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Inicio / Cuenteros Locales / mariomatera / Ahora soy un axolotl

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Vivía rebozante de felicidad en mi tierra mexicana. En las aguas del Río Grande que fija el límite ne tre los Estados Unidos y México, disfrutaba de una amplia libertad de movimientos y sentía que el mundo me pertenecía. Pero de repente, me sentí arrancado de mi medio natural por hombres que se dedicaban a la pesca en el río con sus grandes redes. Me sentí atrapado y entonces comprendí que mi vida había cambiado radicalmente. Luego, sentí el rugido de un motor y tomé conciencia de que estaba dentro de un vehículo que se había puesto en marcha. Me transportaban en un acuario de reducidas dimensiones en compañía de otros de mi especie, mis compañeros de infortunio. El viaje se hizo sin sobresaltos hasta la ciudad estadounidense de Baltimore.
Provisoriamente, estuve en esta ciudad durante un lapso de seis meses en un acuario de la misma. El público estadounidense, sobre todo para aquéllos para quienes yo era algo novedoso, me observaba con suma curiosidad y ponían especial interés en observar mi comportamiento.
Desde la pequeñes de mis áureos ojos, les transmití un mensaje de amargura y de tristeza indifitas. Esto era también una denuncia de mi deplorable situación. No tenía conciencia de la marcha del tiempo que era para mí un eterno presente de intenso dolor.
Al cabo de seis meses, llegaron al acuario dos hombres provenientes de París que acordaron con el dueño comprarnos a mis compañeros y a mí. La sustitución de propietarios me dejó completamente indiferente ya que no introducía ningún cambio en mi triste situación. En un camión realizamos el trayecto entre Baltimore y Nueva York ya que debíamos embarcar allí hacia Francia. Una vez que arribamos al puerto de la gran urbe, pude observar una estatua que sintetizaba odas mis ansias y anhelos: la Estatua de la Libertad. Éste es el bien más preciado que puede tener un ser viviente y del cual había sido despojado.
El viaje por el Atlántico largo y monótono fue con la resignación de un ser sin esperanzas. Arribamos, finalmente, al puerto de Marsella. Ya estábamos en tierra francesa. Nos quedaba cubrir el trayecto en tren hasta París y llegamos a la meta tan ansiada por mis dueños. Estaba en la Francia del coraje revolucionario en la que se había luchado por los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad. El final del itinerario ha sido alcanzado. Estoy en el acuario de París. Un espacio restringido es el lugar donde ha de transcurrir el resto de mi existencia. Tendido en el musgo, en ocasiones me encuentro en un estado de dulce abandono y en esos momentos, mis ojos llevan inscripto el siguiente mensaje: "Hubo un pasado en que el mundo me pertenecía. Quiero que me devuelvan a ese mundo en el cual vivía en estado de naturaleza".

Texto agregado el 15-03-2017, y leído por 43 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2017-03-16 03:18:23 pensé que el axolot iba a terminar de otra manera. igual estuvo bueno. vaya_vaya_las_palabras
 
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