierto. En aquel diario encuentro una tabla de probabilidades, el boletín se publica tras la triste noticia de un grave accidente automovilistico ocurrido en el sur del país. Dicho cuadro estadístico enumera los lugares más seguros e inestables en casi todos los medios de transportes. Sumado a eso, tengo una prodigiosa memoria para guardar información basura, y bueno, ya está. No hay mucho más que relatar respecto a ello.
Desde que cruzáramos el límite urbano podemos respirar en el ambiente un grato aroma a "verde", es una lástima que sea mi último viaje; extrañaré ese perfume que envuelve a la ciudad, y que se genera desde sus múltiples áreas verdes. Tengo un lugar muy especial en una plaza muy amada, echaré mucho de menos las suaves brisas que bajaban desde las copas de sus árboles y los gratos olores y colores desprendiéndose de sus flores.
El autobús ingresa lentamente por las estrechas calles de la ciudad de Arica, preparo mi mochila y acercándome a la puerta de salida espero que la máquina se detenga.
Literalmente un mar de personas invade el terminal de autobuses en busca de sus seres queridos, las despedidas y recibimientos están colmadas de tristes lágrimas y dichosas alegrías.
Son cerca de las siete de la tarde un invernal y despejado día en la ciudad de Arica, el sol desciende perezosamente pintando las calles de colores carmesíes, la temperatura es agradable y comienzo a caminar hacia el centro de la ciudad, disfrutando de la helada brisa que proviene desde la costa; había olvidado lo mucho que amaba caminar a esta hora por estas mismas calles.
Es extraño volver donde poseí y perdí todo, donde fallecí y regresé a la vida, donde reí y lloré, donde comenzó y terminó una parte importante de mi vida. Es extraño sentir que ahora las cosas son algo distintas, que tal vez la brisa dominical sea mi regalo de despedida.
En las extraordinarias rutas de un desconocido destino comienzo a vislumbrar un nuevo camino. Así es la fragilidad de la vida, y no hay ninguna clase de estadísticas que indique las probabilidades de absolutamente nada en estos senderos.
Es extraño volver a caminar sin rumbos fijos, sintiéndome sorprendentemente vivo; esta vez sin saber a donde mierda acabaran mis pasos...
¡Me siento feliz!



Texto agregado el 13-02-2017, y leído por 100 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2017-02-13 19:13:17 Totalmente de acuerdo contigo: ningún sendero recorrido es igual a otro porque como proclamas, “así de frágil es la vida”. Vivencias extraordinariamente narradas con esa elocuencia tuya tan natural y particular. No haces ningún esfuerzo, todo fluye en tus letras como imagino fluye tu vida la mayor parte del tiempo, así te percibo. Es sencillamente agradable leerte porque como dice Hipsipila, transformas lo insustancial en arte. ¡BRAVO! Un abrazo full, Vejetito amigo. SOFIAMA
2017-02-13 16:56:52 He leido con interés y de manera muy amena esta crónica de un viaje. Ciertamente bien escrita y llena de visualidad. De algún modo me ha llegado el desierto y la arena en imágenes literarias. Muy bueno vejete. BarImperio
2017-02-13 16:17:55 Me llama la atención que elevas a arte lo anodino. Eso solo saben hacerlo algunos. Mis estrellas. hipsipila
2017-02-13 15:29:25 Un relato que se hace recuento de un viaje con recuerdos y premoniciones que llevan a un final donde la nostalgia hace huellas en corazon del viajero que se despide de un pasado donde añora la vida. me encanto por su sencillez y la descripción del entorno muy bueno gracias por compartirlo un abrazo rolandofa
2017-02-13 14:44:23 ¿Realidad o ficción dentro de la propia ficción? ¿En la mente del autor, sucedió, fue premonición o es tarea para el lector? De todas formas,poco a poco, desde que comencé a leer tus letras voy encontrando un hilo conductor en todos tus relatos, pues al leer el último siempre recuerdo algo de los anteriores, parecieran ser crónicas que se van hilando en un collar. Vicherrera
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