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Receta de ensalada de tomate

El lunes por la mañana vacíe su casa de cualquier tipo de alimento, en especial de chocolate. Vaya a la frutería y compre dos hermosos tomates no demasiados maduros, la variedad no es importante. Guarde ayuno absoluto, agua sí puede tomar, hasta que empiece a soñar con comida. Con mucha probabilidad en estas primeras fases de la receta los platos soñados sean sofisticados e hipercalóricos, no se preocupe, estamos empezando. Si ha seguido los pasos correctamente a partir del quinto día tendrá dificultades para dormir y se desvelará con facilidad. Es el momento de ir a la cocina y mirar los tomates (fíjese que digo mirar y no ver). Vuelva a la cama y disfrute de la frugalidad onírica. El sábado por la noche aproveche la ampliación que el ayuno ha producido en sus sentidos y pase la noche con sus dos tomates. Póngales nombre si quiere, los nombres con el sonido Ch además de graciosos le van muy bien a los tomates. Puede bañarlos, acariciarlos y olerlos, pero bajo ningún concepto los bese sobre todo si es la primera vez que prepara la receta. El domingo por la mañana, nunca antes de las doce ni después de la una, llame a un amigo e invítele a comer. Si no tiene amigos también puede servir cualquier familiar. Ponga cada tomate en un plato, redondo es preferible. Dúchese, que lo cortés no quita lo valiente, y espere a que suene el timbre. Durante la degustación del plato la etiqueta recomienda taparse el rostro con delicadeza para ocultar las más que previsibles lágrimas. No niego que sea una receta laboriosa, pero ninguna otra preparación del tomate produce este éxtasis teresiano ni respeta tanto el producto, además le aseguro que nunca causará indiferencia entre sus comensales.


Texto de larsencito agregado el 24-04-2017.
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