El mejor lugar del mundo, así llama al pecho que da descanso a su cabeza.
Más lentamente su mano sube y acaricia los pequeños senos.
El beso es inevitable, es suave y se transforma en atrevido, los labios buscan, muerden, succionan y arrancan gemidos.
No existe escapatoria, el femenino cuerpo está a merced del macho que posee, somete, moldea, apreta pero no lastima.
Los masculinos brazos demuestran su poder.
La hembra se revuelve, busca con desesperación, encuentra su tormento, da gusto a su placer.
Los cuerpos se entrelazan dando paso a la frenética danza, mezcla de furia, mezcla de urgencia, ternura y pasión.
Fuerte pecho, fuertes brazos y piernas dominan a la fémina que es toda un río de humedad, arcilla entre sus manos, esclava sometida.
Voluptuosa mujer, felina que muerde, araña, y se defiende, gime, rie, explora, abraza y se somete a sus deseos.
Más como de la guerra nace la paz, cual manso gatito se acurruca y las manos que hace un rato arañaran su espalda, son suaves palomitas que acarician por detrás.
Y el macho poseedor va buscando nuevamente...
El Mejor lugar del mundo.
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